La lacra del suicidio en las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad: no somos números

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No, no lo somos

Estoy en deuda compañeros, este artículo era muy necesario

Entre que he perdido la cuenta, y que ya no me quedan ganas para seguir contando más, he decidido dar mi opinión sobre una cuestión que nos concierne a todos, compañeros, familia, amigos y si me lo permiten hasta incluso a nuestros vecinos.

“El SUICIDIO”, sí, en mayúsculas

Para unos es un tema desconocido, para otros es un tema complicado, y para muchos por desgracia es un tema tabú. Pues bien, para mí personalmente, es un tema del que es muy necesario hablar, de hecho, lo haré aquí sin andarme con rodeos.

Con la publicación de artículos anteriores, he podido percibir que gracias a este gran altavoz que es h50, llegamos a más y más lectores cada semana, motivo éste más que suficiente, para continuar con nuestra labor informativa y divulgadora. Sin cortapisas, sin pelos en la lengua y con la total libertad que se me brinda siempre a la hora de escribir aquí, hoy no voy a perder la oportunidad de poner en lo más alto, un problema silencioso y silenciado, y que causa mucho dolor.

Somos policías, pero también somos personas, y con sobrada pasión se asume la dureza que nuestra profesión nos regala casi a diario. Estar al pie del cañón no es gratis, aunque a la administración cada nómina le salga prácticamente a precio de coste. Por lo especial que es esta labor, en multitud de ocasiones vemos la parte más oscura y la cara menos amable del ser humano, y cómo es evidente, mantenerse siempre aséptico a determinadas experiencias que puedan resultar traumáticas, no es tarea fácil.

No somos robots, también sentimos y sufrimos, y de manera muy profesional, en cada servicio para el que somos requeridos, nos dejamos la piel intentando resolver los problemas de los demás, o al menos ayudando a buscar una solución para los mismos, incluso cuando en muchas ocasiones, llevamos el añadido de soportar el gran peso de nuestros propios problemas, sin que estos lleguen a interferir en nuestro trabajo.

Una mochila que pesa

En la mochila que todos portamos a cuestas, cada uno metemos nuestros problemas personales, esos que te consumen en el día al día, de los que no hablamos, y esos que a la larga merman nuestra felicidad. En todas las casas hay guerras, unas vienen solas, otras las buscamos, pero lo importante es saber batallarlas para lograr la paz.

Llegarás a pensar que te encuentras solo, pero puede que esa sea tu impresión, porque, aunque tú no lo creas, tienes detrás gente te quiere, gente dispuesta a escucharte más que a hablar, gente dispuesta a ofrecerte su hombro y su mano para llegar a esa paz. No los evites.

En el plano profesional, quizá todo se vuelve un poco más complejo, y no me refiero solamente a difíciles experiencias vividas en las intervenciones. El ambiente de trabajo es vital, pero si éste es un ambiente tóxico y desagradable, donde todo son dificultades, y en el que reinan las rivalidades y las malas caras, se vuelve un lugar indeseable para trabajar.

Ese ambiente es hiriente, y la inexistencia de empatía, propician el aislamiento consiguiendo que al final cada uno vaya a los suyo sin interacción personal o social. Todos los factores anteriores son determinantes y juegan en contra, aprietan asfixian, y empujan a la persona a un oscuro abismo.

Servicio de ayuda

Desde hace relativamente poco, contamos con un servicio telefónico para la prevención del suicidio, me consta que es una herramienta bastante eficaz, ya que en numerosas ocasiones, cuando se ha atendido la llamada de alguien que demandaba ayuda, se ha conseguido frenar una caída libre asegurada.

Queda mucho trabajo por hacer por parte de todos, aquí no se excluye a nadie que sirva de ayuda a la hora de restar un número más en esa siniestra estadística.

Cada vez que tenemos noticias sobre el suicidio de un compañero, algo por dentro nos estremece y nos punza de lleno infringiéndonos un dolor inexplicable.

Siempre nos quedará un sentimiento de impotencia, y será inevitable preguntarnos ¿Pude hacer algo más? Sí, podemos hacer mucho más, para ayudar y ayudarnos. Se está a tiempo de arremangarse y ponerse manos a la obra. Sabiendo que se puede echar un cable, no hay que dejarlo pasar y que entonces lleguemos tarde, cuando ya no hay solución.

Ninguno estamos exento de la necesidad de una ayuda a tiempo, nadie puede decir que no le pasará. Tomar la decisión de quitarse la vida no es cosa de un arrebato, no es una decisión súbita, por eso mismo con trabajo y ayuda psicosocial profesional es fácil detectarlo y prevenirlo.

El suicidio no es tabú, no es algo oculto, es más, todos, o la gran mayoría de nosotros, podemos ponerle caras y nombres al suicidio, y lo hacemos, porque por desgracia son las caras de nuestros compañeros.

Desde aquí, siendo consciente de que nos leéis y de que estáis muy implicados con cada iniciativa solidaria, vamos a ser solidarios con los más cercanos, con el que se sienta a tu lado en el coche, el que se cambia en el vestuario contigo, con el que compartes mesa de oficina, con ellos y aquél que creas que lo necesita, párate, pregúntale qué tal se siente, tómate un café con él y ofrécele tu apoyo. Yo lo tengo claro, y aunque pueda parecer una tarea imposible, intentaré todo lo que esté en mi mano para ser útil en esta batalla.

Hablemos claro, no evitemos conversaciones, y lo más importante, no prejuzguemos.

No quiero que ningún compañero más caiga en un vacío de frustración y olvido.

Repito, no somos números

No lo dudes y llama si lo necesitas 915821043 teléfono de ayuda a la prevención d suicidio, o escribe a intervencionpsicosocial@policia.es

Brau López


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