Infiltrados: gatos negros y tuertos

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Columna de Manuel Avilés*, director de prisiones jubilado y escritor, para h50 Digital Policial

Decía mi viejo amigo, el juez Calatayud, famoso por su sentido común y por cómo aplicaba el derecho a los menores que entraban en sus dominios judiciales, que “en Granada todo el mundo anda siempre con la polla en la boca”. Hombre Emilio  – le increpo alarmado- no digas eso que suena muy feo. En Granada, la palabra polla  – con perdón del editor-censor- tiene un uso multi polivalente, sirve para todo. Lean el libro de mi amigo Andres Cárdenas “Vayamos a pollas” y lo entenderán al minuto.

Cuentan que en el Ayuntamiento de Motril andaban los políticos en su estado natural, o sea de contubernio en contubernio, intentando liársela al alcalde en plan Catilina – los remito a Cicerón  y sus Catilinarias a ver si se dan cuenta quienes hacen los planes de educación-. Este convocó un pleno y con una frase aclaró la situación: ¡Dejaos de pollas…no vayamos a pollas! Y todos supieron que estaba enterado de las conjuras y que iba a poner remedio de inmediato., rodando cabezas si era menester.

En Granada, te encuentras a un amigo por la calle y el saludo es: ¿Onde pollas vas? Si ves a uno haciendo algo hay dos tonos, dependiendo de que lo que está haciendo te moleste o no. Supongamos que te está robando la moto, entonces con cara de cabreo, nada de amenaza ni de llamar a “los civiles”, le dices. ¿Qué pollas haces? Y él sabe que tiene que dejar la moto quieta. Si uno es muy vago, “ese se pisa la polla” o “es un pollafloja”.  Si me cuenta algo muy gracioso…mucho, “me parto la polla”. Y si algo no le importa a alguien “le suda la polla”. Dicho así y dulcificado con un “me la suda”, sin que eso sea ni mala educación ni lenguaje ofensivo. Lo mismo que si un vasco te dice “zorionak” o un mallorquín “molt d´anys”.

A mí me la suda la política española a día de hoy. Que hagan lo que quieran siempre que garanticen las pensiones  para no tener que estar atracando viejas como yo en los cajeros ni a las puertas de los “carrefures” – para eso tiene que haber trabajo, creación de riqueza, una cierta estabilidad social y un sistema recaudatorio efectivo-. Me la suda que Campechano siga diciendo, en ese exilio dorado y multimillonario, que va a volver pronto. Eso deja claro que aquí lo de la Igualdad ante la ley es una milonga. Me la suda que el Borbón reinante – con la nueva periodista reina, que manda más que el Cabo Colomera- monte una recepción monárquicamente publicitaria en Mallorca, con quinientas personas invitadas, con la frase mágica que inunda los circuitos neuronales de felicidad: “Esta to pagao”. Me la suda que Sánchez se vaya de vacaciones a Marruecos y deje claro  que “todo corre de su bolsillo”. Eso es tan verdad como que Yolanda  – me gusta esta ministra- viaja en taxi a las entrevistas de televisión.  No está mal que se vaya – como dicen los chistes en las redes- lo que está mal es que no se quede allí. ¿Acaso Aznar y Rajoy – lo mismo Feijoy si consigue gobernar- no van a veranear como presidentes del gobierno?  Feijoy no, por favor. ¡Dejaos de pollas! No va a ir un presidente de veraneo a la fonda del sopapo ¡Cojones!

¿Por qué me la suda todo esto? Porque, antes de salir para Gredos, donde me retiro del mundanal ruido, donde inicio mi vida como cisterciense levantándome al amanecer y acostándome – casto y puro a la fuerza porque el amor de mi vida me ha dejado tirado- cuando oscurece,  soy consciente de haber  vivido cuatro días en un resort literario, un paraíso, el mejor de España con diferencia.

Luis Roso, Amanda, Julio César el alcalde y todos los concejales y los voluntarios del Club de lectura han hecho de Moraleja y la Gata Negra, la referencia literaria de España, paso obligado para quien quiera ser algo en el mundo de la novela criminal, negra, sangrienta, agresora física, psíquica y sexual, el “true crime” que dicen los que saben inglés idioma que, en mis muchas limitaciones, ignoro por completo y, a mi edad provecta, no pienso aprender. No puedo olvidar a Leticia, de la Diputación de Cáceres, encargada del plan de sostenibilidad turística en la Sierra de Gata-las Hurdes. Nos ha acompañado en una excursión cultural de altísimo nivel: Cilleros – con mi club de fans literarias y todo, Montaña, Pilar, María y Navelonga, una pasada-; Hoyos – magnifico pueblo con casas centenarias extraordinariamente conservadas-; Acebo – un lujo de iglesia y de barrio judío-, con un guía sabio que contó algunas tradiciones viejas en el cristianismo y allí: a finales del siglo XVIII se inventaron a San Cornelio – eso mismo decía mi profesor el sabio jesuita Don Manuel Sotomayor del que ya he hablado-. Unos amigos llevan un cuerno en romería y campo a través hasta Portugal. Como la gente, antes y ahora, ha querido pan y circo, ya la tienen montada. ¡Viva San Cornelio!, patrono de unos que no puedo nombrar porque nos tienen el lenguaje secuestrado como cuando Franco y Fraga. Toma cartas la Inquisición y disuelve la romería. No quemaron a los romeros de milagro porque era muy popular y había que quemar a mucha gente.

Gata Negra, Moraleja, veo una chica rubia, alta, tipazo. Algo me dice que es mi gemela. Beatriz Osés, profesora de literatura y periodista. La muerte de su mejor amiga  – mi gemela como me pasó a mí con Antonio Asunción- le cambió la vida por completo. Se dio cuenta de que la vida es corta. Dejó la docencia y el periodismo e inició una andadura fructífera por la literatura. Beatriz, la primera impresión que da, es la de una mujer libre. Su protagonista estrella – es literatura para niños que es leída por los mayores- es Albert Zimmer, archienemigo y aliado de Erik Vogler. La trilogía de Albert Zimmer la cierra La muerte de Ofelia, en la campa  que un misterioso joven, adicto a la sangre y archienemigo del detective más friqui de todos los tiempos, el ya nombrado Erik Vogler. Beatriz, alta y delgada como su madre – sigue a esa canción- tiene cuerda literaria para mucho rato.

Otra gratísima sorpresa en la Gata Negra: Operación protector de Iñaki Sanjuan. La infiltración policial al descubierto. Este libro de realidad policial adentra al lector en  mundos desconocidos relacionados con el terrorismo, las mafias criminales y los agentes policiales encubiertos. Tres células yihadistas quieren sembrar el terror en Europa  – acuérdense Bataclan, Bruselas y buscan actuar en España-. Un agente encubierto se infiltra en las mafias rusas de la costa del sol para entrar en los canales del tráfico de armas y explosivos de los terroristas. Es una historia real que no edulcora el miedo y la presión que sufren los servidores del estado en estas misiones. Iñaki es inspector jefe de policía, no es un criminólogo de salón ni un fabulador, soñador desocupado -conozco alguno- que no tiene ni puta idea. Ojo, trabaja en esto y no torea unos cuernos atados al manillar de una bicicleta. Se enfrenta a morlacos de verdad. Sé de que hablo. La Operación protector la recomiendo vivamente al que quiera saber de qué va esta vaina.

Ana Ballabriga y David Zaplana, escriben a cuatro manos y son otros valores emergentes, perdón, consolidados, de la literatura negra. La ley del hambre es una novela negra con un toque fantástico. Una noche tormentosa el cabo de la Guardia Civil, Caín Alvarez  – llamar Caín al cabo ya nos da una idea de la negritud de la novela- Caín acude con su patrulla a la llamada de los vecinos de Candasnos, un pueblecito de los Monegros, que oyen gruñidos aterradores en una balsa. Un animal monstruoso les ataca cuando llegan y, en el agua, queda un brazo amputado. Caín – menudo nombrecito para el pobre cabo- descubre que esta víctima no es la primera ni será la última. Hay más casos escabrosos y raros en ese pequeño pueblo, en Candasnos. Sus piedras tejen secretos oscuros y difíciles de digerir. El tándem Ballabriga-Zaplana nos inquieta con su literatura.

Men Marías, paisana mía, granadina y abogada. Otra profesional que cambia su trabajo por la literatura – como Beatriz y como yo mismo que me jubilé con cuarenta años de trabajo y, pudiendo seguir en mi quehacer carcelero, me dediqué a escribir y andar en moto-. Men deja los lugares por los que andaba en sus novelas anteriores y se va nada más que a la plaza de Bib-rambla de Granada. Lo que arrastra la lluvia. Un padre y su hija mueren en un accidente de tráfico. La esposa y madre de los accidentados se ve en la ruina y en la calle en plena crisis económica. Recogida por Carmen comienza a vivir en esa magnifica plaza granadina. Una novela psicológica casi más que negra. Una autora joven y de la que vamos a seguir oyendo hablar durante muchos años.

La semana negra extremeña, la Gata Negra ha dado mucho de sí y se consolida como una de las grandes del panorama español. Entre tanta tontería imperante, entre tanto farsante aprovechado, entre tanto charlatán de feria que ni cuando miente dice la verdad – como algunas mujeres de que habla Sabina- es reconfortante ver a gente que se preocupa por la cultura, que potencia las librerías, que monta clubes de lectura y que gasta su dinero y su tiempo y su trabajo en llevar a buen fin estos festivales sublimes. La Gata Negra da fe de que hay esperanza, no todo es estupidez, postureo y analfabetismo.  No todo está perdido. De prisiones, putas y pistolas y El gato tuerto, han sido testigos estos días, en primera línea, de lo que digo.

Manuel Avilés con Beatriz Oses
Manuel Avilés con Men Marias y Felix (Delfines de Plata)

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