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Autoras: Dª Nuria Cabrera Mora y Dª Mónica Martínez Sánchez

La Policía Local de Andalucía comenzó a percibir que los cambios sociales podrían sugerir que la Institución también debiera de hacerlo y, con ello, la ruptura con la estanqueidad del sistema político predecesor donde la Policía, integrada sólo por hombres, tenía que abrir paso a la incorporación de la mujer.

Pero aquella modernización y empatía que la Institución policial tendría con el progreso donde la sociedad se estaba distinguiendo no fue fácil, sobre todo, para las primeras mujeres que ingresaron como Policía Local en Andalucía.

Aislamiento, exclusión, carencia de oportunidades, desigualdades, entre otras, son algunas de las características y desventajas que aquellas mujeres sufrieron para ser lo que deseaban: servir a la ciudadanía con honor y honradez policial.

El paulatino acceso de la mujer al mercado laboral no ha sido fácil y, menos aún, rápido.

Muchas mujeres integrantes en las Policías Locales hacen ya casi cuarenta años, cuentan entre sus anécdotas verdaderas ridiculeces completas de matices que, a día de hoy, casi se quedan en fábula, pero en cambio, hicieron que los Cuerpos de Seguridad progresaran a igual que la sociedad.

Vivimos en una sociedad con perspectiva andrógina donde el hombre es quien ha mecido a su merced la organización y dirección de la Institución policial y, por ende, la gestión de quién podía participar en los procesos selectivos: la mujer desde luego no.

El patriarcado es el sello que ha estampado gran parte del desarrollo de la humanidad y, ello, ha dado origen a que las sociedades estén gobernadas y apoderadas por un sexo más que por el otro. Los roles que se han ido amoldando tanto al hombre como para la mujer han ido de la mano del progreso de la sociedad, siendo adaptados a las culturas y a los tiempos, pero no con total igualdad o lo que es lo mismo, equidad.

Si pensamos que todos los seres humanos, hombres y mujeres, partimos de la misma equidad de derechos, las féminas estarían en gran desventaja con respecto a aquél puesto que, hasta no bien llegados a 1993, no tuvo lugar por primera vez, el reconocimiento explícito de derechos para las mujeres, las cuales, ya sí podrían disfrutarlos y debían cumplirlos.

Fueron muchos los derechos que se lograron y parte de ellos se debe a la continua lucha que las mujeres pusieron en vilo sobre el tupido velo que la sociedad patriarcal imponía; sin duda alguna, el afronte que las féminas hicieron en nuestra sociedad, hizo eco para derribar las imposibilidades que se presentaban y, con ello, se logró no sólo el ejercer derechos como el voto, la autonomía económica, el derecho a acceder a la educación e incluso, el derecho al trabajo, entre otros.

Los estereotipos y prejuicios que radican en la figura de la mujer origina que se distorsione la imagen como ser humano que son, al igual que el hombre; las situaciones criminales que se proyectan sobre la mujer nada tiene que ver con la del varón, si bien, las legislaciones no cesan en amparar quizás, un respaldo sobre la lacra de la violencia de género, los delitos sexuales sobre las féminas, su prostitución, el tráfico de sus cuerpos, su salud reproductiva, etcétera.

Fueron varias las estrategias que se utilizaron en nuestro país para integrar las perspectivas de igualdad de género, si bien, fue a partir de 1995, en la IV Conferencia Mundial de Naciones Unidas celebrada en Beijing, sobre la mujer, cuando internacionalmente tomó su impulso. Desde aquí, nacieron perspectivas y legislaciones Marco comunitaria en pro de la igualdad entre hombres y mujeres. En España, la Ley Orgánica 3/2007, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres, supuso la transposición de la Directiva 2002/73/CE, la cual, apostaba por una ambiciosa contienda por erradicar las desigualdades y discriminación existentes; situación difícil de suprimir en nuestros días, como bien se anuncia en las palabras de la primera mujer Policía en España, jubilada hace ya cuatro años y la cual, no tiene miedo en contar lo que piensa: “Lo pasamos mal porque la gente se creía que éramos azafatas y algunos compañeros se negaban a hacer el servicio con nosotras”; “el machismo continúa en la sociedad” y, en las últimas incorporaciones de varones jóvenes, se vuelven a reproducir estas actitudes. “Están retrocediendo en el tiempo”, (Tapia, 1948).

 

1.-CAMINO TEDIOSO PARA LAS MUJERES POLICÍAS.

El nacimiento de las diferentes policías en España tuvo lugar a raíz del momento y de las necesidades que se presentaban en la sociedad. No hay que olvidar que, la Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, son el instrumento por el que el Estado y, dependiendo de la Administración de que dependan, la Comunidad Autónoma y/o la Corporación Local, ejercen su poder sobre la ciudadanía, en pro de la prevención y la represión delictiva a través de las respectivas Policías.

Las primeras mujeres Policías se incorporaron en la ciudad de Córdoba en 1970 “El alcalde de Córdoba sabía que Bilbao quería incorporar mujeres y decidió adelantarse” (Tapia, 1948). Aún vigente en la Corporación local el sistema franquista, predecesor al actual sistema político, los Concejales sobresaltados por la decisión de su Alcalde, el cual, no dudó en establecer el inicio de los primeros pasos de aquellas  principales mujeres las cuales, no anduvieron sobre una alfombra de terciopelo, sino más bien, sobre una pasarela imaginaria “me hicieron desfilar en uniforme” y, a continuación, “colocaron una silla en el centro del salón, me hicieron sentar y tuve que cruzar las piernas para demostrar que la falda siempre ocultaba las rodillas”.

Las desigualdades en el mercado laboral siempre han sido manifiestas: la repartición del trabajo remunerado y no remunerado entre ambos sexos ha posicionado a la mujer en un sujeto vulnerable y desprotegido o, lo que es lo mismo “la división sexual del trabajo”, donde la mujer representaba las labores de ama de casa mientras el rol del hombre consistía en proveedor de ingresos. Por ende, esta división de roles marcados socialmente originaba que también existiera la separación de espacios, la identidad de labores o, como bien señalaba Pateman (1995) “un contrato social según el cual las mujeres deberían satisfacer las necesidades de los varones para que estos pudieran cumplir con su condición de ciudadano y trabajador asalariado”.

Pero, a pesar del progreso de nuestra sociedad y, aunque a partir de los años 80 el mercado laboral adquiriera una nueva visión con la participación de las féminas en labores que no fueran ser sólo y exclusivamente amas de casa, la igualdad en el mercado profesional aún presenta resquicios latentes de desventajas. Actualmente, las mujeres continúan representando la función de cuidadoras y amas de casa en sus hogares, a la vez que realizan su trabajo remunerado y, ello, condiciona que las ellas no puedan acceder al tipo de empleo que desean o quieren desempeñar; las mujeres están condicionadas por los modelos culturales en los que están socializadas (Gálvez y Rodríguez, 2013), por la ausencia de corresponsabilidad del hombre.

Las mujeres Policías se enfrentaron a una ardua tarea por romper los estereotipos de género, los cuales continúan vigentes en la sociedad ya que, aún a día presente, existen puestos de trabajo donde se ven más adecuados para que sean desempañados por hombres y otros por mujeres. Como señala Anker (1998) es un fenómeno de dimensión global. Y no muy lejos de ello, es lo que ocurría en la Institución policial: las primeras mujeres sólo podían ejercer funciones de regulación del tráfico. Hoy en día, la mujer desarrolla todo tipo de actividad, ocupando puestos de ejercicio policial de diversa naturaleza.

Las desigualdades entre hombres y mujeres eran notorias, si bien, aquella fémina que quisiera optar a una plaza de Policía no sólo percibían un salario inferior al de sus compañeros, sino que, además, tenían que cumplir con algunas condiciones discriminatorias como la de la prohibición de contraer matrimonio. Verdaderas restricciones jurídicas que acechaban la difícil barrera de acceso de la mujer a la Policía y, como mayor ahínco, no sólo existían las burdas legislativas, el broche discriminatorio y estereotipado de los roles de género, sino para más inri, los comentarios que gran parte de la ciudadanía y de algún otro compañero de trabajo, dirigiéndose hacia las féminas guardadoras de la seguridad y el orden público “irse a casa a fregar los platos”; “estáis ocupando un puesto de trabajo que le corresponde a los hombres: al padre de familia”.

Como señala Martín (1994), “la plena incorporación de la mujer en los Cuerpos Policiales para realizar todo tipo de tareas en igualdad de condiciones al varón se caracteriza por ser un proceso tardío, lento e incompleto”.

Así que no es hasta el 27 de abril de 1970 cuando tuvo lugar la toma de posesión de las primeras mujeres en la Policía de España, en la ciudad de Córdoba. “Yo quiero ser Policía”, recuerda una de las dos hermanas, Delfi, cuando se propusieron elegir esta profesión para ser Policías. Las pioneras en una sociedad machista y de profesión masculinizada.

Pero, no menos de ser “mujeres floreros”, aquellas mujeres realizaron su correspondiente periodo de formación policial el 24 de mayo del mimo año, de un mes de duración, donde aprendieron lo básico sobre el Código de Circulación, las Ordenanzas municipales, defensa personal y otras pocas materias. “Nos dirigieron desde el principio para regular el tráfico, para que se nos viera”.

No más lejos de aquella realidad, estas mujeres, al desempeñar las funciones que se les encomendaban, recibían algún que otro vituperio de algún conductor “¡Vete a casa a fregar!”, “¡Vete a casa a coser calcetines” o como bien señaló Dolores, “¡A una compañera hasta le tiraron tomates desde una furgoneta”!

El servicio realizado por estas pioneras en el mundo policial se centraba no sólo en labores de la regulación del tráfico, sino que también vigilaban edificios municipales, mercados, zonas turísticas y, desde luego, los turnos laborales lo ejercían solas, sin medios de comunicación (sin trasmisores), a pie en la mayoría de las ocasiones, dado que los vehículos policiales, los pocos que existían eran usados por los jefes; a veces las féminas para poder desplazarse de un lugar a otro de la ciudad, usaban el transporte público “no había ni motos ni coches para los agentes”.

Con el paso del tiempo, ya casi en los años 80, la situación cambió un poco, pero de forma tan leve que apenas se notaba. Las agentes ya disponían para su uniformidad de pantalón, los agentes ya realizaban los servicios en parejas y podían usar vehículos policiales para el desempeño de sus funciones.

A pesar del augurio que soportaron las pioneras en la Institución policial, los cambios que surgieron, como fue el embarazo de alguna Agente, supuso que no se supiera dónde y cómo organizar el servicio para la mujer “no sabían dónde colocarme”, recuerda Delfi.

Aun así, estas mujeres, recuerdan la profesión con gran felicidad, “guardamos recuerdos muy buenos. Hemos sido policías por vocación. Nosotras teníamos una profesión (peluqueras) y quisimos meternos en la policía porque era lo que nos gustaba”.

Desenvolviéndose en todas las especialidades que pudieron acceder poco a poco durante su carrera profesional, desde la sala 092, hasta realizar patrullas de seguridad ciudadana, atestados, violencia de género etcétera, las féminas recuerdan su experiencia en la Policía como “un trabajo muy gratificante”, sobre todo aquel que estaba dedicado a “escuchar a la gente, poder ayudarle, esa tarea ha sido la más bonita”. Pero, por otro lado, hubo situaciones e intervenciones difíciles de borrar, muy duras de soportar y todo, porque la Ley no acompañaba, como era el caso de acudir a un requerimiento de violencia de género y no poder hacer nada como policía “antes no existían las leyes de ahora. Y llegabas a una casa, te la encontraba destrozada, los muebles y todo roto, la mujer con la cara amoratada, el hombre detrás. Y decirte que allí no pasaba nada. Y no poder hacer nada”.


2-LA ACTUALIDAD EN CIFRAS

Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad están aún muy definidas con atributos y modelos masculinos, lo que origina que el acceso de la mujer y, el desempeño de funciones por éstas, aun dificulte encajar bajo los estereotipos arcaicos varoniles.

Los contextos laborales donde resalta la función de seguridad, sus normas, sus creencias y sus valores presentan una visión de masculinidad.

La Policía Local de Andalucía cuenta con un total de 12.186 personas que integran la Institución. De este total, el 5.85 % lo forman mujeres que, comparado con el factor de feminización que componen otros Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, es relativamente bajo con respecto a otras Instituciones de seguridad, como es el caso del Ejército don existen 15.074 mujeres militares; por otro lado,  en el Cuerpo Nacional de Policía, la cifra es de 6.511 mujeres, algo más de un 13%, frente a la cifra total de 67.000 efectivos que componen a esta Policía y, no menos importante, la Guardia Civil, la cual presenta un total de 5.107 mujeres, casi un 6,4% de mujeres entre sus filas.

A través de esta escueta presentación se pone sobre la mesa una discusión sobre si, la Policía Local de nuestra Comunidad, juega el rol de ser una profesión masculinizada o, como se ofrece con el paso del tiempo, se va modernizando dando pie a la profesionalización, al progreso y a la ruptura con lo hermético.

Para ello, nuestra cultura y nuestro predecesor sistema político juega un factor muy importante en el que, el paso de la mujer y la incorporación de ésta al mundo laboral, ofreció el auge de romper con los machismos laborales, los cuales aún continúan vigente.

En 2015 se realizó un estudio sobre la desigualdad y la masculinización de las policías locales de Andalucía, cuyo objetivo fue plasmar que, la policía presentaba una perspectiva masculina y, a razón de ello, se hizo visible cuál era la realidad que tenían las mujeres integrantes de la Policía Local de Andalucía. Si a las conclusiones plasmadas de este estudio se le une el precedente y, nos atreveríamos a señalar, actual de la masculinización existente en esta profesión, nuestra policía autonómica sigue estando estanca bajo los atributos y bajo los modelos masculinos haciendo aparecer una barrera, tanto al acceso como a la promoción en esta profesión.

Atributos sociales arrogados a los hombres como “ser más fuertes” o “más valientes”, por ejemplo, proliferan que a la mujer se le sitúe en un escalón muy por debajo del que merece: “se ha de esforzar más” para que sea valorada en casi igualdad de condiciones que un compañero policía.

Como señala Martín (1994), el supuesto de que los hombres sean menos temerosos que las mujeres no es una cuestión biológica; en la organización policial, el hombre no necesita demostrar su fuerza física para llevar a cabo cualquier función policial, la mujer en cambio sí, lo ha de hacer en cada momento.

  1. REFERENCIA LEGISLATIVAS

Conferencia sobre Derechos Humanos de Naciones Unidas de Viena, se celebró por las Naciones Unidas en VienaAustria, del 14 al 25 junio de 1993. http://www.ohchr.org/SP/NewsEvents/OHCHR20/Pages/WCHR.aspx.

Asambleas de Nueva York, 2000, 2005 y la más reciente Sesión Especial celebrada en marzo de 2010, en las que se revisaron y evaluaron los resultados de la Plataforma de Acción de Beijing<http://www.un.org/es/development/devagenda/gender.shtml>.

Comisión Europea, Hacia una estrategia marco comunitaria sobre la igualdad entre hombres y mujeres (2001-2005), COM (2000) 335 final, Bruselas, 7 de junio de 2000 <http://europa.eu/legislation_summaries/other/c10932_es.htm>.

Ley orgánica publicada en el BOE nº 71, de 23 de marzo de 2007: <http://www.boe.es/buscar/doc.

php?id=BOE-A-2007-6115>.

6.REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Anker, R. (1998). Gender and jobs: sex segregation of occupations in the world′, Ginebra, International Labour Office

Carrasco, C. (2005). “¿Conciliación? No, gracias. Hacia una nueva organización social”. “Malabaristas de la vida. Mujeres, tiempos y trabajos”. Madrid: Icaria

Carrascosa, A. Leyes masculinas con voz femenina. Equis Equis, 3, 13, 2002.

Instituto de la Mujer. La mujer en España. Situación social. Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. Madrid.

Gálvez, L; Rodríguez, P.; Agenjo, A., y Domínguez, M. (2013). El Trabajo de Cuidados de Mujeres y Hombres en Andalucía. Medición y valoración.Sevilla: Instituto Andaluz de la Mujer

Martín Fernandez, M. La profesión de Policía. Madrid: Centro de Investigaciones Sociológicas; Siglo XXI, 1990.

Martínez, M. «La mujer policía en el mundo». Ciencia Policial, nº 77, 2005.

7.REFERENCIAS WEB

https://www.estrelladigital.es/articulo/espanha/porcentaje-mujeres-militares-se-estanca-2006/20170609112419322191.html.

https://www.estrelladigital.es/articulo/espanha/porcentaje-mujeres-militares-se-estanca-2006/20170609112419322191.html.

 https://www.policia.es/prensa/20140308_2.html

http://www.guardiacivil.es/es/prensa/especiales/25_aniv_mujer_gc/situacion_actual.html

https://www.20minutos.es/noticia/3000327/0/primera-mujer-que-ingreso-policia-local-espanola-lamenta-que-regresen-actitudes-machistas-al-cuerpo/

http://www.elmundo.es/andalucia/2014/10/25/544b64fc268e3e3c478b4571.html

http://www.elmundo.es/andalucia/2014/10/25/544b64fc268e3e3c478b4571.html

Las cordobesas que fueron las primeras policías locales de España

https://www.researchgate.net/publication/290324641_La_policia_no_tiene_nombre_de_mujer_Desigualdad_y_masculinizacion_en_las_policias_locales_andaluzas?enrichId=rgreq-93822162dbaca4a0fae02c59aa337461-XXX&enrichSource=Y292ZXJQYWdlOzI5MDMyNDY0MTtBUzozMTczNzE2NDQ4NzQ3NTJAMTQ1MjY3ODcwNDM4OQ%3D%3D&el=1_x_3&_esc=publicationCoverPdf.

La Encuesta se realizó a través de la Universidad de Pablo Olavide (Sevilla); los diseños de la muestra participaron 723 personas, de las cuales, el 80,3 % fueron hombres (581), el 14% mujeres (101); el 5,7% el restante que no se identificaron.

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