Generación de futuro, ¿generación sin futuro?

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Preguntas y más preguntas, así sigo, y el caso es que como de costumbre, uno no encuentra respuesta para todas ellas. Iluso de mí, que siempre pienso que la mayoría de las cuestiones que se me presentan pueden tener una razón lógica, pero evidentemente no es así. Por suerte, para compensar mi ignorancia, cuento con un sinfín de entregados eruditos dispuestos a satisfacer mi curiosidad gustosamente.

¿Quién no consigue hoy en día respuesta a la mayoría de sus preguntas? La tecnología, o más bien internet, pone a nuestro alcance herramientas que nos conducen al “saber”, a “aprender” y por consiguiente a “compartir”. Esa cadena de transmisión, si funciona correctamente, nos ayuda a adquirir conocimientos, a estar informados y en gran medida a ser libres.

Te preguntarás:
¿Qué tiene que ver la información y el saber con la libertad?

Tiene que ver, y mucho. Una sociedad que estudia, que aprende, que se informa y que es capaz de contrastar lo anterior, es una sociedad que logra formar su propia opinión. Pensarás que eso no es complicado, que eso es algo normal y cotidiano, pero párate y observa. Sin entrar en aspectos políticos, solamente desde el punto de vista sociológico, trataré de poneros en perspectiva.

Observando cómo evolucionan socialmente nuestras generaciones más jóvenes, y la forma en la que se desenvuelven en el mundo, algo llama poderosamente la atención, y si no lo crees, párate y analiza.

Por mil razones, y teniendo cada uno las suyas, (no seré yo quien las cuestione), se vive pegado a una pantalla, a un teléfono o a un ordenador. Hasta ahí todo más o menos bien, pero en el momento en el que esas vidas abandonan lo personal y se vuelven por completo un ente digital, el ser humano pierde su identidad real.

Apariencia y maquillaje para ser tenido en cuenta en base al nuevo canon de aceptación social.

En 2021 una empresa demoscópica realizó en varios países de la Unión Europea un estudio que arrojó datos significativos sobre las preferencias de los jóvenes a la hora de relacionarse con sus semejantes. En el cuestionario debían marcar una de estas dos opciones, “Interactuar directa y personalmente o bien, mantener contacto por medio de las redes sociales”. El resultado no dejó indiferente a nadie, y mostró que la segunda opción era elegida por abrumadora mayoría. Después de la interpretación de esos datos, parece que para nuestros jóvenes ya no es tan necesario el calor de un abrazo o las risas de un grupo de amigos.

El ámbito laboral no es ajeno a estas nuevas preferencias y el teletrabajo, las reuniones por zoom, etc, conjugan con lo anterior y fomentan la no desconexión. El problema no se hace perceptible ahora, vendrá más adelante cuando ya no haya oportunidad de elegir entre una y otra preferencia.

Sociólogos de prestigio critican esta moda de aislamiento social. Se llevan las manos a la cabeza al observar la errática dirección que toma la sociedad. Queda demostrado que cuánto más te aíslas de la realidad cercana, te vuelves más influenciable. Este estado de ensimismamiento, es aprovechado por aquellos que necesitan que actúes como su marioneta. Llegará el día en el que pasarán de mensajes atractivos, y empezarán a decirte que materia tienes que estudiar, que alimento tienes que comer o en un grado mayor, con quién debes relacionarte.

Desde ciertos organismos públicos, medios de comunicación bien untados y notablemente partidistas, o incluso desde algunas redes sociales particulares entre otros, se está limitando la creación de una opinión propia. Todo ello mediante el uso indiscriminado de tácticas de desinformación y adoctrinamiento con el fin de tener una sociedad controlada, donde lo bueno sea lo que se te diga que es bueno y lo malo, sea lo que venga del que piensa diferente a ti.

Una sociedad conectada 24h, con acceso directo a lo que ocurre al momento en cualquier lugar del mundo y que se limita a no ver realmente lo que pasa a su lado, es una sociedad desvirtuada y fácilmente manipulable. Se procura poner el foco en lo lejano y no en lo que está delante de la punta de nuestra nariz. Una sociedad que se da por satisfecha con lo fácil, que prefiere vivir subvencionada en vez de luchar y echarle narices a la vida, una sociedad con una excelente capacidad de movilización cuando un “bobo” lanza un reto viral, pero que se mantiene sumisa cuando se le asfixia con mecanismos de presión social sin argumento válido. Les es mucho más sencillo montar el pollo, cuando la elegida como representante española para Eurovisión no les parece la adecuada, pero sin embargo cuando la luz, el gas o el combustible está por las nubes, meten la cabeza bajo tierra y hacen “mutis por el foro”.

Una generación que lo tiene todo, y que no es dueña ni de su sombra. El buenismo les hace pensar que con un “Tweet y un like” se soluciona todo. Es más fácil seguir un discurso bonito aunque esté vacío de contenido, que discrepar de lo políticamente correcto y marcarse uno mismo su propia ruta.

Les tocan la flauta y echan a andar, y andando sin rumbo se pierden. Su lema “Esforzarse para no hacer nada” suena pernicioso, pero lo peor es que a alguno le funciona y para colmo crea tendencia. Es una generación que prefiere que se lo den todo hecho, a levantar el culo del sofá y tomar la iniciativa.

Pero…

No es plan de ser agorero, ni meter en el mismo saco a todos. Hablo en general, pero sin generalizar, me niego a pensar que todos los jóvenes son iguales. La pasividad de la mayoría no puede hacernos caer en la trampa de creer que todo está perdido. Tenemos muy buena cantera y en ellos está puesta nuestra fe de futuro.

Vienen tiempos duros y la sociedad tendrá que hacer frente a altas exigencias si no quiere quedarse atrás. Necesitaremos jóvenes con empuje, gente que aporte y sume, se necesitan investigadores, maestros, científicos, profesionales comprometidos y sobre todo independientes. Gente con principios que no se venda al mejor postor a cambio de prestigio y poder.

No solo en ellos estará puesta la lupa, pues nosotros somos totalmente responsables de lo que les pasa ahora en el presente, y seremos medianamente responsables de lo que les ocurra en el futuro. Hoy en día nuestro cometido como sociedad debe ir enfocado a preparar una senda que en el futuro sirva como camino a aquellos que más adelante nos darán el relevo.

Esas “miguitas” que ahora les dejamos, serán pistas a seguir para lograr llegar al aprendizaje, al conocimiento, a la información, a la opinión y con suerte a su libertad.

Por una generación del futuro con mucho futuro.
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