Marlaska, un (mal) ministro sin altura

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Columna de Ricardo Magaz en h50 Digital Policial. “CRÓNICAS DEL NUEVE PARABELLUM”.

Fernando Grande-Marlaska, nacido en Bilbao en 1962 como Fernando Grande Gómez, “euskaldinizó” cuando puso sus apellidos con un guion y una “k”. Su padre, policía municipal en Bilbao y su madre, costurera, de segundo apellido Marlasca con “c”, eran una familia trabajadora, como tantas otras de la época. El cabeza de familia, ante la cortedad del sueldo de policía, se pluriempleaba de peluquero para sacar adelante a la prole. Igual que cientos de miles de españoles afanosos de mediados del siglo XX.

El veneno de la política

Aquel joven Fernando Grande Gómez, luego Grande-Marlaska, decidió ser juez. Y lo consiguió. Pasó de destinos locales a “juez estrella” por su trayectoria como magistrado de la Audiencia Nacional. Pero Marlaska resolvió tirar todo por la borda y coquetear con el veneno de la política. Primero con el Partido Popular, que le presentó a vocal del GCPJ y le valoró después como posible Defensor del Pueblo y fiscal general.

Incongruencias

La cosa no prosperó del todo y, al poco, llegó Pedro Sánchez al poder. Sí, ese hombre que hace unos días le dio el pésame en el Senado a los herederos de la banda asesina ETA por el fallecimiento de un terrorista que decidió suicidarse por propia mano. “Lo lamento profundamente”, les dijo el presidente del Gobierno desde el escaño con el rostro compungido. Las víctimas de ETA aún están retorciéndose de dolor. Entre ellas, la familia de Miguel Ángel Blanco, secuestrado y asesinado en 1997 por el sanguinario comando Donosti del que era miembro activo el terrorista, al que la justicia condenó a 20 años de prisión.

“LA HISTORIA DE FERNANDO GRANDE-MARLASKA, ES LA DE UNA PERSONA AMBICIOSA Y UN MINISTRO SIN ALTURA SUFIENTE”

Y Marlaska, por mor de Moncloa, lo logró finalmente: se convirtió de “juez estrella” en ministro del Interior… estrellado. Un ministro que en sus comparecencias públicas llama sin rubor “ley mordaza” a la Ley Orgánica 4/2015, de Protección de la Seguridad Ciudadana, que, sin embargo, aplica día a día.

“Humanizar” a los narcos

Verbigracia, la última de Marlaska, una más, la semana pasada cuando los narcotraficantes del Estrecho de Gibraltar lanzaron sus coches homicidas contra varios radiopatrullas de la policía y de la guardia civil. Al ministro no se le ocurrió otra cosa que “humanizar” en rueda de prensa a los narcos explicando literalmente la “desesperación” que sufren los delincuentes por la presencia de las fuerzas de seguridad. Tal cual. Luego intentó arreglarlo. El daño ya estaba hecho. Hace apenas cuatro días los narcos kamikazes de la zona de Algeciras volvieron a la carga acometiendo con un todoterreno cargado hasta el techo de fardos de hachís al vehículo oficial de la guardia civil; hirieron a tres agentes. Suma y sigue.

Fernando Grande-Marlaska, la historia de un hombre ambicioso y un ministro sin altura.

(*) Ricardo Magaz es profesor de Fenomenología Criminal en la UNED, ensayista y miembro de la Policía Nacional (s/a)

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