El pequeño Nerón: crímenes imperfectos

Columna; Desde el Rompeolas - h50 Diario Digital Policial BRAU LÓPEZ

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En ésta montaña rusa que es la vida, hay personas que piensan que se van a quedar para siempre en la parte de arriba disfrutando de las vistas y nunca van a descender. Un ego inconmensurable les coloca en las alturas de un inexistente pedestal y su falta de objetividad les permite contemplarnos como seres minúsculos apenas perceptibles.

Así parecía ver las cosas César Román, el autoproclamado “Rey del Cachopo”.

El Nerón moderno

Lo que para éste individuo despótico eran algunas de sus cualidades más significativas, para los  criminólogos no son otra cosa que factores que denotan una supuesta personalidad psicopática. Narcisismo, irascibilidad súbita, falta de empatía o negación de responsabilidad ante sus actos son solamente una pequeña muestra de los aspectos más sobresalientes de la personalidad de César Román.

El caso.

Recordemos que todo empezó a raíz de la  denuncia de desaparición de Heidi Paz, y en la que se ponía el foco sobre César, quién en ese momento era su expareja. El desconcierto inicial tardó poco en esfumarse. Los investigadores darían con la clave en la requisa policial efectuada tras el incendio de una nave industrial propiedad de César. Durante la inspección de la misma saltaron todas las alarmas al aparecer una maleta conteniendo en su interior un torso humano. El artífice de aquello sabía muy bien lo que hacía, pues se tomó muchas molestias en mutilarlo y rociarlo con agentes químicos para dificultar su posterior identificación.

El macabro hallazgo dió un vuelco a la investigación.

La huída de César.

Al conocer que las primeras pesquisas sobre el asesinato de su exnovia Heidi Paz apuntaban hacia él como presunto autor, César se borró del mapa.

Fiel a su maquiavélica personalidad César engañó de nuevo a todo el mundo. Con artimañas y tretas propias del psicópata, cambió varias veces de identidad y disimuló su apariencia física para iniciar una nueva etapa trabajando como cocinero en un bar de Zaragoza. Un tipo que salía a diario en las secciones de sucesos de los programas de televisión de más audiencia fue capaz de engañar a aquellos con los que compartía nuevas rutinas. La enmascarada no le iba a durar mucho tiempo más.

La investigación.

Aún con el principal sospechoso sustraído de la acción de la policía, la investigación policial y judicial se desarrollaba a buen ritmo permitiendo atar cabos en un caso verdaderamente siniestro.  Con suma premura se procedió a realizar las pruebas de ADN tendentes a identificar la identidad del cuerpo hallado. El resultado final del laboratorio fue demoledor. En el informe forense quedaba certificado que el torso humano encontrado en la maleta coincidía en un 99% el ADN de su exnovia Heidi Paz.

Localizado en la capital aragonesa, el principal sospechoso fue detenido e ingresado en prisión. El Rey del Cachopo quedaba destronado y desahuciado de su cocina.  un personaje tan singular e histriónico no iba a dejar pasar la oportunidad de hacerse notar en prisión. César Román añadía un despropósito más a su lista denunciando ser víctima de una conspiración. Las acusaciones directas sobre las instituciones penitenciarias, judiciales y policiales las fundamentaba en unas supuestas escuchas ilegales realizadas mientras mantenía conversaciones privadas con su abogado. En su particular argumento aludía que la red mafiosa obtenía información para posteriormente estorsionarle. Todo presuntamente urdido para conseguir más pruebas que sirvieran de cara a agravar su condena.

Estridencias Cordón Bleu.

El que a vista de todos se había afanado en conseguir fama a toda costa haciéndose ver como reputado empresario y prestigioso cocinero, resultó ser un egocéntrico manipulador que conseguía todo aquello que se proponía sin tener remilgos en utilizar medios muy poco ortodoxos. El fin justifica los medios, debió ser un lema grabado a fuego para el Rey del Cachopo. Las malas artes de éste fulgurante cocinero iban mucho más allá de supuestamente amañar concursos culinarios. Eran conocidas las polémicas y continúas discrepancias que César mantenía con algunos de sus colegas de profesión.

La caída del pedestal.

No hay crimen perfecto y no hay criminal que no cometa errores. Creerse por encima de los demás y sentirse empoderado a niveles estratosféricos le hicieron caer en su propia trampa. El presunto asesino creyó que si el cuerpo de Heidi no aparecía, el caso terminaría siendo una más de tantas desapariciones que se pierden en el tiempo cayendo en el olvido. El error del criminal y el acierto de los investigadores dieron al traste con las pretensiones de César.

Y al igual que el emperador Nerón, el Rey del Cachopo fue derrocado. Dos amantes del fuego que sucumbieron a sus continuas estridencias. Ambos, con un enorme afán de notoriedad cayeron presa de su ego desproporcionado.

 

Desde el Rompeolas – h50 Diario Digital Policial BRAU LÓPEZ

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