El síndrome postraumático de los estudiantes supervivientes del incendio en Huelva

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Pilar_Enjamio_furelos_h50_colaboradora

El destino ha sido muy cruel y se ha cebado con diez jóvenes universitarios de la Universidad de Huelva con apenas veinte y pocos años especialmente provocando la muerte de tres de ellos por inhalación de humo. Un incendio fortuito, supuestamente, debido al incendio provocado por una estufa.

Los estudiantes de la Universidad de Trabajadores Sociales celebraban el final de los exámenes cuatrimestrales y para ello se reunían a celebrarlo en un piso compartido con la intención de quedarse a dormir en el mismo. Tres de ellos eran Daniel, de Lebrija en Sevilla además de Andrea de Huelva y Sara de Badajoz. Daniel, como buen sevillano, dicharachero y empático, volvió para salvar a las dos chicas y su vida se trunco con la de ellas.

Jóvenes, con proyectos y futuro y llenos de ilusiones que se revirtieron brutalmente. Los siete compañeros que salvaron la vida sufrirán el síndrome postraumático y se plantearán su esquema vital. La vida les ha dado una segunda oportunidad pero el recuerdo del horror y huir y salvar su vida acaso les haga cuestionar si hubiesen podido salvar a sus compañeros. No son culpables de nada pero este episodio quedará para siempre grabado en sus vidas. Quizás sufran pesadillas e insomnio porque la tragedia se revive en su subconsciente y tendrán miedo a acudir a un piso o estarán a alerta en su casa o cualquier lugar desarrollando episodios de ansiedad. También puede ser que la universidad y estudiar un grado se vean desde ahora asociados a un episodio dramático. Pero deben seguir su vida sin cambiar de estudios y recordando a sus compañeros porque ese es su mejor homenaje, el continuar con esos proyectos que sus compañeros ya no podrán tener.

Recuerdo el accidente del tren ferroviario Álvia a su entrada en Santiago de Compostela y jóvenes cuyos cuerpos fueron hallados calcinados.  No solo las familias y las víctimas vivas sino los psicólogos, agentes y el propio pueblo de Angrois que prestaron una primera y básica asistencia ayudando de forma continua con mantas, comida siguen recordando cada vez que pasa el tren lo sucedido aquel día en la curva donde descarriló. Estas personas pueden llegar a susfrir ansiedad al escuchar que se aproxima un ten y zumbidos en los oídos.

Toda la Universidad onubense y toda Huelva llora a tres jóvenes que serían futuro de una sociedad y personas únicas e irrepetibles pero han dejado su amor y su esencia a su familia, a compañeros y profesores y seguirán muy vivos en su aula. En la silla en la que se sentaban y en el corazón de lo que le amaron y seguirán amando porque se quiere con el alma y el alma nunca muere.

“Un recuerdo a tres jóvenes excepcionales y la suerte de sus compañeros de haberlos conocido”

Autora: Pilar Enjamio Furelos, psicóloga

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