Reclusos de la seguridad: la labor de los funcionarios de prisiones

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Las comparaciones son odiosas, pero…

A colación de una noticia que leía esta mañana, ha sido inevitable no acordarme de una de esas muchas lecciones importantes que me han dado en la vida. Esta lección, venía de la mano de un profesor con más de treinta años de experiencia, y que actualmente desempeñaba el cargo de director de uno de los centros, en los que, uno, de manera esporádica y siempre altruista, impartía charlas como colaborador en mediación a alumnos de la enseñanza secundaria obligatoria. Este ejemplar director, en una de las reuniones previas a la charla, me insistía en la importancia de la autoridad y del respeto en la relación entre profesores y alumnos. Con certeza y convencimiento pleno en lo que con énfasis manifestaba, afirmaba, que  “una clase llena de alborotadores, podía desajustar toda la dinámica de trabajo de un ciclo entero, y por consiguiente, tirar por tierra la estabilidad y el buen ritmo de un instituto”. Razón no le faltaba.

Si para ese director, desempeñar la labor educativa de manera normal, en según qué circunstancias podía suponer un reto complicado, imaginad por un momento, qué se le pasará por la cabeza al director de un centro penitenciario sabiendo, que a quien tiene bajo supervisión, en vez de a adolescentes, es a delincuentes de toda índole, desde amigos de lo ajeno, estafadores, asesinos o depredadores sexuales. Una muestra de lo peorcito de la sociedad.

Un sistema particular

El sistema penitenciario español es plenamente garantista, y su visión de futuro con respecto a los internos, va más allá de la antigua idea de la redención.

Nuestro Sistema Progresivo de Individualización Científica, está configurado en grados de tratamiento, en función del perfil,  de las características, y de la evolución de los condenados, así como de su capacidad para vivir en libertad y del grado de confianza que merecen.

En España, a nivel general, somos muy dados a fijarnos siempre en los métodos o proyectos de otros países. En este aspecto particular del que hablamos, debemos sacar pecho y sentirnos orgullosos, ya que nuestro sistema es un referente europeo. Cada año nos visitan numerosas delegaciones extranjeras, a fin de conocer,  y porqué no decirlo, también copiar, de manera parcial o incluso total, los  aspectos de este sistema tan efectivo.

Su reto, es uno de los más importantes, a la par que complicados. No solamente guardan, custodian y vigilan a los reclusos, también les reeducan, les forman, y les preparan para devolverles a la sociedad reinsertados. No es imposible, pero tampoco es nada fácil, por eso, quienes se dejan la piel en ello, sufren como propios, los fallos en esa reinserción. Sentir que todo el trabajo realizado y todo el tiempo invertido, no han servido de nada, porque el recluso ha vuelto a reincidir, es frustrante.

Otros modelos

Lejos de los curiosos, y estrambóticos métodos de vigilancia y custodia, que las autoridades penitenciarias de Noruega, emplean para que desde la “no reclusión total”, y con una perspectiva buenista y moderna, pretenden reintroducir en su sociedad a los reos, en España se continúa con un modelo penitenciario no tan permisivo como el de los países nórdicos.

Siempre habrá quien piense que un modelo penitenciario como el que tenemos actualmente en España, es un modelo anticuado y nada efectivo, comparado con los modelos utópicos del norte de Europa. Actualmente tenemos ejemplos de modelos penitenciarios muy llamativos, como el de la República de El Salvador, en el que la implicación del propio presidente del país Nayib Bukele, ha revolucionado el sistema para garantizar el cumplimiento pleno de las condenas. La lucha contra las bandas criminales que existen en el país centroamericano (Las Maras), ha obligado a las autoridades gubernamentales a dar un golpe en la mesa, y extremar al máximo todos los protocolos penitenciarios.

El mensaje que se está trasladando a los delincuentes, es el de tolerancia cero, y un internamiento en el que garantizar los derechos humanos, no está reñido con la severidad y la dureza de las condiciones en las que los reclusos habitan dentro de las cárceles.

Todos los modelos penitenciarios pueden ser comparables y cuestionables, pero en lo que no hay género de dudas, es que siempre podrán ser mejorables.

El equipo y la tarea

Su actividad profesional pasa muy desapercibida, y puede que ello sea el mejor síntoma de lo eficientes que son, pero una cosa es la discreción del buen hacer, y otra es caer en el olvido.

Hay que poner en valor el trabajo de todo el equipo que se encarga de la seguridad en los centros penitenciarios, tanto por parte de la directiva, como por la operativa, así como la de todos aquellos funcionarios, que tienen una participación directa con los reclusos, los funcionarios de prisiones, los servicios médicos (muy mermados y necesitados de personal) y los servicios encargados de los Programas de intervención psicosocial,  en los que España se encuentra  a la cabeza.

Un reto nada fácil.

Cada jornada, es una misión a cumplir, y que se resuelva de manera satisfactoria, depende en un grado muy alto, de cómo y de qué manera sea la interacción entre los todos participantes. Esto, innegablemente, es la parte más complicada de esa relación SISTEMA PENITENCIARIO – REO, pues es donde a diario, se mide el pulso del ambiente penitenciario.

Es en esa estrecha relación, entre el funcionario y el recluso, donde mantener el equilibrio en ocasiones puede resultar del todo imposible. Cuando la situación se hace insostenible, todo salta por los aires, y prácticamente, siempre quien tiene las de perder es el que está en el lado de la justicia.

No son carceleros.

La vieja imagen del carcelero con su manojo de llaves, dando cerrojazos o arrastrando su porra por los barrotes, ha quedado desterrada, hoy en día, estos funcionarios de prisiones, son profesionales preparados y muy cualificados.

Un dato muy importante que no debemos olvidar, que por su condición laboral, durante décadas ETA les puso en su particular diana, soportando estoicamente la amenaza constante del terrorismo etarra. Muchos fueron asesinados y otros secuestros, pero sin duda, todos fueron víctimas de la sinrazón de una utopía abertzale.

Los tiempos han cambiado para bien, en todos los aspectos, y los avances son notables, pero a pesar de ello, hay cuestiones que se mantienen, las agresiones. Las cifras de  agresiones que sufre el personal  de prisiones mientras ejercen su función profesional, resultan sonrojantes. Es necesario respaldo más firme y contundente para garantizar que nuestro sistema penitenciario continúe siendo un referente, pero para ello, no solo deben estar bien dotados de herramientas efectivas para llevarlo acabo, sino que deben gozar de un reconocimiento pleno, de apoyo, de respaldo a su buena labor.

Sirva este artículo, para mostrar todo mi apoyo y respaldo a los funcionarios de prisiones y a todo el personal que ejerce su actividad profesional en los Centros Penitenciarios, Centros de Internamiento de Menores, y Centros de Inserción Social. Gracias por vuestra encomiable labor.

DESDE EL ROMPEOLAS – h50 Diario Digital Policial BRAU LÓPEZ MATAMOROS

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