Entrevista a Juan Cadenas Luna: el policía local que perdió un ojo realizando su trabajo y que solo quiere que se haga justicia

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“Sentí la furia y la sed de venganza, él gritó al abalanzarse sobre mi pero ya era tarde para desenfundar y disparar.

El cristal se hundió en mi ojo izquierdo, la punzada de dolor intensa apenas me dejaba respirar, mi cara encharcada de sangre, podía sentir como lo movía de un lado a otro provocando en mi cuerpo ceguera, desconcierto, un chirriar entre el cristal y el hueso que retumbaba en mis oídos, apretaba sus manos con las mías intentando apartarlo de mí, rajó mi rostro mientras me desangraba, la vida se me escapaba tirado en el suelo en aquel tumulto a la entrada de la comisaría.

Una pelea a la entrada de una comisaría, una pelea con un clan gitano, una comisaría de un pueblo que no tenía la seguridad mínima pero mientras que no pasa nada … nada se hace y cuando ocurren desgracias todos se quieren lavar las manos.

El miedo al disparo, el miedo a desenfundar el arma que puede salvaros la vida, el de ahora estoy aquí o mañana bajo la tumba, ya no vale el “ buenismo” esta claro que no todo vale que hay delincuentes que no entienden que les hables con buenas palabras, ni bajito, ni con buenos modales, que van por el mundo imponiendo sus reglas y sus costumbres por las malas y que unos se dejan haciendo la vista gorda y los que no acaban heridos.

Hablamos de que los policías locales no son policías de riesgo aun llegando los primeros a muchas intervenciones dentro de la ciudad o en los pueblos, llevan uniforme y se la juegan como muchos compañeros.

Piden prevención y más formación, a la vez de un marco claro de actuación ajustado a las leyes vigentes, no se dispara por falta de desconocimiento, del miedo que se crea en las academias de policías, miedo al verse poco apoyados por los sindicatos, por verse ante un tribunal, sancionados o en el peor de los casos entre rejas.

A veces no queda otra que disparar cuando es tu vida la que esta en serios problemas, cuando es tu vida la que corre peligro, cuando solo tienes la opción de decidir si es la tuya o la suya.

La Policía Local actualmente no es considerada profesión de riesgo cuando realizan funciones similares a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y sin embargo sufren una diferencia inadmisible en igualdad de trato y protección laboral.

La pregunta es: ¿Hasta cuando? ¿Cuántas agresiones más deben sufrir los policías locales para estar al mismo nivel que los demás?”

Hoy hablamos con Juan Cadenas Luna, policía local de Puerto Serrano en Cádiz, quien nos cuenta su batalla legal tras sufrir en 2015 una terrible agresión en la que perdió un ojo y por muy poco su vida, cuando “Los Cachimbas” asaltaron la Jefatura de la Policía Local.

¿Quién es usted y de qué trabajaba?

Me llamo Juan Cadenas Luna. En octubre de 2010 aprobé como policía local en la localidad de Puerto Serrano (Cádiz). No era mi primer trabajo en el ámbito de la seguridad, ya que durante 2 años trabajé como vigilante.

¿Qué pasó la noche del 17 de Enero del 2015 para que el clan gitano “Los Cachimna” atacaran la jefatura de policía?, ¿Cuál fue el motivo y la revuelta que produjo la brutal agresión?

Lo que comenzó como una detención rutinaria por atentado y por delito contra la seguridad vial, se convirtió en un asalto a la jefatura donde nos encontrábamos junto a los detenidos, con el propósito de la liberación de éstos por parte de familiares.

Tras una larga persecución, logramos detener y trasladar a jefatura, al menor de los hermanos cachimba, Jorge. Una detención con mucha resistencia por su parte, donde se llegó a atentar con los agentes actuantes.

Pero lo que parecía una detención más, con el estrés conocido por mi persona que comporta estas situaciones, todo dio un giro inesperado que casi me cuesta la vida.

¿Por qué se permite que estos clanes tomen tanto poder en localidades tan pequeñas?, he visto por internet que han seguido teniendo problemas con la justicia, es como si fuera lo más normal, lo habitual que la policía local sufra estas represalias una y otra vez, como si fueran reinos sin ley, y a ninguna administración parece preocuparle.

Estas situaciones no sólo se dan en pequeñas localidades, prácticamente se extiende por todo el territorio nacional. Simplemente es el sentimiento de impunidad de los delincuentes y pérdida del sentido de autoridad de los agentes, provocado por la lenta e ineficaz acción de la justicia. No es normal que una persona con 20 detenciones o más, siga en libertad, y es algo muy habitual.

El delincuente no teme las consecuencias que pueden acarrear sus actos. Es más, gran parte de éstos, disfrutan de beneficios económicos con el reconocimiento de pensiones de incapacidad que, mayoritariamente, se basan en problemas de drogadicción y supuestos problemas mentales. Un despropósito y una  injusticia para las personas honradas y trabajadoras de este país.

¿Cuántos policías locales formaban la plantilla de Puerto Serrano en el 2015? ¿Por qué el Ayuntamiento de entonces no defendió la intervención ni le apoyó a usted en su batalla legal contra el clan gitano?

Éramos doce agentes en 2015. Ese comportamiento aún no lo entiendo. Esa pregunta creo debe responderla la persona que se encontraba al frente del Consistorio en esos momentos.

¿Cómo se desarrolló todo el proceso penal?, una agresión donde usted perdió el ojo izquierdo tras ser atacado a sangre fría con un punzón de cristal en la cara y en el cielo de la boca que lo llevo al borde de la muerte.
Un infierno mental. Impotencia, ansiedad, dolor, asco.

La mente es, al mismo tiempo, lo más maravilloso y peligroso que posee el ser humano. Capaz de iluminarse fuertemente o de enterrarte en la más profunda oscuridad.

El proceso judicial fue lento y doloroso. Pero al mismo tiempo me dio la oportunidad de aprender y de reforzarme como persona. Ahora mismo, tras ese proceso, me considero una persona más dura y mejor preparada para afrontar la vida y los desafíos que ésta me ponga.

La justicia en España necesita de una modernización y de más personal para agilizar los procedimientos. No se puede entender que en pleno siglo XXI sigamos viendo cajas y cajas de expedientes, y la enorme carga de trabajo que tiene el personal en justicia.

¿La policía local no es una profesión de riesgo?, o no lo es mientras no sucedan desgracias como la suya. ¿Tienen que ocurrir cosas de este estilo para que sindicatos, ayuntamientos, o quién tenga el poder para hacer cambiar las leyes, tomen de una vez por todas la decisión de incluir a los policías locales dentro de las profesiones de riesgo?

Lo que tienen que ocurrir es que los policías locales de toda España den un golpe encima de la mesa. Nadie va a cambiar esta situación, porque nadie sangra ni llorar como el policía local que sufre una desgracia.

La normativa policial, como por ejemplo la Ley Orgánica 2/86 de Fuerzas y Cuerpos de seguridad, es una ley desfasada por completo. Según esa Ley, los policías locales sólo estamos para regular el tráfico y poco más, cuando la realidad es que la policía local, y más aún en pequeñas localidades, es casi siempre la primer interviniente.

Para muestra un botón. Yo como policía local he intervenido en reyertas, suicidios, malos tratos, delitos contra el patrimonio, tentativas de homicidio con armas de fuego, incendios, asistencia sanitaria, inundaciones,… COMO PRIMER INTERVINIENTE. En muchos casos, la patrulla interviniente del Cuerpo de Seguridad Estatal (en este caso Guardia Civil) se ha personado en el lugar de los hechos casi una hora después del requerimiento (sobretodo si el hecho se dio en fines de semana).

Aunque esto no gustará a algunos, la seguridad (entendiéndose ésta como reyertas, robos, hurtos, malos tratos, agresiones,… ) sobretodo en las pequeñas localidades, se basa en la policía local. Y esto es así, aunque la legislación y las estadísticas digan lo contrario, simplemente porque el tiempo de respuesta de una patrulla que se encuentra en la localidad siempre será menor que el de otra que se encuentra a 40 kilómetros. Y no es que los policías locales seamos los mejores, al contrario tenemos mucho por mejorar, sino que simplemente estamos más cerca del requerimiento en cuestión.

Si los policías locales de toda España realmente se dedicarán sólo y exclusivamente a tráfico, se vería la realidad de la seguridad en las calles de España.

¿Por qué no disparó el arma contra su agresor? ¿No le dio tiempo? ¿Fue por miedo a represalias?, esas que se les enseña a fuego dentro de la academia de no disparar bajo ningún concepto. Y viendo lo que le ocurrió, ¿Podría haber sido en legítima defensa? ¿Sigue existiendo el miedo a las intervenciones armadas?

No disparé por muchos motivos. Primero, infravaloré al agresor y al arma que portaba. En mi mente, me hice la idea de que vendría, ya que sabía que venía con bastante antelación por parte de uno de los detenidos que nos dijo que Pedro venía a la jefatura, con otro tipo de arma, un cuchillo o incluido un arma de fuego. Por ello, cuando supone que estaba golpeando la puerta me encontraba preparado con el arma en la mano y con la idea de que, probablemente, tendría que usarla. Pero cuando éste apareció en hizo caso omiso al sonido de la corredera que acción, como medida disuasoria, que según en la academia funcionaría en estos casos, vi que en su mano lo que portaba era un trozo de cristal.

Se dio la coincidencia que una semana antes, detuvimos a un tío de los cachimba que nos amenazaba con un botellín de cristal roto.

“Pedro era un delincuente conocido. Infravaloré al agresor y al arma”

Además de eso, no tenía la formación para afrontar esa intervención ya que los resultados de estas son inaceptables para un agente de policía. Perdí un ojo y casi me cortan la yugular. Yo tenía claro que ante el ataque con un cuchillo o un arma de fuego era proporcional que yo disparara, pero nadie me dijo que ante un arma circunstancial también.

La legítima defensa se habría obtenido siempre y cuando se hubiera podido demostrar que mi vida o mi integridad física corría peligro. Esa fue otra duda que me impidió disparar porque si disparas a un atacante que lleva un cuchillo, el cuchillo puede caer desde 30 metros que seguiría configurándose físicamente como un arma ¿pero qué ocurre si lo que cae es un trozo de cristal o un trozo de azulejo? Sobre el papel es lo mismo que te ataquen con un arma u otro, pero en la realidad es más fácil disparar a un ataque que porta un Kalashnikov que el que porta un ladrillo.

Siempre digo que me tocó uno de los supuestos prácticos más difíciles, haciendo una comparativa con mi época de opositor, y, sí, creo que los policías tienen miedo a disparar, pero creo que ese miedo podría mitigarse con una mejor formación en tiro, penal y procesal.

¿Cuándo ha terminado su proceso judicial contra el Clan de los Cachimba y qué ha pasado con ellos? ¿Cuántos juicios ha tenido y cómo ha cambiado su vida a lo largo de todo este tiempo? ¿Ha llegado a un acuerdo con el Ayuntamiento por el incumpliento de la ley de prevención de riesgos laborales? ¿Cómo esta usted moralmente?, ¿Está completamente incapacitado para no poder realizar otras funciones como policía local, quizás si cómo administrativo o recogiendo denuncias, quién decidió que usted no estaba cualificado para seguir como funcionario?

El proceso penal fue el que menos estrés me causó. Contra mis homicidas fue relativamente rápido, en 2017 se celebró el juicio con sendas condenas a todos los integrantes del clan.

El calvario lo sufrí contra la Administración. Tuve que pleitar contra el Ayuntamiento, la inspección de trabajo, la mutua, el INSS… Eso se alargó 6 años y dando gracias porque todo terminó en primera instancia, lo cual indica que podría haber durado muchísimo más.

Una parte de usted murió esa noche del 17 de Enero del 2015 por estar en “Primera Línea” como se suele decir, ¿Creé que merece la pena para otros policías locales, “que están ahí dándolo todo” porque su vocación así se lo pide, o es más fácil ponerse las “gafas de madera” y mirar para otro lado? ¿Por qué estuvo cobrando el 55% de su pensión y su agresor el 100%, creé que la justicia funciona?

Porque los policías locales estamos dentro del régimen general de la seguridad social y eso nos expone a esta situación. Un policías locales cuando sufre un accidente laboral, enfermedad profesional… pasa por un tribunal médico que evalúa sus limitaciones para desempeñar su puesto de trabajo y otros.

Si no puedes seguir siendo policía pero ellos dictan que puedes dedicarte a otra cosa, pues te reconocen una incapacidad permanente total que, en términos económicos supone cobrar el 55% de la base reguladora que tenías como policía (a ese 55% hay que descontar el IRPF que se aplique).

En el caso de los delincuentes, como he dicho anteriormente, su historial delictivo ayuda a corroborar su supuesta enfermedad mental, y esto unido a su drogodependencia, da a entender al mismo tribunal médico que estas personas no pueden desempeñar ningún puesto de trabajo de forma eficaz.

En resumen, una persona drogodependiente tiene menos facultades para desempeñar un puesto de trabajo, que una persona en silla de ruedas, o en mi caso sin un ojo y con estrés postraumático crónico.

¿Cómo ve su futuro ahora, a qué se va a dedicar? ¿Hará algo por la policía local o cerrará ese capítulo de su vida para siempre?

Mi futuro es vivir. Y vivir significa disfrutar de mis hijos, de mi familia, disfrutar de un viaje, del campo, la playa. Disfrutar leyendo libros de historia de España, de Roma,…

Por la policía local daría mi vida, si fuera necesario, pero si puedo aportar mi grano de arena para que un compañero salve la suya, lo haré. Por ello he viajado a muchos puntos de España para decirle a los compañeros que deben defender su vida, porque lo más importante es volver a casa después del turno.

“Gracias a @cops_ayudar_proteger por la ayuda recibida para sacar adelante esta gran entrevista”.

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