Antropología política o … tratado de la gilipollez

Columna de Manuel Avilés, escritor y director de prisiones jubilado, para h50 Digital

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¡Señor llévame pronto, por favor!  ¡No aguanto ni un segundo más esta mierda!

A principios de los dos mil, Lassaletta, ex alcalde de Alicante, en los desayunos en que impartía catequesis en el Centro Comercial del Cabo de las Huertas, hablaba como arrobado  – con perdón- de Ábalos, un maestro de escuela  – dignísima profesión pues magister es el que más y minister el que menos-. Ábalos, el maestro de escuela que nunca dio clase  – creo-,  era un referente del socialismo valenciano y un hombre emergente. Ábalos me ha dejado “ojiplático” porque un señor ministro, líder político, prohombre nacional y más cosas….no puede decir “yo no sabia nada”. Usted delega los distintos menesteres, delega las funciones, pero no delega la responsabilidad. Nunca el que manda puede escudarse en que no conocía a quien colocó. Si no lo conocía debería haberse informado.

En estos días he  oído decir   – a Bendodo incluso que, en tanto que integrante de la derecha que ha metido la pata y la mano mil veces, como la ultraderecha – desde Zaplana a Rato y no sigo con la lista-  he oído decir que el tal mastodonte Koldo era  portero de un puticlub. Lo he oído en varios medios. Vamos a ver: si  eres ministro, antes de nombrar a alguien te tienes que documentar sobre esa persona. Tú no puedes nombrar director general de la infancia a un pederasta. No puedes nombrar abadesa de Las Huelgas a la que  fue Madame de la Barra Americana las Tigresas lujuriosas. No puedes hacer arzobispo a un asesino en serie, salvo que seas un Borgia,  ni puedes  ministro de hacienda al líder de Gescartera o a Ruiz Mateos, en el caso de que resucite.

¡A quien cojones se le ocurre nombra asesor del Ministerio de Fomento y luego Jefazo de Renfe – así va la Renfe- a un tipo que solo acredita ser aizkolari, hombre del partido, portero de puticlub, escolta condenado e indultado por dar una paliza y no sé si algo más!  ¡Cojones! Belloch me tendría que haber nombrado a mi Director del Grupo de Codificación para renovar el Código de las Siete Partidas, el Derecho Romano en bloque y los Códigos Napoleónicos por no hablar de los Procedimientos de la Inquisición que atesora la Biblioteca de los Libros Felices de la que soy ministro de Propaganda del Régimen Donbiblista. Ese cargo,  quede claro, como todos en la Biblioteca de los Libros Felices no tiene remuneración ni  puedes firmar contratos millonarios para llevarte comisiones.

El tal Koldo emergió en Navarra.  Aupado a guardar las papeletas que avalaban a Sánchez  – cuando todos lo idolatrábamos como  luchador contra los aparatos oxidados del socialismo- emergió arropado por otro señor con un expediente académico apabullante: el electricista, jefe de mantenimiento Santos Cerdán. Se ve en más de media docena de fotogramas a su alrededor. ¿El ministro no se informa? ¿Sabe de él algo más que el hecho de ser un hombre para todo en el partido y estar avalado por el que ahora es el Secretario de Organización, puesto que ocupaba Ávalos?

Sin acusar, como mínimo, es una  imprudencia. Vamos a ver, si usted necesita un gestor, con lo complicada que es la ley en materia de sociedades, partidos políticos, derecho civil, penal, administrativo, constitucional, etc… ¿Cómo se le ocurre coger a un aizkolari? ¿A un  electricista?  Y reitero mi admiración por los que parten troncos de ese tamaño y los que manejan la luz, algo que escapa a mi conocimiento. Bueno, a mi conocimiento escapa todo porque solo he sido  carcelero, ahora jubilado que no tiene ni puta idea de nada. Por eso no me meto a dirigir ningún partido ni a hacer contratos de mascarillas para luego comprarme unos apartamentos en Benidorm. Y no hablo de nadie que todo es presuntamente.

Aquí rige el principio del cura de mi pueblo – un avaro con novia formal- cuya oración favorita era: Señor  – no me lleves pronto- ponme donde haya, que de cogerlo me encargo yo. Hay  que  aprovechar las oportunidades, no como otros – yo mismo- que nos lo ponen  a huevo y no tenemos ni idea de cómo meterle mano. En mi pueblo  – además del cura con novia formal que a la vez que la confesaba a ella, se absolvía a sí mismo- había -no sé qué diría de esto Munilla y su sacristán de la concatedral, ante el que he visto arrodillarse a universitarios como si fuera el  mismísimo cuadrito de la santa  faz-. Había, arranco de una puta vez, una mujer que se casó y se divorció tres veces. Después de divorciarse del tercer marido, se hizo amante  del segundo. De ese llevaba casi diez años divorciada, los mismos, casi, que estuvo casada con el tercero. Preguntada con asombro por esa maniobra inaudita, respondió tremebunda:  Aprovecho las oportunidades. Hay que hacer caso de la experiencia. Mi segundo marido, como marido era una mierda, pero como amante…el mejor que he tenido. Eso es una clase magistral para Koldo: oportunidad aprovechada.

Yo, aprovechando mi paso por la Universidad  – aunque ella no pasara por mi. Así me veo ahora, feo, viejo y pobre, sin un puñetero apartamento en Benidorm para reposar después de bailar los pajaritos con María Jesús y su acordeón-, aprovechando, voy a escribir un tratado de “Antropología Política”. ¡Pa forrarme de una vez, cojones!

Los políticos  – he tratado a muchos y solo se salvan unos cuantos: Belloch, Asunción, Gallizo, Felgueroso….- cuanto más torpes y más indocumentados, son más atrevidos.

Más de ocho docenas he conocido con el síndrome famoso del Espíritu Santo, ese que, en el colmo de la fabulación bajó sobre las cabezas  de los apóstoles en forma de lenguas de fuego  – pregúntenle a Munilla o al Sacristán – y les infundió la sabiduría con un par de huevos.

El síndrome del espíritu santo del político se nota porque manifiesta en cada acto, que cuando toma posesión del cargo  – aunque haya sido portero de puticlub y lo nombren consejero de Renfe-   cree a pie juntillas que le entra la sabiduría. Y ya sabe derecho administrativo y urbanismo y la ley de contratos del Estado y la constitución y la de cuerpos y fuerzas de seguridad. Lo sabe todo. Puedo probar lo que digo. Conocí a una política que – ignorante enciclopédica- quería mandar a la policía local a disolver una manifestación de trabajadores de un astillero. Decía que era de izquierdas. La paramos como pudimos.

También es importante  el  síndrome de la omnipotencia, estrechamente unido al del espíritu santo  – pregunten a Munilla o al sacristán,  que  entienden de espíritus teológicos.  El político, tomada posesión,  se cree omnipotente. Sin duda, como una con cuerpo de palomo se cree guapa. Escuché a otra  indocumentada  afirmar, cuando iba a meter la pata hasta las ingles: claro que lo puedo hacer  ¿Para eso me han nombrado, noooooo?

Otro síndrome político peligrosísimo va  ligado  con una característica de los delincuentes condenados, cuando los equipos de tratamiento intentaban hacer clasificación y tratamiento. Los delincuentes, decían los especialistas, son egocéntricos, se creen mejor que los demás, más espabilados y más listos – recordemos a la cuerpopalomo guapa-. Como el caco más chorizo de todos  piensa que está todo perfectamente planeado y que nunca lo van a pillar.  ¿Ha oído usted hablar de los signos evidentes de riqueza difícilmente demostrable? ¿Cuál es su sueldo al mes? ¿Cuánta familia tiene al cargo?  Usted no se puede comprar dos pisos en primera línea de la Playa de San Juan y pagarlos a tocateja.

Existe por ultimo  – y doy por acabada mi clase de antropología política o… tratado de la gilipollez- el que piensa que los demás somos imbéciles. Este término, los poderes fácticos lo han eliminado, el imbécil ya no existe, ni el síndrome de alienación parental ni la gripe pero… ahí está. En derecho procesal  – ni me acuerdo de para qué sirve eso- se afirma que el papel es muy paciente. Aguanta años sin inmutarse. Lo diré rápido: había un directivo que no creía en que las partidas de Hacienda son estancas. Si tu recibes diez mil euros para una obra, no  los puedes gastar en otra cosa,  toner para la fotocopiadora, por ejemplo. Y  esta, petroleada, maquillada hasta las patas de gallo, con  mechas hasta en los pelos de la espalda y la silicona rebosando por el código de barras, decía que eso no era así y …claro cuando llegaron las dos inspectoras de hacienda hubo que meterlas en la UCI porque les dio un flato del que no creo que aún hayan salido, del batiburrillo que lio la estrella de la administración .

Hasta aquí mi primera clase gratuita sobre el tratado de la gilipollez, el atrevimiento de la ignorancia o el afán de enriquecimiento  atípico, que de todo hay en la viña del señor y si no que le pregunten a Munilla o al sacristán de la concatedral que tienen más confianza con la divinidad. Yo solo creo en Plotino y en la emanación del Uno.

Manuel Avilés

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