Casilda, el amor de mi vida… Sánchez y yo

Columna de Manuel Avilés, escritor y director de prisiones jubilado, para h50 Digital

1
Comparte ese artículo

Andábamos, Casilda y yo, como ovejas sin pastor, nos dimos una vuelta en la moto y fuimos a aterrizar en una terraza en la que había buen café y napolitanas de chocolate. Casi  – yo entiendo sus ladridos aunque nunca ha ladrado y ahora a la vejez le ha dado por hacerlo- pidió tres lonchas de jamón de york y se las hincó en un abrir y cerrar de ojos.

El amor de  mi vida me ha dejado definitivamente. Eso es un palo que, difícilmente se cura  con cafés y napolitanas de chocolate. “Era la hora de huir y se fue sin decir: llámame un día. Desde el balcón la vi perderse…y la vida siguió, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido. Una vez me contó, un amigo común, que la vio donde habita el olvido”. Este cabrón de Sabina me retrata. Somos casi gemelos, claro…como es andaluz y estudio en Granada…

Acabo el café deseando que me parta un rayo y maldigo al que, después de mil ruegos, no me hace caso: ¡Señor, llévame pronto!  No existe ese Señor, murió en Palestina hace dos mil años.

Veo enfrente un contenedor de papel y cartón y la vista – lo único que me funciona bien, todo lo demás fatal-, hace que se dispare una alerta. Entre los cartones veo un color verde pistacho y la imagen de una mujer joven. ¡Es ella! Ella es una gran creadora. Aun vive donde habita el olvido, la recuerdo cada día mil veces. Es imposible borrar de la memoria sus cuerpo de seda, sus curvas de sacrilegio y su besos que eran terapia infalible para cualquier mal.

¿Quién ha tirado este libro? Lo abro al azar y recuerdo todas y cada una de las frases escritas que me acercan a ella, a su respiración en mi oído, a su olor, a los latidos de su corazón. El mío se encoge cuando leo y Casilda se me acurruca porque ella es sabia y en cada momento – pasota y anarquista como es- sabe donde estar con su apoyo gigantesco aunque es pequeña.

No piensan en las consecuencias de sus actos, en los problemas que sus decisiones podían traerles, en que una mala decisión puede destrozar toda una vida en un segundo. La línea entre lo que está bien y está mal es un hilo delgado…”

Parece que fue ayer. ¿Fue ayer? Y se fue sin decir llámame un día.

Vuelvo al bar. El café no me basta. No es hora de andar con alcohol duro. No soy Hemingway ni Bukowski, aunque si la cogiera ahora me gustaría entrar en harina con sus piernas inigualables…interminables… de terciopelo. Su espalda tersa como de gimnasio de pago. Su vientre plano como contrapartida a sus curvas de sacrilegio sin perdón, porque es imposible el arrepentimiento y el propósito de enmienda después de probarla solo pienso en reincidir. Condenado por fuerza al infierno eterno.

La realidad se impone. Hace frío. Bueno…eso que llaman aquí  “frescoreta”. Me largo de la terraza, paso al interior del garito y me sorprende el informativo, ese que da noticias todo el día y repite lo mismo mil veces.

Sin que ella desaparezca porque – como dice mi amigo Eslava Galán- la tengo grabada con un punzón en el rabillo del ojo, se impone la voz de Sánchez que critica la actuación de Netanyahu, masacrando la franja de Gaza como un auténtico criminal de guerra. Es curioso. Se critica a los rusos en Ucrania porque atacan a los civiles – ya saben, en la guerra mueren jóvenes, que no se conocen ni se odian, porque la organizan viejos que se conocen y se odian pero no se matan- pero nadie se atreve con los israelíes porque llevan casi cien años cumpliendo el papel que las potencias occidentales les asignaron cuando el llamado movimiento sionista comenzó a coger fuerza. Son la cuña americana en medio del mundo islámico.

¿Quieren que se lo cuente un poco por encima? Venga me voy a tira el farol aunque en mi próximo libro  – que va a salir a primeros de marzo, de modo que ya pueden estar al loro: 357 Magnum. Por ti me juego la salvación- cuento un poco esta película porque el protagonista, que pierde la cabeza y más cosas por culpa de una médico cardióloga, se dedica profesionalmente, como funcionario de interior, al terrorismo yihadista. Ya saben, la cabra tira al monte irremediablemente.

Los judíos son un pueblo semítico  – de Sem, uno de los hijos de Noe, un mito como tantos otros de la formación de los pueblos. Echen mano de los mitos de Túbal que dicen que era un  nieto de Noé que apareció por las montañas vascas y dio origen a Arzallus,  a Ortuzar, a Otegui, a Josu Ternera, al Carnicero de Mondragón,   a Txiquierdi… a Kubati no, que es manchego y a los Troitiños tampoco que son gallegos-. Un pueblo semítico como tantos otros de oriente medio donde nacieron tantas religiones.

Tiene muchos cojones que sean ellos “el pueblo elegido”. Ese Dios suyo se cargó el principio de igualdad, como Sánchez,  eligiéndolos a ellos y dejando tirados a los demás. Lean el Antiguo Testamento y verán injusticias a porrillo.

Los judíos, pueblo preferido de Dios y cabezota y creído por eso mismo, han sido perseguidos a lo largo de la historia por una idea extendida: los judíos mataron a Jesús. Los pogromos contra ellos  – los reyes católicos, los rusos, los hitlerianos…. por no retrotraernos hasta Nabucodonosor- han sido sonados a lo largo de la historia. Es común que las víctimas se conviertan en victimarios y que los que son aplastados, masacrados y asesinados, observen idéntica conducta con quienes son sus contrarios.

A finales del siglo XIX tuvo lugar el llamado caso Dreyfuss, un capitán francés, judío, fue condenado injustamente  – como alguna condena que he visto yo hace poco que no hay que irse tan lejos porque ni el Papa ni la Justicia son infalibles-. Hasta Emilio Zola publicó un articulo en prensa titulado “Yo acuso”. La causa fue revisada y el capitán, ya condenado y cumpliendo  condena en la Guayana francesa, donde Papillón, fue rehabilitado. Casi todos fijan este episodio como el del nacimiento del sionismo. O sea, el movimiento de vuelta a Sion símbolo de la Jerusalén celestial.

Se deshace el imperio otomano y las potencias occidentales  – americanos, ingleses, franceses- reparten los territorios. Vean cómo esos países tienen las fronteras trazadas con tiralíneas. Tiene lugar el holocausto hitleriano y, la pena  y el remordimiento que generan  los judíos masacrados en los hornos crematorios y en los campos de concentración, hace que esas mismas potencias hablen de un estado para ellos donde vivan felices y tranquilos. Claro esa tierra era Palestina. Hay un libro  “Sin piedad y sin esperanza”, que describe el problema muy brevemente: el problema es que ambos, judíos y palestinos, dicen que Dios ha dicho que esa tierra ese suya. Por eso la guerra dura ya cuatro mil años porque los palestinos son los filisteos de entonces, los de David y Goliat, fíjense lo que son los mitos creadores de los pueblos. Ya lo decía el etarra Peixoto: para crear un pueblo se necesitan años y sangre.

Los judíos toman posesión de su estado. Compran tierras y aquel desierto se llena de colonos, de cultivos, de aprovechamiento del agua y de problemas porque los judíos – he estado allí, dando vueltas para conocerlo de primera mano, no en visita piadosa con ningún párroco- estrangulan a los palestinos con muros de siete metros que cortan el territorio y las comunicaciones y con check point de control que imposibilitan que una mujer embarazada, por ejemplo, de a luz a medianoche porque el muro le impide viajar. Todo tiene su parte contraria. Unos llaman terroristas a los otros y los otros a los unos.  Jamás he visto a un terrorista que se considere tal. Todos son luchadores por un ideal y por una causa justa, aunque su guerra sea siempre asimétrica ante un enemigo más potente. No justifico el ataque bestial de Hamás  – yo cene una noche navideña con gente de Hamás en Jenin, pueblo muy machacado por Netanyahu-, pensé que nos secuestrarían, y se comportaron de manera más que hospitalaria, compartiendo lo que no tenían. Censuro los actos terroristas de Hamás y censuro la respuesta terrorista de Israel.

Por todo ello, como dice mi amigo abogado – no daré su nombre para no ponerlo en un compromiso- aunque muchos piensen que Sánchez es un “desfachatado inverecundo” al que hay que sacar de lo público, aunque yo no comulgue con su amnistía, ni con la manera que ha tenido de cargarse el principio de igualdad, lo que es igual a cargarse el Estado de Derecho, aunque no lo vaya a volver a votar jamás, estoy de acuerdo con que haya ido a Israel, a la franja de Gaza, a Cisjordania… y haya censurado los ataques a civiles, la muerte de niños y de personas desvalidas a las que la guerra – no son mandatarios, no son fabricantes ni traficantes de armas- solo les aporta sufrimiento. Netanyahu tiene que ir al Tribunal Penal internacional  como todos los genocidas terroristas, como muchos islamistas, que yo no saco a nadie del saco del terror.

prisiones, putas y pistolas
Manuel Avilés

1 COMENTARIO

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí