El Partido Socialista no existe

Columna de Manuel Avilés*, director de prisiones jubilado y escritor, para h50 Digital Policial

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Ni sé el número de veces que los he votado desde 1982, en octubre, cuando ganaron Felipe y Guerra, cuando se asomaron victoriosos al balcón del Hotel Palace para celebrar su victoria y cuando Alfonso Guerra dijo aquello de “ a España no la va a conocer ni la madre que la parió”. Los he votado muchas veces. Luego tras el fiasco del 15-M, creí que “el Coletas”, señor Iglesias, era un nuevo aire en la política. Creí que realmente iba a trabajar por  continuar modernizando el país y lo voté tres veces. Para mi desgracia y decepción – solo parecida al abandono del amor de mi vida- vi cómo los de izquierdas, los rojos, rojísimos que no habían peleado contra Franco por la edad, que no habían corrido delante de los grises, ni habían tenido a miembros de la brigada político y social espiando  en sus aulas, aquellos rojos rojísimos, hacían verdad las profecías de George Orwell, que todos creíamos imaginaciones calenturientas. “La rebelión en la granja” se hizo carne. Dejaron los pisos de Vallecas y se agenciaron chaletazos  con la calle cortada para que los vecinos no molestaran  – y lo digo yo que he tenido escolta varios años y que pedí por escrito a Margarita Robles que me la quitaran corriendo con el riesgo que esa decisión pudiera conllevar-. Dejaron de vestirse en las boutiques del mercadillo de Benalúa o de Babel – yo sigo vistiéndome ahí- y pasaron a los modelos exclusivos, a integrar de lleno la “beautiful people” – solo hay que revisar las hemerotecas y ver los modelitos de pañuelo palestino  – yo tengo un pañuelo de esos comprado en Hebrón entre tanques judíos incordiando- de aquel mayo que creíamos francés del 68. Un fiasco como lo fue Daniel  Cohn Bendit, aquel Dani  El Rojo, que devino en burgués vago y adocenado. No los votaré más y ahora ando huérfano porque no tengo a quien dar mi papeleta . La suerte – si es que se le puede llamar así- es que faltan cuatro años para las próximas elecciones y, tal vez yo no llegue, si el señor oye mis súplicas y me lleva pronto.

Ando huérfano porque el Partido Socialista Obrero Español no existe. Recuerdo cuando echaron a Sánchez y el tío, con su Peugeot 405, recorrió España puerta a puerta. Los socialistas del pesebre de entonces decían: este tío está muerto. En el PSOE matamos como  nadie. Y yo decía: este tío tiene madera  – vean su manuela de resistencia que, según algunos se lo han escrito- . Y ahí lo tenemos.

Siempre he dicho que hay que fundar el menor número de cosas posibles. Tú fundas una asociación para promocionar la cría del jilguero del Vinalopó y, cuando crees que lo tienes todo hecho y floreciente, te dan una puñalada por la espalda y te manda a tomar por donde amargan los pepinos. Acordaos de Vicente González Lizondo, que fundó Unión Valenciana y terminaron expulsándolo.

Ese es el caso. Sánchez es un Maquiavelo pero supera al político florentino y para mi, maquiavélico no es un adjetivo peyorativo. Sánchez es Maquiavelo en el sentido más profundo de “El príncipe”, la obra  clave e inmortal de Don Nicolás de Bernardo. Maquiavélico en el sentido de ser capaz de obtener el poder y conservarlo contra viento y marea.

Don Nicolás, padre de la ciencia política moderna, maestro de líderes, reyes, papas, presidentes y todo lo que huela a poder afirmó con solemnidad: “Hay que hacer ver a los hombres que no te ofenden si te dicen la verdad, pero si todo el mundo puede decírtela eso es una falta de respeto”. Esto lo tradujo al lenguaje del pueblo Guerra cuando dijo: El que se mueve no sale en la foto. Y todos los políticos de derechas e izquierdas desde Sánchez a Feijoy y desde Iglesias y Montero a Yolanda, lo ponen en práctica cada día.

Sánchez tiene a sus asesores y a sus Juntas conjuntas, comités federales y consejos ministeriales de adorno, para cubrir el expediente. ¿Por qué? Porque el Partido Socialista no existe, se ha convertido, lo ha convertido Sánchez que es un tipo inteligente, ambicioso y con fortísima personalidad, en un club de palmeros suyos. No hay crñitica, no hay oposición interna, no hay discusión. El partido se ha convertido en una agencia de colocación de fervorosos seguidores cuya actividad más destacada es apaludir al líder que es quien te pone y te quita. Tiene, como los antiguos Césares romanos, como los dueños de los esclavos, el “ius vitae et necis”. Estás en sus manos y dependes de él. Sólo ha habido una voz discordante, García Page. Vamos a fijarnos en él, a ver qué pasa.

¿Hay que cambiar el Código Penal creando una ley  “ad hoc” que es la más injusta de la leyes?  Pues se cambia y se pone al gusto  del catalán de turno que es el que tiene los catorce votos que me hacen falta. Sánchez habría demostrado su grandeza diciendo no y convocando elecciones, que habría ganado explicando esa historia, pero ha preferido el camino más corto y más fácil. Ha disfrazado de interés nacional y de reencuentro con los catalanes – y los vascos van detrás- lo que no es sino una bajada de pantalones monumental.

¿Hay que cargarse el principio de igualdad, que en este país no existe y cuando quieran les doy unos cuantos datos con nombres y apellidos? Pues nos lo cargamos y la ley se aplica según a quien y según cómo. Cortar una autopista con barricadas y neumáticos ardiendo es delito en Alicante o en Badajoz, en Cáceres y en León, pero no en Cataluña donde es un ejercicio de democracia. Alucino por un tubo que dicen los chavales.

¿Y el rey? Ahí lo tenemos, intentando mantenerse el hombre como buenamente puede – la chiquilla es una monada y un encanto que hasta ha pedido, humildemente,  que confiemos en ella-. He visto de pasada  – fui Juancarlista después del 23-F, pero tras mucho ver y mucho reflexionar volví a mi ser republicano-  la jura de la Constitución de Leonor. Un teatro. Mientras se les llena a todos la boca con la Constitución, tenemos a los aún llamados socialistas vulnerándola en Waterloo con uno y otro y otro viaje, arrodillados ante un delincuente que va a ser amnistiado porque el principio de Igualdad no existe y ahora me podéis procesar, expropiarme, meterme en la cárcel  o fusilarme directamente porque eso lo único que hará es afianzar mis tesis: se han cargado el Estado de Derecho y el Partido Socialista no existe.

Manuel Avilés

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