La alarma de la natalidad

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Los datos del hundimiento de la natalidad en España son los peores desde la postguerra, según el INE en 2022 se produjeron 329.000 nacimientos, que es la cifra más baja de nuestra historia desde que en 1941 existen datos. Así se expuso hace unos días en unas jornadas celebradas en Cantabria a las que tuvo acceso El Debate. Esta situación es más que preocupante, es trágica. Los políticos son cortoplacistas, se gobierna para los próximos cuatro años, como ha dicho Rafael Pujol, catedrático de Geografía Humana y ex rector de la UCM “las políticas natalistas no son de derechas ni de izquierdas”. En España es absolutamente imprescindible una verdadera política de ayuda familiar que permita ir recuperando la natalidad. Tenemos una tasa de natalidad de 1,19 hijos por mujer, una de las más bajas de Europa y del resto del mundo.

Los nacimientos empezaron a caer desde 1977 y las madres nacidas en España tienen hoy un 65% menos de hijos que hace 45 años. La edad media a la que las mujeres tienen su primer hijo en España son los 32,6 años y suma y sigue. Estos datos escalofriantes deberían ser un motivo de máxima alarma. Mientras, Francia, Suecia o Hungría aplican medidas económicas para primar los nacimientos con subvenciones mensuales a las familias, según su nivel de renta, así como exenciones fiscales, nosotros seguimos  inertes ante esta  máxima alerta, que afectará a las pensiones más pronto que tarde. España perderá la mitad de su población a finales de este siglo. Como ha dicho, Alejandro Macarrón de la Universidad San Pablo CEU, el mayor problema de España es la natalidad y la integración de la inmigración, aunque la inmigración no es la solución al desafío poblacional, es una solución parcial, dado que países como Francia, Bélgica o Suecia, entre otros, muestran el riesgo de una mala integración sociocultural.

Pero, ¿por qué hemos llegado a esta situación de alarma? Hay diferentes factores, aunque la mayoría son coincidentes con la situación económica, social y cultural que atravesamos. La actual situación económica impide a los jóvenes que puedan emanciparse y conformar una familia: el alarmante paro juvenil; el bajo salario que perciben; el encadenamiento de  una crisis económica tras otra; la inexistencia de vivienda social, ni siquiera en régimen de alquiler; la falta de estabilidad en el empleo; los problemas de conciliación laboral y familiar; los  gastos asociados a los hijos; la insuficiencia de guarderías, la falta de ayudas sociales de todo tipo; entre otros muchos factores. Hay una sensación e idea extendida de inestabilidad, de vivir en un mundo incierto. En general la decisión de formar una familia se toma cuando hay cierta seguridad de mantener esa familia en el futuro, y en el mundo actual no la hay por las crisis, las guerras, las pandemias, etc. En España las Administraciones Públicas no ofrecen ayudas suficientes a los jóvenes más desfavorecidos para incentivar la natalidad. La reciente aprobación del Bono Cultural para los jóvenes que cumplan este año los 18 años es una medida electoralista y populista, además de un insulto a la inteligencia, al no depender del nivel de renta de sus padres, es decir, lo podrán percibir los jóvenes pobres y los jóvenes ricos. 

Autor: Manuel Novás Caamaño | Abogado      

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