Aquellos maravillosos tiempos

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Carta abierta:

Para el que no me conoce me llamo Francisco Javier Fernández Hernández, “Javi”, Vocal del Consejo para la Asociación Independientes de la Guardia Civil.

Llevo más de una década en esta Asociación, nunca he pertenecido a ninguna otra, por lo tanto, no he conocido los mecanismos de las otras, solo los de la Asociación que he defendido hasta el día de hoy, por lo que explicaré de forma breve los motivos de mi marcha.

En los inicios de IGC, cuando no éramos representativos éramos una auténtica familia, sin rivalidad, sin peleas, todo funcionaba a la perfección. Me presenté a Vocal del Consejo cuando nadie quiso hacerlo, y fui “cabeza de lista” cuando nadie imaginaba que pudiésemos obtener un Vocal ¡que buenos recuerdos me traen aquellas Juntas de antaño en restaurantes, locales, sótanos!, cuando únicamente lo importante era reunir, en el lugar que fuera, a un grupo de personas que costeaban de su bolsillo esos largos desplazamientos y que jamás recuperarán el tiempo perdido, pero claro, por aquél entonces solo había un objetivo: situar en lo más alto una Asociación recién nacida. Y era tal la ilusión que teníamos, que ni tan siquiera nos quedaba tiempo para para pensar en intereses personales, qué tiempos…

En mi humilde opinión, el ser representativos fue, a la misma vez, un propósito y un despropósito, por ser el momento en que se perdió cualquier atisbo de independencia y de desinterés personal, y comenzó a convertirse en lo que es ahora: una Asociación sin representación en el Consejo de la Guardia Civil donde, en mi opinión y la experiencia obtenida en estos casi 14 años, priman los intereses personales de sus gestores en detrimento de los particulares de los asociados, quienes sí que son el auténtico sustento de la Asociación.

Y lo digo así; alto y claro. Hace 14 años era impensable que un socio (ya ni tan si quiera el Vocal del Consejo de la Guardia Civil) pidiera observar las cuentas de la Asociación y la respuesta fuera que te desplazaras a verlas a un pueblo de Galicia, era impensable que en una Asamblea General pidieses información sobre determinados gastos y te dijesen que te desplaces a una Gestoría para poder verlas, era impensable solicitar mediante escrito la justificación de una serie de gastos y que no te contesten, era impensable que pidieras la publicación de los días asociativos de los que disfrutan los miembros de la Asociación (por aquello de la proporcionalidad), y también hubiera trabas, era impensable preguntar porque hay 3 revistas de IGC cuando se podían unificar todas en una, en definitiva, en aquéllos tiempos era impensable que llegara un día en que, cuando solicitaras a tu Asociación documentos para seguir haciendo gala de la transparencia con la que se fundó, te convirtieras en un estorbo, ya inservible para algunos, cumpliéndose la triste premisa popular de APARTA o TE APARTAMOS por la incomodidad que mi petición , -supongo- ha debido crear a determinadas personas.

Es también muy triste que, siendo miembro de la Junta Nacional, te enteres por personas ajenas a la misma que, un ex responsable del servicio jurídico de IGC, de una zona de España, de cuyo nombre no me quiero acordar, ha judicializado una presunta falsificación de la póliza aseguradora del año 2018, en relación con el derecho a la libre elección de Letrado del que gozan los socios con una supuesta libre elección de abogado hasta 1500 euros ,la cual solo cubría hasta 500 euros, y si te sigues informando, descubres que la persona que ha contratado ese seguro es un representante de IGC propietario de una correduría de seguros carente de la compatibilidad en el momento de la contratación, y es cuando te preguntas, -después de mucho investigar- ¿se ha personado la Asociación IGC para defender los intereses de todos sus socios en el procedimiento judicial abierto al efecto y perseguir al presunto delincuente? Mi respuesta es que YO si lo hice a título personal como han hecho otros compañeros que ya no pertenecen a IGC.

No puedo irme sin recordar también, la etapa de “aquellos tiempos” en que las Asambleas se celebraban en Madrid, para favorecer el desplazamiento masivo de representantes, con la única excepción de la realización en una ocasión en Santiago de Compostela, otra en Valencia, y otra en la Sede nacional, de donde ahora, -parece-, no quieren o no pueden salir,

Continúo recordando y no puedo dejar de pensar en aquellos maravillosos tiempos en los que solo concurría una candidatura a las elecciones de la Asociación, era síntoma de fuerza, rigor y unión, era síntoma de que lo verdaderamente importante era la Asociación, donde se hacía lo imposible para facilitar el derecho al voto de los Socios que, sin duda alguna, son el mayor patrimonio de la  Asociación, por lo que, como mínimo, deberían gozar del privilegio de poder, -ante unas elecciones-, votar telemáticamente (como se hizo con el famoso acuerdo de equiparación salarial) propuesta ésta que trasladé a la Junta Nacional y, como no podía ser de otra forma, ha sido desestimada. ¡Qué tiempos aquéllos en que las elecciones nacionales no se celebraban en un pueblo de Galicia con el único sistema de voto presencial! ¡Qué tiempos aquéllos en que se sufragaban los gastos de los representantes para acudir a una Asamblea en que se debatira la modificación de los Estatutos!.

Es ahora, cuando me he dado cuenta que no corren “aquellos maravillosos tiempos” en los que todo era transparente, que tus inquietudes, ruegos y preguntas, siempre recibían una respuesta efectiva y que, para cualquier problema, siempre estaba ahí la familia de IGC, he luchado contra viento y marea para defender lo que veía injusto en esta asociación y muchos compañeros que hicieron lo mismo fueron expulsados injustamente, para dejar solo a personas de su círculo que miran para otro lado, que lo único que le interesa es disfrutar de días asociativos y no recriminar las injusticias que todos sabían.

Por todo ello, en consonancia con mi conciencia y mi forma de ser –tan laureada en ocasiones y tan criticada en otras-, he decidido dejar de representar a la Asociación IGC en el Consejo de la Guardia Civil, asumiendo el rol de vocal independiente, para así seguir defendiendo los derechos de todos los Guardias Civiles, como hacía mi Asociación en “aquellos maravillosos tiempos”.

A los amigos que me llevo, decirles que siempre estaré aquí para seguir aportando mi granito de arena allá donde lo necesiten, y al resto de integrantes en general, sólo me adelanto a pedirles disculpas en lo que en algún momento les haya podido fallar, brindándole mi más fiel promesa de que jamás fue de forma intencionada, y si bajo la falsa creencia de que todos íbamos a una, y no quiero olvidarme de esos compañeros que fueron expulsados y otros que abandonaron por las presiones recibidas, que ahora forman parte de otra organización en donde reina la transparencia.

Por todo esto he decidido dejar de representar en el consejo de la Guardia Civil a IGC y quedarme como Vocal independiente, para seguir defendiendo los derechos de todos los Guardias Civiles bajo las únicas premisas de lealtad, compromiso, trabajo e independencia.

El Vocal del Consejo Independiente de la Guardia Civil.

Francisco Javier Fernández Hernández

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