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Hoy me gustaría hablarles de unos héroes anónimos (y que en este enlace tienen la noticia), sencillos y que pueden encontrar en la cola del pan, del dentista o paseando junto a sus hijos en bicicleta. Personas como usted y como yo, sin súper poderes ni magia pero que día a día salvan vidas sin más armas que su dedicación, profesionalidad y humanidad. A pesar de la falta de medios, recursos y protección de superiores y políticos.

Les voy a hablar de un conjunto de súper héroes a los que ustedes conocen como “policías” y que, en este caso, se juntaron en la Comisaría del Distrito de Usera-Villaverde de Madrid.

Cuando al caer la tarde los padres de Carlos (nombre ficticio) se personaron en la Oficina de Denuncias para denunciar su desaparición, el tiempo se paró para los policías que los escuchaban pues esta vez no se trataba de un chico que solo estuviera enfadado y quisiera “dar una lección” a sus padres.

Carlos es un buen chico, un buen estudiante, deportista, con gente a su alrededor que le quiere y con la cabeza bastante amueblada para sus jóvenes 15 años pero que, sin merecerlo, vivía un mal momento por el que cualquiera de nosotros sufriríamos y seríamos capaces de perder la calma.

Por eso, ante lo que relataban sus padres, estos compañeros de la O.D.A.C. sabían que no podían perder ni un minuto en comenzar a actuar, contactando en seguida con los miembros de Policía Judicial y estos, tras recibir el aviso, iniciaron en seguida el Operativo para localizarle.

Tocaba repartirse el terreno y lugares que frecuentaba habitualmente y que a lo peor y que más complicaba la búsqueda, la enorme extensión del Parque Lineal del Río Manzanares, se sumaba la falta de recursos humanos (son tristemente escasos los indicativos policiales que existen en las Comisarías y en especial en Seguridad Ciudadana) debido entre otras cosas a que la ciudad no se detenía, seguía girando y había más emergencias que atender.

Mientras llegaba la orden judicial que solicitó Policía Judicial (y que tardó demasiado pudiendo esa dilación en el tiempo traducirse en un peor desenlace) para triangular el posicionamiento del teléfono móvil y hacer más fácil la localización, compañeros de Policía Judicial, del Grupo Operativo de Respuesta (G.O.R.) y del G.A.C., se repartían parques, estaciones, calles, mientras peleaban contra el tiempo y las posibilidades.

Pasaban las horas y las comunicaciones por el equipo dando como negativo el hallazgo no hacían sino clavarse como puñales en el estómago de esos policías que no cesaban en la búsqueda y cada vez y a su pesar, veían más complicado obtener buenas noticias pues esta vez no se enfrentaban a otro delincuente más, sino que se estaban dando de golpes con el tiempo y este, iba ganando.

A los compañeros que, en ropa de verano, les cogió el frío de la madrugada no les importó las tiritonas y los dolores en sus dedos y extremidades mientras recorrían a pie, linterna en mano, todo el espacio que pudieron alcanzar.

A su vez, los compañeros del “K” de Usera, esa noche se llevaba una de las peores partes pues a toda la vorágine de sentimientos que estaban recibiendo los compañeros, ellos recibían el añadido de ser los policías que más contacto mantenían con unos padres desesperados y rotos de dolor.

Mientras otros policías uniformados hacían lo propio por las zonas que se habían establecido, todos seguían observando cómo los segundos se consumían y les devoraban encontrándose en la misma situación. Algunos de ellos, padres, sentían un sudor frío por la espalda solo de imaginarlo. Todos ellos hicieron como propio a Carlos: era su hijo, su hermano, su sobrino, el hijo de esa vecina que siempre les saludaba con una sonrisa cuando se la cruzaban en el portal.

Y había que encontrarlo. Vaya si lo iban a encontrar, aunque eso supusiera llevar al límite la ansiedad, mente y cuerpo de todos los que estaban allí.

Pero la madrugada estaba acabando. Pronto amanecería y él seguía sin aparecer. La idea de que había pasado demasiado tiempo rondaba las mentes de todos, era una realidad, la peor que podría hacer su aparición, pero algo que por desgracia y por experiencia no era descartable.

Al final las fuerzas flaquean, la cabeza pesa y los ánimos decaen hasta en el más fuerte de los policías. Son humanos, personas, con miedos, inquietudes, deseos y sentimientos.

Pero son policías. Y ahí radica su fuerza. Su convicción.

Cuando desde Base y por la salud física y mental de los que estaban en el operativo, se instó a que volvieran para el relevo de policías y que así otros más descansados pudieran continuar, decidieron que no era el momento de oír aquello. Porque cada minuto, cada segundo, contaba.

Dos policías, miembros del G.O.R. y que por agradecida casualidad se habían criado desde niños en esa zona y barrio y conocían todos los caminos, recovecos y lugares, decidieron alargar un poco más su jornada laboral, dirigiéndose a un lugar apartado al otro lado del río y de muy difícil acceso para el que tuvieron que bajarse del vehículo y continuar a pie.

Tal vez fuera la suerte, una pequeña intuición o ese sexto sentido que los policías reciben cuando cruzan las puertas de la Academia, pero fuera lo que fuera, a pie pues de otra manera no habrían llegado al lugar, bajo el frío y contra el cansancio que acumulaban, allí, seminconsciente y en un evidente estado de hipotermia, pero lo más importante, vivo, encontraron a Carlos.

Ya amaneció cuando pudo ser atendido por los servicios sanitarios, gracias a esa búsqueda persistente de todos los policías que, durante esa tarde y esa noche, hicieron lo que mejor saben hacer y para lo que no te forman en la Academia, pero sí te da ese uniforme y esa placa: proteger a las personas.

Gracias a ellos, Carlos se encuentra bien, recuperándose y por suerte y parece ser y así deseamos que sea, sin secuelas.

Esa noche, los hechos predecían un mal final, el peor que podría darse, pero una vez más, unos Ángeles Custodios decidieron que no sería así. Por encima de ellos. No en su Guardia.

Desde h50 (y estoy seguro de que de parte del resto de policías que forman nuestra Institución) queremos dar las gracias a todos esos policías, hombres y mujeres que, gracias a su perpetuo esfuerzo, el final de esta historia no tendrá una página negra en los peores sucesos.

Gracias a esos policías de la Oficina de Denuncias que a pesar del cansancio tras horas recibiendo y tramitando sin descanso todo tipo de denuncias, no restaron ni un ápice de credibilidad a esos padres, actuando inmediatamente.

Gracias a esos policías de Policía Judicial que, de la misma forma, no perdieron un solo segundo en iniciar el Operativo, en especial al Oficial que apenas tuvo conocimiento de los hechos, solicitó que se tomaran todas las medidas necesarias tanto judiciales como de organización con el responsable del G.O.R.

Gracias a esos miembros de Policía Judicial que entraron en servicio a las 14:30 horas y que, siendo ya las 05:30 de la madrugada seguían buscando, a pesar del frío, del cansancio físico y sobre todo mental y del pesimismo que en cualquier situación así, comienza a planear sobre sus cabezas cuando van pasando las horas sin que existan mejoras.

Gracias a todos los indicativos del G.O.R. pero, muy especialmente, al “K” de noche que tanto dolor se echó sobre su espalda y a ese binomio de policías, ese “Indicativo M&M’s” que en lugar de marcharse a casa, decidieron buscar donde nadie lo haría para que cuando volvieran a casa con su familia, lo hicieran sabiendo que Carlos estaría con la suya.

Hoy una familia, como pudiera ser la mía o la de cualquiera de nosotros, no tiene que lamentar ningún mal giro del destino y eso es gracias a un grupo de Policías que hicieron, una vez más, más de lo que se esperaba de ellos.

Por desgracia, los peores momentos en la vida de una persona ocurren a diario y son, en muchísimas ocasiones, los policías de a pie de calle los que se topan con ellos. Por suerte, en la mayoría de las ocasiones y gracias a esos hombres y mujeres, hay un final feliz como este.

Pero no tienen la repercusión y el agradecimiento que corresponde. Por supuesto de las víctimas y familias sí y no hay ni habrá mayor recompensa que esa, pero los que vemos a esos policías, a esos compañeros sufrir, sacando vidas adelante por encima de su propia integridad, creemos que se merecen un mayor reconocimiento por parte de aquellos que dicen ser sus responsables.

Por eso, desde h50 instamos a que la Dirección General de la Policía, partiendo de los responsables policiales de la Comisaría de Distrito de Usera-Villaverde, recompense como es debido a todos los policías que, en la madrugada del 09 de octubre, salvaron una vida.

Una vida que mañana pudiera ser la suya, la de su hija o la de su padre.

Si las Medallas al Mérito Policial tienen unas condiciones, no concibo una mayor prueba de profesionalidad y humanidad que arrancar de las garras de la muerte la vida de un joven.

Sean justos con nuestros Policías, con nuestros Ángeles.

Y a Carlos, desde aquí nuestra fuerza y nuestro ánimo. No te avergüences de nada, todos (te lo digo yo) pasamos por muchos malos momentos en la vida y tú tendrás tiempo de reír, de llorar, de alegrarte e incluso llevarte disgustos, pero siempre tendrás no solo a tu familia, sino a esos policías con los que tuviste la suerte de dar y con todos nosotros. A ti y a cualquiera que nos lea, debéis saber que podéis recurrir a nosotros en cualquier situación que os haga daño u sintáis que estáis solos. Podremos hacerlo mejor o peor, pero nunca os dejaremos caer. Estamos para proteger y cuidar a las personas. Es nuestro hado.

A la Comisaría de Usera-Villaverde, Gracias.

César Augusto Alvarado Cano para h50 Digital Policial.

2 COMENTARIOS

  1. Gracias por esa labor incansable y tantas veces poco reconocida.
    Lo de la otra noche fue increíble, no solo salvasteis La vida de “carlos”, salvasteis las vida de sus padres, de sus tíos, de sus amigos, de todos los que están a su alrededor.
    Gracias!!! Y mil gracias….

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