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Carlos Fernández h50
La pérdida de un ojo de una manifestante a raíz de recibir un posible impacto con una bala de foam vuelve a desatar la polémica por el uso de material de antidisturbios

El encarcelamiento de Pablo Hasel ha motivado que grupos de radicales se lancen a la calle en señal de protesta en varias ciudades de España. En muchos casos, violencia disfrazada de protesta.

Tras la cuarta noche consecutiva de graves altercados entre radicales y la policía, se vuelve a poner en tela de juicio el uso de determinado material antidisturbio, utilizado por algunas unidades de policía.

Pelotas de goma y balas de foam

Los Mossos d´Esquadra tienen prohibido desde el año 2014 el uso de pelotas de goma, habiendo sido sustituidas por balas de foam. Dicha prohibición no afecta a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, que pueden seguir haciendo uso de estas.

Las pelotas de goma tienen un peso aproximado de unos 90 gramos y aunque se les llama pelotas de goma, en realidad son de caucho macizo. Tienen algo más de cinco centímetros de diámetro, y son lanzadas a una velocidad de salida de 720 kilómetros horas o lo que es lo mismo 200 metros por segundo.

El protocolo dice que hay que disparar contra las extremidades inferiores, a una distancia mínima de 50 metros y con previo rebote en el suelo, lo que hace que no sean muy precisas. Si bien, son muy útiles para poder “disuadir a suficiente distancia actos violentos.

Las balas de foam por su parte, reciben el nombre por el tipo de espuma con el que están fabricadas. Tienen 40 milímetros de diámetro, un peso aproximado de unos 220 gramos y al estar hecho de material viscoelástico su impacto queda repartido entre el proyectil y el objetivo.

Tiene forma de media pelota de golf partida a la mitad y la velocidad que puede alcanzar supera los 300 kilómetros hora.

Armas de los violentos

Visto los medios utilizados por los policías antidisturbios, podría parecer que dadas sus características son muy lesivos y desproporcionados para ser utilizados contra un grupo de personas.

Pero este tipo de material se utiliza exclusivamente cuando hay un ambiente muy hostil.

Cuando las pancartas se guardan y se sacan los pasamontañas.

Cuando los radicales superan en número a los policías y comienzan a lanzar piedras, botellas o cohetes.

Cuando rodean a los policías, llegando a golpearles con palos, patadas, puñetazos, o incluso con pinchos.

Cuando los agentes comienzan a retroceder y los manifestantes ponen todo tipo de obstáculos para provocar que se caigan y una vez en el suelo golpearles con todo tipo de objetos contundentes.

Cuando los policías llegan a temer por su vida…

Mientras que los policías siguen unos protocolos y normas, llevando su número identificativo en la espalda, los violentos, escondidos en el anonimato que proporciona una capucha y una braga, son organizados y amparados por algunos grupos y colectivos, atacando sin ningún tipo de control ni medida.

Piedras, hierros y pinchos contra pelotas de goma o balas de foam. Cientos de manifestantes contra unas pocas decenas de agentes.

Caos contra orden…

Autor: Carlos Fernández. Miembro de las FFCCS

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