El garito más cutre de la ciudad: fritanga y maría

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Columna de Ricardo Magaz en h50 Digital Policial. “CRÓNICAS DEL NUEVE PARABELLUM”.

En ocasiones voy a comer al garito más cutre de la ciudad. No tiene pérdida. Los vahos a fritanga y maría se advierten desde la calle. Por seis euros te metes en el cuerpo un almuerzo cuartelero rodeado de ex convictos y sospechosos a perpetuidad. También hay parroquianos con pinta honesta que no están pasando por sus mejores momentos. Se nota en sus miradas ausentes y en ese andar tardo de quien arrastra las penas del desarraigo o la desdicha. A la mayoría de clientes, salvo unos pocos, no conviene darles la espalda ni motivos para la controversia.

“CERCA DEL BAR CUTRE HAY RESTAURANTES PULCROS DONDE COMES SIN PROBLEMA UN MENÚ DECENTE POR 15 EUROS…”

La última vez que estuve allí, antes de la pandemia, apareció la Nacional a pedir el DNI. Había un tipo reclamado y los polis se lo llevaron del brazo. Al cabo, la camarera se enzarzó con un buscavidas que le quería escamotear la cuenta. La paz llegó al bar cuando el encargado pegó tres bufidos que sonaron a ultimátum.

Cerca del local cutre hay restaurantes pulcros donde comes sin problema un menú decente por 15 euros, incluido un poleo menta. Te atienden camareros amables y puedes dejar colgada la chaqueta en el perchero. Pese a ello, cuando vuelvo a ese barrio sigo entrando en el que probablemente sea el garito más cutre y deprimente de toda la ciudad. Sentir el infortunio ajeno es un ejercicio conveniente para no separar los pies del suelo. No hay árbol que el viento no haya sacudido. La vida.

(*) Ricardo Magaz es profesor de Fenomenología Criminal en la UNED, ensayista y miembro de la Policía Nacional (sgda/ac)

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