¿Es realmete posible la conciliación de la vida laboral y familiar entre parejas de funcionarios de la Policía Nacional?

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Foto: Instagram @policianacional
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Pues depende…  y lo digo con conocimiento de causa. Hace ya casi cinco años recibí la dura noticia del diagnóstico de mi hijo, tenía TEA (Trastorno del Espectro Autista). Sentí que se desmoronaba un techo de hormigón sobre mí… desconocía absolutamente todo acerca de lo que pensaba era una enfermedad. Poco a poco, por necesidad, me fui empapando de en qué consistía el autismo y averigüé que se trataba de un trastorno neuropsiquiátrico que tenía que ver con el desarrollo del cerebro, no era una enfermedad, era una condición neuronal, una forma distinta de ver y entender el entorno.

En ese momento yo me encontraba destinado en la Comisaria Provincial de San Sebastián en turno complementario de Lunes a Viernes desplazándome los fines de semana hasta Gijón. Mi mujer también funcionaria del CNP se encargaba de todo lo relacionado con mis hijos, haciéndose cargo de llevarlos a sus actividades que en el caso del pequeño son muchas: asociación de autismo, logopedia, refuerzo escolar en un centro especializado, actividades extraescolares. Todo ello sumado a los terrores nocturnos (pesadillas con despertares muy bruscos) y otros problemas consecuencia de su condición y sin ayuda de ningún tipo hacia muy complicado la crianza de los niños que ya de por si es difícil aun siendo neurotípicos.

Aguanté cierto tiempo en mi plantilla, pero estos niños necesitan de atención constante, sobre todo y fundamentalmente en las primeras etapas de su vida, y ello me llevó a solicitar una comisión de servicios por razones humanitarias dado que mi mujer y yo, estábamos de lunes a viernes a 400 km de distancia. Para mi sorpresa, me la concedieron, con lo cual mis problemas estuvieron resueltos hasta… hasta que llegó el momento de renovarla por segunda vez. Igual que me la dieron, me la quitaron sin que hubiera absolutamente ningún cambio en el estado de salud de mi hijo… Empieza mi lucha a nivel de tribunales, primero al Superior de Justicia de Asturias… un año en que me conceden medidas cautelares, trabajando de nuevo en mi ciudad y que recibí como un regalo, pero posteriormente una jarra de agua fría con el fallo del tribunal: REGRESA A TU PLANTILLA. Ni informes de psiquiatras, psicólogos, pedagogos y demás profesionales que tratan a mi hijo, todos ellos reseñando la necesidad de que yo permaneciera en el núcleo familiar para lograr el correcto desarrollo de mi hijo y aminorar el cuadro de ansiedad de mi mujer al verse sola de nuevo, sirvieron para nada.

En la actualidad, y mientras espero la admisión a trámite en el Tribunal Supremo de mi recurso de casación, no desespero y a fin de evitar el abandono de mi familia comienzo a estudiar las distintas posibilidades que en teoría me ofrece la LO  9/2015 de Régimen de Personal de la Policía Nacional en lo que se refiere a medidas de conciliación:

  1. Flexibilización horaria de 2 horas (por la discapacidad de mi hijo)… no me vale, no estoy en mi plantilla, estoy a 400km de distancia.
  2. Derecho a ausentarme el tiempo indispensable para poder asistir a reuniones del centro educativo… no me sirve, además el tiempo indispensable es poco, viviendo a 400 km de distancia.
  3. Excedencia por cuidado de familiar/hijo menor de 12 años… esta opción sí es “simpática”, solo vale en aquellos casos en que el menor tenga una enfermedad grave (las incluidas en el RD 1148/2011 DE 29 de Julio) y curiosamente no viene recogida ninguna discapacidad. Otro matiz importante es que en caso de concesión y mientras dure la misma no podrás desempeñar actividad retribuida alguna, por lo que si se trata de una familia monoparental olvídate de ella, o comes o cuidas de tu hijo. De cualquier manera la solicito y como era de esperar me la deniegan, pero no me rindo y consigo un escrito de José Ramón Alonso, catedrático, investigador,  ex-rector de la Universidad de Salamanca y uno de los mayores expertos mundiales en TEA (entre sus numerosas publicaciones, 4 libros así lo atestiguan) para incorporar al recurso. A esta persona no la conocía de nada, pero se interesó por mi caso con el primer email que le escribí.  Pero no vale, es investigador, no médico, ya puede saber “latín” y ser una eminencia en el tema, que como no emite informes médicos y no tiene un número de colegiado no le vale al área sanitaria de la División de Personal.
  4. Reducción de jornada… hasta el 50% lo que quieras, pero… no se puede acumular. Para parejas de funcionarios que vivan separados es en la práctica inservible. Cabe la posibilidad de “negociar” con tu jefe su acumulación, pero en caso de conseguirlo, a ver quién es el atrevido que te concede la residencia a 400 km de tu centro de trabajo.
  5. Licencia por Asuntos Propios… te resuelve el problema tres meses (duración máxima) en caso de que se te conceda.
  6. El resto de permisos/licencias/excedencias… no baremas, no computa la antigüedad a efectos de trienios/derechos pasivos, obviamente no cobras… vamos que no te valen para nada.

Como veis, la conciliación es más sencilla cuando te hace menos falta, es decir conviviendo en la misma ciudad que residiendo a 400 kmen cuyo caso lo único a lo que te puedes aferrar es a solicitar una excedencia por interés particular sin baremo, sin consolidación de antigüedad, ni nada de nada… el abandono más absoluto de la DGP a aquellos funcionarios necesitados de apoyo. Eso sí, si tienes la suerte de engrosar el grupo de deportistas de elite de este Cuerpo, te darán todo tipo de facilidades: comisión de servicio donde desees, días de ausencia para entrenar, permisos de toda clase y el puesto de trabajo que mejor se adapte a ti para que te puedas concentrar en entrenar. Cada vez más siento que sólo soy un número: el 101.107.

Un artículo de Luis Vidal Sabugo para h50 Digital

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