Curiosos casos concretos de delincuencia en Madrid registrados en febrero de 1826

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  1. Introducción 

La fuente utilizada para realizar el presente trabajo es los partes diarios de incidencias dados por los Comisarios de Cuartel de Madrid durante el mes de febrero de 1826. La Policía de Fernando VII, en contra de lo que han afirmado algunos autores, no se ocupó preferentemente de delitos políticos. En el origen de esta afirmación creemos que se encuentra el desconocimiento de estos partes diarios que, como se va a poder comprobar, nos permiten conocer día a día lo que ocurría en Madrid. No se reducen sólo a Madrid. Si el objeto de nuestro estudio hubiera sido la delincuencia a nivel nacional, también lo hubiéramos podido realizar, porque existen los resúmenes, en muchos casos semanales, de los incidentes y de los delitos cometidos. Este trabajo se ha hecho siguiendo uno de los numerosos legajos de Policía en concreto es el 12.298, que está en la sección de Consejos Suprimidos del Archivo Histórico Nacional.

La obligación de dar estos partes la imponía el Reglamento de Policía de Madrid y Provincias de 20 de febrero de 1824. El Superintendente General de Policía tenía que dar un resumen de ocurrencias al Rey, por lo menos una vez al mes, pero los Intendentes de Policía provinciales deberían hacer lo mismo con respecto al Superintendente regularmente dos veces por semana, y, de forma extraordinaria, cuando se produjera una alteración grave del orden público. El cumplimiento escrupuloso de estas obligaciones nos permite tener acceso a esta documentación, cuyo valor es sencillamente inestimable.

  1. La violencia 

Lo primero que llama la atención en este resumen es la tremenda violencia con que se desenvolvían las relaciones entre las personas. Así el día 2, en la calle de Segovia, hubo una fuerte pelea entre un tabernero y dos soldados, porque éstos no querían pagar los 12 reales que importaban sus consumiciones. El tabernero resultó herido de alguna gravedad, pero los soldados fueron detenidos. Este asunto no terminó aquí. El parte continúa la narración de los hechos en estos términos: “Detenidos los soldados, les puso en libertad el comandante, diciéndole al tabernero: ¡Ojalá le hubiesen muerto!” El día 27 se registró una discusión por la prioridad en la cola para llenar las vasijas de agua en la fuente del Ave María. Terminó con un herido en la cabeza de una pedrada.

En ocasiones esa violencia era gratuita y totalmente absurda. El día 24 se encontró el cadáver de una niña recién nacida en la Ermita de San Blas: estaba enterrado en un cerrillo y “tenía una puñalada en la espaldilla derecha”.

Puesta en números da tres muertes, dos heridos graves y otros 15 heridos cuya gravedad no está especificada. Estas son las consecuencias de seis quimeras, de 11 incidentes con lesiones y de tres atracos.

Los atracos son de lo más curioso que hay en los partes diarios. El primero de ellos ocurrió el día 3 en la calle del Candil: cuando regresaba a su casa el Comisario de Cuartel fue atracado por dos individuos, con los que sostuvo un fuerte forcejeo, logrando detener a uno de ellos. El segundo tuvo lugar el día 12 en la calle Angosta de Peligros, donde tres individuos, armados con puñales, lograron apoderarse de algunas prendas de vestir (insólito botín para nuestros tiempos, pero no, ciertamente, en aquéllos). El último es el día 17, siendo lo más llamativo de él el «modus operandi» utilizado. Tuvo lugar en un domicilio de la calle San Bernardo; llamó a la puerta de un domicilio una mujer cubierta con un velo, y, al franquearle la entrada, se introdujeron sus dos compinches. Sin embargo, esta vez la historia terminó felizmente: esta escena había sido presenciada por una vecina, la cual comenzó a dar voces pidiendo auxilio, por lo cual acudieron otros vecinos y los tres individuos fueron detenidos.

  1. Robos, hurtos, estafas, quimeras y otros delitos  

1 a) Robos

Los robos registrados son quince; de ellos se quedaron en intento tres y uno fue una simulación. Los “modus operandi” más empleados fueron la llave falsa (en dos ocasiones) y la fractura de puerta (en otras dos). Se ignora el “modus” o es difícil de clasificar en los casos restantes. ¿Cómo se clasifica el hecho de que a un marqués le arrancaran en su vivienda los canalones de plomo en su tejado (hecho ocurrido el día 17) o que a otro marqués le robaran los cristales de su ventana del piso bajo, ocurrido el día 13? (según el actual Código Penal serían hurtos).

El botín de los robos fue de lo más heterogéneo. Acostumbrados, como estamos, a que predominen en él el dinero u objetos valiosos, nos puede sorprender un poco que el objeto de un robo sea el conseguir un cristal o un trozo de plomo. El botín más sustancioso que se obtuvo fue el día 5, en el que un número indeterminado de individuos se apoderaron de ropas y 4.000 reales utilizando una llave falsa.

Un botín que se repite bastante es el de ropas, ajuares de cama y mesa y utensilios domésticos. Así, el día 21, se sustrajo en una tienda una pieza de paño y el día 24 se intentó robar una capa tendida para secar.

Los esclarecimientos  de estos delitos se produjeron siempre “in fraganti”: en la mayoría de los casos porque los autores fueron sorprendidos mientras cometían los delitos por personas ajenas a los hechos que dieron la voz de alarma, y con la ayuda de los que acudieron a las voces pudieron ser detenidos. El proceso que seguían era llevarlos al Comisario de Cuartel y éste, después de instruidas las correspondientes sumarias -y tenía ocho días para ello, les ponía a disposición del Alcalde de Cuartel para que decretase su prisión o su libertad.

  1. b) Los hurtos 

Quedó constancia de cuatro. La mayor parte de ellos fueron cometidos “al descuido”: así, el día 5 se le sustrajo un sombrero a un oficial de cazadores en un café. El día 6, sin especificar cómo, un número indeterminado de individuos hurtó un reloj de oro, joyas y 104 reales en una casa de la calle Segovia. El día 7 fueron sorprendidos dos individuos, cuando estaban tratando de llevarse un farol del alumbrado público. Y finalmente, el día 15, en la calle del Carmen, “al descuido”, un individuo se llevó una «repetición» de oro, valorada en 3.000 reales, que fue el mayor botín conseguido en esta clase de delitos.

Los botines, como se puede apreciar, fueron bastante sustanciosos. Solamente se esclareció uno de los hurtos.

  1. c) Las quimeras (peleas, pendencias)

Fueron abundantes: seis. Pero si se suman las que se clasifican como lesiones (11) y una reyerta familiar serían 18, una menos que los robos y hurtos sumados.

La violencia con un desenlace de heridos, e, incluso, de muertes, fue la consecuencia normal de esas quimeras. Los militares participaron en este tipo de delitos en ocho ocasiones (la mitad de los cometidos).

Las dos reyertas familiares que se relatan, porque pasaron a mayores (ya que si hubiesen sido de menor entidad las hubiese «arreglado» el Alcalde de Barrio o el mismo Comisario de Cuartel sin dar cuenta de ellas), fueron: la primera el día 5: riñeron la esposa y la hija, pero resultó herido el marido al intentar separarlas; la segunda el día 13, en la calle Latoneros, donde en el transcurso de una riña entre dos cuñados le dieron una cuchillada a uno de ellos «desde la parte inferior de la oreja izquierda hasta la garganta»; como consecuencia de tal degüello, falleció.

En cuanto a las quimeras, ya se ha hablado anteriormente de una en la que el tabernero se peleó con dos soldados, siendo herido por éstos, y además el comandante, al ponerles en libertad, le dijo: «¡Ojalá le hubiesen muerto!» Todo porque los soldados se negaron a pagar los 12 reales a que subieron sus consumiciones. El día 5 hubo otra discusión en la calle de la Cuadra entre un granadero de los Voluntarios Realistas y unos paisanos. El Voluntario Realista no se anduvo por las ramas: sacó el sable e hirió gravemente a uno de los paisanos.

El 9 hubo otra entre dos criados de “la embajada alemana”, con el resultado de un herido. El 10, entre soldados y paisanos, otro herido… El no pagar una copa de vino, las trampas en el juego (también con soldados por medio) fueron motivos suficientes para comenzar una pelea con la consecuencia de heridos de mayor o menor gravedad.

  1. d) Otros delitos 

Se registran además en estos partes de incidencias una estafa, un abandono de familia, un homicidio y un parricidio.

El homicidio tuvo lugar el día 19 en la Plazuela de Santo Domingo, en que una vecina le clavó a otra un arma blanca en el vientre.

La estafa, el día 5 en la calle de Alcalá, y no se llegó a consumar porque el transportista era a la vez el dueño del anís.

Un individuo pretendió comprar a muy bajo precio una partida de anís que estaba descargando, creyendo que el transportista no era el dueño de la mercancía, por lo cual cuando éste le pidió el precio justo desapareció.

  1. e) El único delito de “tipo político” 

Se acusó a la Policía de Fernando VII de ser eminentemente una policía política. Sin embargo, en estos partes diarios únicamente se recoge un delito político. Ocurrió el día 20 en la calle del Humilladero, donde un Voluntario Realista, que sin duda estaría un poco o un mucho bebido, pronunció frases injuriosas contra el Rey, por lo cual fue detenido.

  1. Los incidentes 

Los partes nos informan además de una serie de sucesos inconexos que no son delitos, salvo en algún caso aislado en que sí lo eran, de acuerdo con lo legislado en la Novísima Recopilación, pero que no revestía la menor gravedad. Así se nos habla:

– De fuegos: Hubo seis de muy escasa importancia a lo largo del mes. Alguno se debió al descuido de los sirvientes, otros tuvieron lugar en la casa del marqués de las Hormazas y del embajador de Portugal (que es la única razón por la que figuran en los partes).

– De la muerte natural del torero Francisco Fernández, acaecida el día 3.

 –- De la detención de un individuo que tenía una licencia de soldado con nombre de Antonio Ximénez borrado y puesto otro, una cédula de premio y una carta sospechosa.

– Entre las incidencias del día 17 hay una que no me resisto a copiar al pie de la letra: “De haber sido sorprendidos y puestos en prisión un cazador de la Guardia Real y un paisano, que estaban encamados con cuatro mujeres”.

De dos muertes por accidentes laborales: El primero ocurrió el día 8 en San Isidro del Campo. Hubo un corrimiento de tierras en una cantera que sepultó a un trabajador, y el segundo, el día 18, por «enredar en la casa que estaban construyendo», un operario se cayó del andamio y se fracturó el cráneo.

– Del hallazgo de dos cadáveres (el 16 de una criatura recién nacida y el día 24 el de una niña con una cuchillada en la espalda).

– De dos atropellos por carruajes: Uno el día 11 en la Puerta del Sol (al atropellado se le suministró un vaso de agua y vinagre), y el segundo del día 14, en el que resultó con heridas un niño de cuatro años.

– De una discusión entre dos Alcaldes de Corte, Herrero Prieto y Cutanda (Matías Herrero Prieto fue en 1833 Superintendente General de Policía).

Conclusión 

Ciertamente cuesta creer que en el Madrid de 1826 hubiese solamente 45 incidentes, que superasen ciertos límites de gravedad y que por ello hayan quedado reflejados por escrito. Es seguro que hubo muchos más, pero no trascendieron porque, como dice jocosamente Mesonero Romanos, refiriéndose al Alcalde de Barrio: «abría luego la audiencia y escuchaba a las partes, cuyas causas solían reducirse a tales cuales bofetadas o puntapiés recibidos y datados en cuenta corriente, a tal indiscreta incursión en el bolsillo del prójimo o a cual permuta del marido por el amante, de la mujer ajena por la propia mujer». Es decir, que todos los delitos menos graves eran sancionados sobre la marcha y de muchos ni se daba cuenta en estos partes diarios.

La imagen que algunos historiadores han querido dar de la policía es falsa. Entre la multitud de incidentes registrados y de los que han quedado constancia ese mes de febrero de 1826, solamente existe uno, y de una importancia secundaria, en los partes de las comisarías de Madrid. Esta documentación, que no ha sido consultada por casi nadie, demuestra el quehacer diario de la policía. No da margen para sostener la falsa imagen de una policía política. Después, como si la historia se escribiera como quiere cada uno, acusan a los demás de tergiversar la historia y de contar cuentos. Los hechos y los datos contradicen esas afirmaciones. No importa, la policía general se ocupó de forma preferente en la persecución de liberales, aunque, por ejemplo, en este mes solamente fue detenido un Voluntario Realista. La rueda sigue girando, y la mentira se sigue repitiendo. La honradez de estos historiadores sigue intacta.

De todos modos, la delincuencia “mayor” y los incidentes más graves, como son los que se han apuntado, eran muy difíciles de “tapar” porque corrían de boca en boca: se convertían automáticamente en noticia. El intentar echar tierra encima podía ocasionar más de un disgusto (lo normal era el cese).

En cuanto al ambiente que refleja este cúmulo de sucesos y de delitos no hay datos suficientes para aventurarse a sacar ninguna conclusión o consecuencia. Personalmente creo que la abundancia de violencia, lo exiguo de los botines y otros datos de las pendencias y lesiones son como el símbolo de un malhumor permanente y de un subdesarrollo, que deja un pésimo sabor de boca.

Martín Turrado Vidal

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