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Pensamiento…
Hoy me he despertado sobresaltado, enciendo la televisión como todas las mañanas y observo estupefacto como mi presidente, el presidente de todos “lamenta la muerte de un terrorista convicto”.

Mi padre lucho contra esta banda asesina durante muchos años, al igual que otros policías, guardias civiles, políticos, jueces, fiscales, abogados, empresarios, etc… Héroes todos.
Mi padre destinado en Basauri durante los años 80 y 90 y su familia, viviendo a 200 kilómetros fuera del País Vasco, en las maravillosas tierras Riojanas que me vieron nacer.
Ese sacrificio que hacía él, era para que no viviéramos esa pesadilla.

Cada vez que se montaba en el coche hacia su gesto de mirar los bajos, algo que se convirtió en rutinario. Yo en el colegio tenía que mentir sobre la profesión de mi padre, bien aleccionado desde bien pequeño para que midiera mis amistades y fuera reservado con la vida que llevaba.

Recuerdo con amargura como con una edad bien temprana, la cual no llego con exactitud a recordar, yo lloraba desconsoladamente cuando mi padre tenía que “subir” al infierno. Para mí, aquello era lo más parecido al mismísimo infierno, sabía que podía no volver, era consciente de lo que sucedía “allí arriba”.

Recuerdo ver a mi padre de pie frente al televisión, saltándose las lágrimas observando las imágenes del atentado de Irene Villa y maldiciendo a esos terroristas. Recuerdo el día de la muerte de Miguel Ángel Blanco, como cuando volvió de estar buscándolo, yo le decía “lo han matado papa” y él me abrazaba sin articular palabra. Recuerdo el día de la liberación de Ortega Lara y como expresó un “que os jodan” y acto seguido se le iluminó la cara con una gran sonrisa.

También recuerdo como yo aguantaba mi aliento cuando veía un atentado con fallecidos en la televisión y resoplaba cuando no concordaba ni la profesión, edad o demás datos que fueran acordes con mi padre.

Si yo esta mañana me he levantado sobresaltado, no puedo hacerme idea como la gente que lucho en esa época se sentirán con tus palabras. Menudo bofetón les has dado don Pedro.

Yo ahora como Policía Nacional, entiendo parte de los sacrificios personales de mi padre por un bien común, por encima de todos, me inculcó “EL HONOR”, orgulloso de mi padre, orgulloso de todos aquellos que dieron su vida por un País libre.

Yo también lo lamento Pedro, por raro que parezca, pero la diferencia, es que yo lamento que no cumpliera íntegramente su condena, no que se suicidara.

Un saludo

Fdo. Jona

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