Doña Baldomera Larra y las estafas piramidales

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Por Martín Turrado Vidal para h50 digital

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La inventora de en España de las estafas piramidales fue la hija mayor de Mariano José de Larra, Baldomera, que tenía cuatro años cuando se suicidó su padre.

El caso fue que Doña Baldomera Larra, casada con un médico cirujano, Carlos de Montemar, médico personal de Amadeo I de Saboya, se quedó sola en Madrid y con pocos medios para atender a su subsistencia, porque su marido, cuando abdicó ese rey temió ser objeto de represalias y se enroló en el Ejército, marchándose a Cuba. Sus necesidades y de las de sus cinco hijos fueron subiendo de grado y se veía impotente para atenderlas. Ella misma lo confiesa y así se recoge en la Sentencia del Juez de 1ª Instancia: Que según manifestación de la doña Baldomera Larra, el mismo objeto que la llevó a recibir préstamos de dinero fue la escasez de recursos en que se encontraba, obligándola a tomar algunas que otras cantidades, por las que pagaba crecidos intereses; y como su estado de penuria continuara, teniendo que cumplir las obligaciones antes contraídas, admitió sus peticiones alcanzando dinero pero subiendo siempre los intereses, hasta que no tuvo necesidad de pedir si no que venían a ofrecérselo a su casa, dedicándose entonces a continuar para cumplir sus compromisos en cuanto le fuera posible”.

 En 1876 se le ocurrió una brillante idea: pidió una onza de oro a una vecina suya, con el compromiso firme de devolverle dos al cabo de un mes. Así lo hizo, cumpliendo religiosamente con el contrato. La vecina un tanto cotilla hizo correr la voz del milagro realizado, y siguieron llegando las onzas al poder de Doña Baldomero, que siguió cumpliendo su promesa.

Fundó una institución a la que llamó “Caja de Imposiciones” y estableció una oficina bastante decente primero en la actual calle Madrazo (entonces se llamaba Gredas), después la trasladó a la Plaza de la Cebada y terminó ubicándola en la calle de la Paja, con su administrador, Saturnino Isiegas Lardizábal y sus tres empleados. Se la empezó a llamar “madre los pobres”, como si fuera un antecedente de Teresa de Calcuta.

¿Qué hacía la buena de Doña Baldomera?  Pues una cosa muy simple: pagar a los “viejos” impositores, con el dinero que traían los nuevos. No podía invertir ese dinero en nada que produjera el interés que ella prometía del 30 % al mes en ninguna parte. Hasta que llegó un momento en que el tinglado estalló por la sencilla razón que ya ha quedado expuesta: como por cada onza que entraba, tenía que pagar dos, necesitaba dos impositores nuevos por cada onza que devolvía. Llegó pronto el día en que en Madrid ya no existían físicamente esos nuevos impositores, por lo cual el sistema desde sus orígenes estaba abocado a la quiebra. Obviamente no toda la gente veía de una forma tan clara la ganancia y pensaban que había gato encerrado. A la pregunta de ¿cuál es la garantía que usted ofrece? Ella respondía; “el viaducto”, que no era más que un puente de la calle Bailén de Madrid, famoso por el gran número de personas que lo habían elegido para suicidarse.

Todo este montaje financiero explotó cuando un 4 de diciembre de 1876 un carbonero fue a retirar los fondos que tenía depositados en la Caja de Imposiciones, la entidad que había creado Doña Baldomera y los empleados se los negaron. Dos días antes, Baldomera había abandonado Madrid se dejar ni rastro. La causa por la que se rompió la cadena también quedó clara en la sentencia: “Que no llegó a dar colocación a los fondos que recibió porque cuando pensó en ello, ya entraban menos que salían a causa de la guerra que le hizo la prensa, y que ninguna persona intervino en sus asuntos ni al principio ni al fin, cuyos hechos se declaran probados”.

Al enterarse de lo sucedido esto, más clientes se acercaron a la entidad a intentar rescatar sus fondos y al encontrarse con la negativa, comenzaron las movilizaciones y las autoridades intervinieron. Al hacerlo vieron que el dinero se había esfumado y en el piso apenas quedaban 9.000 reales. Detuvieron al administrador, después de una ardua pesquisa, porque se había fugado a Valencia, pero poco más ya que no había ni libros de contabilidad ni otro tipo de documentos.

Al cabo de los meses fue detenida en Auteil, cerca de París bajo una identidad falsa de Madame Varela y extraditada a Madrid. En mayo de 1879 fue condenada a seis años de prisión por alzamiento de bienes, fallo que confirmó la Audiencia. Anunció un recurso de casación, pero a última hora, enferma y en la cárcel, desistió de él. El asunto llegó al Supremo de la mano del defensor de Saturnino Isiegas, secretario de Baldomera, condenado como cómplice.

En una sentencia, dictada el 1 de febrero de 1881,  se absolvió tanto a Baldomera Larra como a Isiegas. «Es indudable que no participa de todos los requisitos que la ley exige para constituir el delito por cuanto al abrir doña Baldomera Larra, sin autorización de su marido, la caja de imposición ofreciendo a las imponentes ganancias tan pingües (…) semejantes actos no pudieron constituir obligaciones legítimas», dijo el Supremo, para el que los hechos eran una «trascendente inmoralidad, pero no sujetos a la acción de los tribunales». Doña Baldomera fue puesta de inmediato en libertad. Pero el daño patrimonial infligido a muchísimas personas quedó impune. El Juez de Primera Instancia lo describía así:

 “8. Resultando que mandado que por el actuario se formase un estado con referencia a los libros o cuadernos ocupados a la doña Baldomera Larra para conocer; en cuanto fuese posible, los créditos que contra ella aparecieran, tuvo lugar la extensión del indicado estado que arroja, se habían impuesto desde   el 11 de Setiembre al  de Diciembre de 1876, treinta y siete millones setecientos quince mil seiscientos diez reales, devueltos veinte millones noventa y siete mil    ochocientos ocho según aparece de dichos libros, debiendo, por consiguiente,   diez y siete millones seiscientos diez y siete mil ochocientos dos reales; y la defensa manifiesta se adeudan a doña Baldomera Larra tres millones doscientos mil novecientos doce reales, tomando por base los treinta y siete millones setecientos quince mil seiscientos diez reales ingresados, abonando en cuenta, entre otras partidas, seis millones doscientos diez y seis mil doscientos diez y seis mil novecientos nueve reales por recibos pagados desde el 11 de Setiembre al 2 de Diciembre de 1876, los que se refieren a cantidades ingresadas antes de dicha fecha”.(Sentencia del Juez de 1ª Instancia)

De esta forma, Doña Baldomera Larra consiguió así el dudoso honor de figurar entre los mayores estafadores de este país, pues se calcula que su estafa se elevó a unos doce millones de pesetas de entonces. Para que hacerse una idea de lo que representa esa cifra, se va a comparar con algunos datos, de ese mismo año, 1876. Esa cantidad era mucho mayor que todo el presupuesto asignado a la Policía ese año, e igual que el destinado al mantenimiento de la Guardia Civil. Ella solita robó mucho más que todos los bandoleros románticos juntos y, desde luego, mucho más que todos los rateros de Madrid durante los 25 años primeros de la Restauración. Por poner solamente un ejemplo: el más célebre carterista de la Restauración, Federico Laveruy, el primer delincuente internacional español, que pasó largas temporadas en Marbella y en Italia, no llegó a robar a lo largo de toda su carrera delictiva la cifra de 100.000 pesetas.

Puesta en libertad el uno de febrero de 1881 se marchó a Cuba con su marido donde vivió hasta que enviudó. Regresó a Madrid y según unos autores se instaló en casa de su hermano Luis Mariano y según otros en la de su hermana Adela. Cambió de nombre para pasar a llamarse “la tía Antonia”, como mejor forma de borrar el pasado. Murió en 1915, a los 78 años. Como recuerdo de su hazaña han quedado para la historia dos canciones: “El gran camelo” y “Doña Baldomera”.

No hay mejor conclusión para ese episodio que el que sacó en su día la revista “La Moda”: “En último caso todos los imponentes iban a ver si mientras doña Baldomera se escapaba, tomaban dinero. Muchísimos han doblado su capital; los demás no han reclamado. Este asunto ha pasado ya a ser una cosa perdida, y si doña Baldomera ha encontrado doce o catorce mil tontos, en lugar de castigo, se la debía de dar una serenata por conquistadora. La verdad es que se le prestaba dinero para sus obligaciones y se hacía alarde de conocer la trampa. Era una sociedad de camelos mutuos”. 

O mejor aún en estos versos que corrieron por el Madrid de la época:

El dinero que era nuestro
Baldomera se llevó
Baldomera ha aparecido
Pero,  nuestros cuartos, no.

Artículo de Martín Turrado Vidal para h50 digital.

  • Licenciado en Filosofía y Letras, rama de Historia, por la UNED (1981)
  • Máster en Documentación (1993).
  • Cronista Oficial de Valdetorres de Jarama
  • Vicepresidente del  Instituto de Historiadores del Sur de Madrid, “Jiménez de Gregorio”.
  •  Vocal de Publicaciones del Foro para el Estudio de la Historia Militar de España.

Nacido en 1945, en Quintana y Congosto (León). Ingresó en el Cuerpo General de Policía, en 1973, llegando dentro del C.N.P. a la categoría de Inspector Jefe. Su primer destino fue Bilbao (1973-1976), después Madrid, hasta su jubilación. Ha pasado la mayor parte de su vida profesional en el Área de Documentación y Publicaciones de la Secretaría General Técnica del Ministerio del Interior. En otros cortos periodos de tiempo desempeñó los cargos de Jefe del Archivo de la Secretaría de Estado de Seguridad y de la Biblioteca de la División de Formación.

Ha investigado desde el año 1981 en la historia de la Policía, materia sobre la que ha publicado y sigue publicando numerosas obras y artículos y continúa dando conferencias. Entre estas obras están:

  • Orígenes y creación de la Policía española (1982) por la Dirección General de la Policía. De esta obra hizo años después una segunda edición el área de documentación de la Secretaría General Técnica.
  • Introducción a la historia de la Policía, 1766-1873. División de Formación de la Dirección General de la Policía. 1985
  • La policía en la historia contemporánea de España, 1766-1986. Secretaria General Técnica del Ministerio del Interior 1993. Se hizo una segunda edición por el mismo organismo en el año 2000 y la editorial Dykinson, pero muy ampliada y corregida sobre todo en lo que respecta al siglo XX.
  • Dos estudios sobre la creación del Ministerio del Interior. Número extraordinario de la Revista de Documentación, 2002.
  • Policía y Delincuencia a finales del siglo XIX. Edición realizada por estas dos últimas editoriales el año 2001
  • De Malhechores a gente de orden. Una partida bonapartista cordobesa. Por la Fundación Policía el año 2005
  • Estudios de Historia de la Policía. Tomo I. Se hizo una primera edición el año 1986. Por la Secretaría General Técnica del Ministerio del Interior. Y una segunda, el año 1991.
  • Estudios sobre historia de la Policía tomo II. Secretaria General Técnica del Ministerio del Interior. Y una segunda, el año 1991.
  • Estudios sobre historia de la Policía, III. Visionnet. Madrid. 2006. Estos tres tomos son recopilaciones de artículos aparecidos en distintas revistas.
  • Las instituciones de seguridad en el reinado de José I Bonaparte. Dykinson 2012. Este libro consiguió la máxima ayuda a la edición concedida por el Ministerio de Cultura el año 2011. Se editó en 2012.
  • La policía en el banco de pruebas 1831-1873. Editorial: Foro para el Estudio de la Historia Militar de España,
  • La vida alegre en el Madrid de la Restauración. Se han hecho varias reimpresiones y reediciones. La última por el Foro para el Estudio de la Historia Militar de España en 2020.

De los artículos publicados ha habido algunos que han tenido una gran acogida, y alguno de ellos ha causado un cierto impacto. Han sido, “Larra y la Policía”, “Un atentado sangriento” (el de la boda de Alfonso XIII) y “Notas para la historia de la seguridad privada” y “Meléndez Valdés y la literatura de sucesos”.

 En este apartado ha participado, sugiriendo la edición de ciertos libros y preparando su edición dentro del servicio de publicaciones de la Secretaria General Tecnica del Ministerio del Interior. Entre ellos están: Piltrafas del arroyo de Roberto Bueno, Instrucciones a los subdelegados de Fomento, de Javier de Burgos, Manual de las secciones de Orden Público o el Ministerio de la Gobernación durante la revolución de 1968.

El segundo tema de su investigación está relacionado con la historia local, ha publicado, “Por mis tierras de León”, vivencias y recuerdos del autor; “Valcabado del Páramo: retazos de historia” y “Villamontán de la Valduerna y Quintana y Congosto”.   Otras obras son “Valdetorres de Jarama, una mirada al pasado”, y “Entre Alcaldes y hortelanos” y dirigido tres números de la revista “Cuadernos de Historia de Valdetorres de Jarama”.

Ha participado en varios congresos internacionales sobre la Guerra de la Independencia en Sevilla, Córdoba y Valencia. Colabora asiduamente en las revistas Ciencia Policial y Policía. Colaboró en la revista “Madrid Histórico” y en la extinguida “Revista de Documentación” de la Secretaría General Técnica del Ministerio del Interior.

Ha intervenido en el programa “Aquí no hay playa de Onda Madrid” y en las series de TVE “La España de Víctor Ros” y “Águila Roja”, en su parte documental.

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