Una juventud anestesiada

Columna de Brau López para h50 Digital

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Ese dicho tan repetido de “juventud divino tesoro”,  parece que en la actualidad va cayendo en decadencia. No se puede generalizar, pero algo está pasando en nuestra sociedad, concretamente con nuestros jóvenes y, ese algo, aunque parezca un misterio difícil de resolver tiene nombre y mil motivos. ADICCIÓN.

No me voy a ir por las ramas para intentar explicar un punto de vista y, no lo haré porque me parece que dar vueltas y vueltas maquillando este problema en cierto modo contribuye a quitarle importancia. Hablo claramente de lo que supone el consumo de sustancias estupefacientes por la juventud, es grave, es bastante grave, que el consumo de drogas entre nuestros jóvenes esté en máximos fuera de cualquier órbita con retorno. No hablo de fumar un porro con dieciséis años, que ya tiene lo suyo, sino del consumo a edades mucho más tempranas y con una llamativa habitualidad.

Un problema de calado.

Éste consumo acelerado de sustancias estupefacientes como pueden ser el hachís o la marihuana no son fruto de la casualidad. Es muy común que en determinados ambientes juveniles se tienda a quitar importancia a las consecuencias y a los efectos del consumo de estas sustancias, al punto de no ver lo nocivas que pueden resultar. Se perciben como algo que te da nivel, que reconforta, o que se toman por eso de “por probar no pasa nada”.

Está demostrado que los jóvenes que se inician en el consumo de estupefacientes tienen unos porcentajes muy altos de fracaso escolar, problemas con su entorno familiar, y por ende, suelen ser más propicios a delinquir y también a convertirse en víctimas de otros delincuentes.

Tres posibles variables.

El consumo de sustancias estupefacientes y delincuencia está estrechamente ligado. Es una relación bidireccional, da igual por donde empieces, una cosa lleva a la otra y viceversa. Un mismo factor puede dar lugar a desencadenar distintos resultados. Puedes ser el que delinque para conseguir la sustancia, también el delincuente que está bajo los efectos de los estupefacientes y delinque por los efectos de los mismos, y por poder ser, puedes llegar a ser aquel individuo que encontrándose bajo esos mismos efectos mencionados anteriormente se vuelve tan vulnerable que no se da cuenta y, se posiciona como una víctima potencial al carecer de consciencia suficiente para cualquier tipo de reacción.

Trabajo en equipo siempre es menos duro.

Educación, prevención, y en su caso intervención. Estos pasos que aparentemente son muy básicos, en ocasiones suponen un reto complicado. Padres, educadores, círculos afectivos, todos son fundamentales para que ésos tres pasos resulten efectivos. En unos casos nos quedaremos en la educación y prevención, eso será un éxito y otras veces habrá que intervenir activamente para que ése chico no se termine perdiendo y regrese a una orbita más beneficiosa.

El horizonte se torna negro ante la problemática de una sociedad dormida que produce jóvenes anestesiados. Si éstos jóvenes no despiertan a tiempo, difícilmente tendrán un futuro muy poco halagüeño.

@mar_deposeidon
BRAU LÓPEZ VENUS INFINITA  @mar_deposeidon

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