Bicentenario de la Policía Nacional: La Gloriosa (I). 1868-1870. Período inicial.

Columna del historiador Marín Turrado Vidal para h50 Digital

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La revolución de 1868, “La Gloriosa”, es, seguramente, uno de los acontecimientos históricos que más repercusión han tenido en la historia contemporánea de España. Por lo que respecta a la Policía, parece que existe unanimidad en que la Policía, es decir, el Cuerpo de Vigilancia, fue suprimido durante algún tiempo, hasta 1870, como consecuencia de ella. Hasta ahora nadie se ha molestado en confirmar si esta afirmación es verdadera o falsa. Hoy toca someterla a crítica, desde un punto de vista únicamente de las disposiciones legales promulgadas. Conviene mucho hacerlo, porque ha sido un argumento recurrente utilizado por algunos contra la celebración del bicentenario por el Cuerpo Nacional de Policía.

En este corto periodo de tiempo se promulgaron varios decretos. La mayor parte  afectó solamente a la Policía de Madrid. Hubo  muchos bandazos en ellos sobre un tema, que ha estado en discusión durante mucho tiempo: la militarización del Cuerpo de Vigilancia o del de Seguridad, que se comenzó a gestar, como se va a demostrar, en esta etapa.

En el período de tiempo comprendido entre el 28 de septiembre de 1868 y 1 de junio de 1870 no se han encontrado muchas referencias al Cuerpo de Vigilancia. Únicamente alguna Junta Provincial, como la de Córdoba[1] , decidió, ante sí o por sí, suprimir la Policía en aquella capital. En otras ciudades, sus juntas decidieron, como la de Sevilla, el 6 de octubre, que “bajo el nombre de Guardia de la ley, se va a reorganizar, por el gobierno civil, la antigua policía”[2]. Es decir, se iba a nombrar a nuevos policías en sustitución de los antiguos.

Se disolvió la Guardia civil veterana por un decreto del gobierno provisional de fecha 20 de octubre de 1868[3]. La razón fue su actuación tres años antes, en la noche de San Daniel, de la que los demócratas guardaban muy mal recuerdo. Los sucesos que siguieron a esta disolución, explican los bandazos –en cuanto a la militarización-  en la organización de la Policía, empezando por la creación del Cuerpo de Orden Público en Madrid;  su expansión a todo el territorio nacional y que se resaltara tanto su única dependencia del Ministerio de la Gobernación.

Hay constancia fidedigna de actuaciones de la policía en muchas provincias. Vayan algunos ejemplos. En Burgos ocurrió un hecho muy grave: “se ha amotinado el pueblo y ha sido asesinado el gobernador y herido el inspector de vigilancia”[4]. En Valencia fue detenido por un alcalde de barrio, pero el gobernador mandó que fuera puesto inmediatamente en libertad[5]. En Oviedo fueron detenidos ocho obreros que estaban trabajando en el ferrocarril, que se habían amotinado para que les pagasen los salarios. Lo fueron por “la actitud adoptada ante el inspector de vigilancia, el alcalde del concejo y cuatro parejas de la Guardia civil”[6]. En Ávila hubo un incidente entre el gobernador civil y el obispo. El gobernador quería que se celebrara con repique general de campanas la promulgación de la Ley Fundamental, la constitución. El obispo se negó diciendo que no lo creía conveniente, pero, “entonces, el gobernador mandó a un inspector de vigilancia que diese cumplimiento a la orden”[7].

Abundan las referencias al Cuerpo de Orden Público en Madrid. La razón no puede ser más obvia. Disuelta la Guardia civil veterana –el Tercio de Madrid, como se llamaba en ese momento-,  el Cuerpo de Vigilancia se quedó sin el cuerpo uniformado, que formaba parte suya[8].  Por ello, se puede deducir, que el nuevo cuerpo sustituyó al que había sido disuelto. Existe un folleto, muy pequeño, firmado por Moreno Benítez, el gobernador civil de Madrid, el “Manual para el servicio del Cuerpo de Orden Público en Madrid”[9], publicado el día 1 de abril de 1869, en el cual se explicaba muy claramente, para qué había sido creado el Cuerpo. El artículo 1º decía:

Esta corporación ha sido creada para dar paz y protección al vecindario; para vigilar por su bienestar y tranquilidad, persiguiendo al delito dondequiera que se esconda; para la persecución incesante de los criminales; para evitar los escándalos, las riñas y desmanes; para corregir todo aquello que ofenda a la buena moral de las costumbres, y, por último, para impedir cuanto produzca perturbación en el orden  público”.

 El decreto  de 1 de junio de 1870[10] “reorganizando el cuerpo de orden público de la provincia de Madrid”. El título resulta engañoso, porque este decreto fue mucho más allá de una reorganización de ese cuerpo. De hecho procedió al revés de lo que venía sucediendo. La Guardia civil veterana a la que sustituyó se integró en el Cuerpo de Vigilancia según el artículo primero de su reglamento de servicio: “La fuerza organizada militarmente que forma parte del Cuerpo especial de Vigilancia de esta corte, según lo dispuesto en el Real Decreto de 29 de octubre de 1858, se denominaría Guardia civil veterana de Madrid”[11]. En este decreto sucedía al revés, era el Cuerpo de Vigilancia el que sería absorbido por el de Orden Público. Lo que demostraría su continuación con la situación anterior. Esta solución para Madrid, fue tomada como modelo para hacer lo mismo en todas las provincias.  Se justificaba esta medida en sucesos ocurridos en los comienzos del período revolucionario:

“La apremiante necesidad de restablecer y garantir el orden público para poner a salvo los más sagitados intereses de la sociedad fue causa de que el actual Cuerpo de Vigilancia se organizase con precipitación en medio de los trastornos consiguientes a una gran crisis revolucionaria. Verificada, pues, la organización con la rapidez que las circunstancias exigían, fue imposible  cambiar por completo la base en que de antiguo descansaba el servicio de orden público, e imposible también poner este importante ramo en perfecta armonía con los principios de gobierno que son fundamento de la política actual”.

Todo para venir a concluir que la organización se hizo a través de un mero cambio de personas, sustituyendo a los antiguos policías por otros nuevos más adictos al nuevo régimen político. Confirman esta suposición varios hechos. Por ejemplo, en Madrid  “por inspectores del cuerpo de Vigilancia Pública han sido detenidos más de cien individuos,… por vagos e indocumentados”[12]. Un individuo se presentara ante el presidente de la Junta Revolucionaria del distrito del Congreso para pedirle “socorro para unos desgraciados pertenecientes a la antigua policía…para salir de Madrid por verse amenazadas sus vidas”[13]. El motivo era claro: habían sido declarados cesantes y temían por sus vidas, pues se encontraban indefensos.

Este Decreto puso, de hecho, fin a esa dualidad. Desde él, en adelante, solamente existió en Madrid el Cuerpo de Orden Público. Además de cambiarle el nombre, este decreto militarizó completamente a ese cuerpo. Fue un error que tuvo que ser rectificado posteriormente.

No se quedó ahí. Redujo drásticamente el presupuesto en tres capítulos: personal,  jefatura y sueldos. La reducción de personal fue sumamente drástica. No podía resultar beneficiosa de ningún modo. La Guardia civil veterana era muchísimo más costosa, pues tuvo una plantilla que, en los últimos años, alcanzó los mil quinientos efectivos – aunque ésta no estuvo cubierta enteramente casi nunca-. La del Cuerpo de Orden Público quedó reducida en Madrid a quinientos treinta dos, es decir, a una tercera parte.

Lo importante en la exposición de motivos del decreto, que se está comentando es que confirmó que el Cuerpo de Vigilancia estaba actuando en Madrid y en toda España. También se deducía, como hemos probado, de las noticias recogidas por la prensa. Había un párrafo, en que se declaraba la intención de extender esta reforma a todas las provincias y, de no ser así, carecería completamente de sentido, resultando ininteligible: “en tanto que reúne los datos necesarios para aplicarla con acierto y regularidad a todas las provincias de España[14]”.

De nuevo nos encontramos ante una lectura defectuosa de la Gaceta. Se da por sentada como verdad la supresión de la Policía siguiendo la opinión de algunos autores. Después el error, basándose en este argumento de autoridad, cosa que, al escribir historia, es el último recurso, se repite e incluso se agranda, como pasa con los rumores. Lo chocante, en este caso, es que  a estos expertos en la historia del siglo XIX y apóstoles ilustres de la Gaceta, que presumen de  ser sus únicos y autorizados intérpretes, no hayan caído en estos detalles y repitan, incasablemente, una y otra vez, cosas que se imaginan que dice, pero que, en sus textos, son imposibles de encontrar. Estos son, también, los que acusan a otros de reescribir la historia; les dedican adjetivos peyorativos –con insultos incluidos-  y les ponen etiquetas…

[1] El Imparcial, 1 de octubre de 1868

[2]  El Pensamiento español, 14-10-1868

[3] Gaceta de Madrid, 22 de octubre de 1868. “DECRETOS. El Gobierno Provisional ha tenido a bien disponer lo siguiente: Artículo único. La fuerza veterana de Guardia civil que presta el servicio en Madrid se distribuirá en los tercios del instituto. Madrid 20 de Octubre de 1868. El Ministro de la Guerra, Juan Prim” .

[4] La Discusión, 26 de enero de 1869. El inspector se apellidaba Mendívil y había sido torero. También fue desarmado en el tumulto. El Pensamiento español, 28 de enero de 1869

[5] La Correspondencia de España, 17 de marzo de 1869.

[6] El Pensamiento español, 24 de marzo de 1869.

[7] El Imparcial, 6 de junio de 1869.

[8] Según el Reglamento de la Guardia Civil Veterana, ésta formaría parte del Cuerpo de Vigilancia (art.1º), recibirían las ordenes para el servicio del Gobernador Civil de la provincia a través del Inspector de Vigilancia (art.5º). (Gaceta de Madrid del 13 de febrero de 1858).

[9] Madrid, 1969. Imprenta J.M. Ducazcal, 7 págs.

[10] Gaceta de Madrid del día 3 de junio 1870, “Decreto reorganizando el cuerpo de orden público de la provincia de Madrid”.

[11] Reglamento para la ejecución del decreto de 29 de octubre de 1858, en relación al servicio de la fuerza organizada militarmente que forma parte del Cuerpo especial de Vigilancia de Madrid”. 10 de febrero de 1859. Gaceta de Madrid, 13 de febrero de 1859.

[12] La Época, 15 de enero de 1869.

[13] El Centinela del Pueblo, 6 de noviembre de 1868.

[14] Gaceta de Madrid, 3 de junio de 1870

Martín Turrado Vidal

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