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José Ramón Domínguez Burrillo fue asesinado por la banda terrorista ETA tal día como hoy, hace 28 años

El 22 de enero de 1993, sobre las 07:45 horas, José Ramón salía de su domicilio de San Sebastián, para dirigirse a la prisión donostiarra, donde trabajaba como funcionario de prisiones.

Dos etarras lo estaban esperando en la calle y tras verle, se acercaron por su espalda, disparándole dos tiros, uno en la cabeza y otro en el cuello.

Tras unos veinte minutos en los que José Ramón se desangraba en el suelo, nadie le vio, debido a la oscuridad que había a esas horas, pese a haberse asomado algunos vecinos por el ruido de los disparos.

Fue un niño de 10 años, quien, dirigiéndose al colegio, lo encontró y dio la voz de alarma.

Los vecinos que bajaron se encontraron a José Ramón en medio de un charco de sangre.

Una ambulancia que se desplazó hasta el lugar intentó reanimarle, pero José Ramón ingresó muerto a las 9 de la mañana en el Hospital de la Cruz Roja de San Sebastián.

Dos tiros, uno en la cabeza y otro en el cuello

Una bala le había entrado por la sien, atravesándole la cabeza, y la otra entró por detrás de la oreja y salió por el cuello.

Gregorio Ordónez, concejal del PP, comentó en el lugar de los hechos que “las propuestas de reinserción o de negociación con ETA cargan las pistolas de la banda armada” y que “la única alternativa era encarcelar a todos los terroristas y que lo demás, a la vista de la actitud de ETA, es seguir haciendo el ridículo”.

Gregorio Ordoñez sería asesinado dos años y un día después.

Un encapuchado se acercó por detrás de Gregorio Ordoñez y disparó contra él mientras comía en el Bar La Cepa de la parte vieja de San Sebastián.

El asesinato de José Ramón tuvo un gran impacto en la prisión de Martutene, donde trabajaba, tanto para sus compañeros, como para los presos de la cárcel, donde había 22 presos de ETA.

“LAS PROPUESTAS DE REINSERCIÓN O DE NEGOCIACIÓN CON ETA CARGAN LAS PISTOLAS DE LA BANDA ARMADA”. GREGORIO ORDOÑEZ.

Tal era la buena imagen que tenían de José Ramón que, tras conocerse la noticia, las reclusas organizaron una colecta para enviar una corona de flores a su funeral.

Juan Antonio Olarra Guridi y José María Iguerategui Gillisagasti fueron declarados por la Audiencia Nacional los asesinos de José Ramón, si bien Iguerategui no pudo ser juzgado al morir, tras explotarle una bomba que llevaba en una mochila.

José Ramón tenía 35 años, era natural de Burgos y estaba soltero. En la prisión realizaba tareas de animador cultural y de asistencia a los reclusos con problemas.

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