Ángeles custodios 2021: la vida sigue igual

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Parafraseando la canción de Julio Iglesias, sólo hay que observar lo que ha rodeado los fastos de la celebración del día del Patrón de la Policía Nacional, para darse cuenta que no sólo es más de lo mismo de todos los años: quejas de medallas arbitrarias, sensación de cierto enchufismo, etc., sino que el silencio cómplice de algunas instituciones, partidos y legítimos representantes de los funcionarios, en general, da que pensar si, de verdad, esto ya no tiene solución, definitivamente.

Que una institución como la Policía Nacional, que está entre los rankings de colectivos más y mejor valorados por la población española, según el CIS, no se le haya reconocido expresamente, en esta ocasión, por lo que de verdad ha hecho en estos últimos años, como defensa y pilar básico de la democracia de este país, -pandemia aparte- es de nota.

El que no se hayan denunciado, tal y como se merece, los graves agravios y los desprecios institucionales que ese colectivo ha sufrido durante este año, da rubor; y por utilizar un calificativo venial. Y lo más sorprendente es que, salvo muy pocas y honrosas excepciones, los que tendrían que poner el grito en el cielo y denunciarlo enérgica y contundentemente, han estado mudos y silentes, ¿por comodidad, desidia, miedo a importunar a las altas esferas, dejadez o por incapacidad manifiesta?

Ha pasado -casi desapercibido- que, en setiembre de este año, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) ha desestimado dos recursos presentados contra España por la actuación de los agentes del Cuerpo Nacional de Policía durante el referéndum ilegal del 1 de octubre de 2017. Y sin posibilidad de ulterior recurso.

Que esta extraordinaria noticia haya sido obviada por el sector de la prensa y televisión que habitualmente cargan contra las fuerzas y cuerpos de seguridad, a estas alturas ya no debería extrañar a nadie: es lo normal y habitual; de hecho, hay alguna, que con fondos públicos, se permite llevar a algún contertulio que, sin ningún recato verbal, y de forma indecorosa, sólo a la par de su indigencia moral y ética, señala cada vez que acude a un plató de televisión; día sí, y día también, que la policía en España es “racista”, “xenófoba”, “un nido de fascistas, y torturadores”; y, donde además, “hay que limpiarla de franquistas” sin que ningún contertulio le conteste o refute; ni moderador o presentador del programa -con un mínimo de dignidad profesional- le invite de inmediato a rectificar sus palabras, o caso contrario, a abandonar la mesa de debate.

Y no tanto por incitar al odio contra la policía, que ya de por sí es motivo razonado suficiente, sino por indocumentado y tergiversador, pues desconoce que los integrantes de la policía han nacido ya en democracia; y sólo conocen a Franco, cuando alguien lo nombra, sobre todo él.

También desconoce, que de lo que sí saben, y mucho, la mayoría de estos profesionales de la seguridad pública, -muchos son verdaderos expertos- es sobre ETA, y además saben que existe un informe público en instancias europeas que eleva el número de asesinatos sin resolver de esta banda criminal al escandaloso número de 311 casos: 21 en Álava, 119 en Guipúzcoa, 111 en Vizcaya, 16 en navarra y 44 en otras provincias también españolas; y que los hay a quienes les encantaría que no se sigan investigando, aun siendo conscientes que numerosas víctimas del terrorismo no han podido confirmar quién asesinó a sus seres queridos, todavía.

Y ni qué decir, de esa mugre que apoya el blanqueamiento mediático, social y político del legado de terror y sufrimiento infligido por esta banda asesina, genocida y terrorista que ha sido, y es, ETA al conjunto de la sociedad española durante décadas, por cierto: ¿han entregado ya todas las armas? ¿Han pedido perdón por el dolor infligido a las víctimas? Apocado y muy sesgado el relato que quieren imponer; y se intuye que no va a calar ese mensaje en una inmensa mayoría de la ciudadanía.

Pero que otro sector de la prensa, esa que se llena la boca de códigos deontológicos constitucionalistas y demócratas, hayan pasado también de puntillas sobre este asunto, llama mucho la atención; o quizás no.

¿Ocurre que algunos partidos políticos, -a los parece que tienen sinergia de intereses con estos concretos medios de comunicación-, temen decir en público y lanzar el necesario mensaje, y verdadero, de que la policía y Guardia Civil, durante el 1-0 de ese año tuvieron una actuación ejemplar, profesional, ajustada a Derecho, modélica en la defensa del orden constitucional, encomiable, y ahora, además, respaldada por la justicia europea? ¿No es políticamente correcto? ¿No entra en su ideario, ahora no toca; o directamente tienen miedo de soliviantar o molestar a algún actor de la política catalana? O, ¿quizás no les guste incomodar a quienes se han dedicado durante 2 años, gastando -por cierto- en ello infinidad de dinero público, en crear y orquestar campañas con montaje incluido de videos y fotos falsas, trucadas y fakes; así como declaraciones en prensa internacional, en las que acusaban falsamente a la policía de España de actuar desproporcionadamente, como salvajes (llegaron a decir), en vez de reconocer que realizaron una difícil y complicadísima tarea en esas excepcionales y delicadísimos momentos, como modélicos profesionales policiales que son, tal y como ahora señalan los jueces europeos? Qué pena, ¿verdad?

En este año 2021 también se ha “celebrado”, tal parece, el que se haya votado en contra de la iniciativa parlamentaria por la que se pretendía condecorar a la Policía Nacional por su trabajo contra ETA durante los “años del plomo”, de hecho, no ha salido adelante. No, no es una broma, está en el diario de sesiones del Congreso. Léanlo, les dará arcadas. Pero, ¿qué se puede esperar, cuando durante este año se ha sufragado con dinero público, campañas para denunciar a la propia policía, lanzando sospechas, totalmente infundadas y falsas de que los policías son racistas?; es una vergüenza, sin parangón alguno; un simulacro de demagogia que perjudica mas que beneficia, pues se incentiva un recelo y desconfianza hacia esos profesionales, por parte de los menores cuando estén en peligro, y teman llamar a la policía por este relato falso creado entre algunos sectores jóvenes de la sociedad.
Alguien se cree que a los sesudos “ideólogos y expertos” de estas esperpénticas campañas, eso sí; subvencionadas, sufragadas y regadas con generosas subvenciones, les interesa o preocupa lo más mínimo, ¿de veras compensa el resultado final o el daño causado?

Lo mas penoso, es que algunas de estas “señorías”, que están detrás de todo este despropósito y que siembran, a sabiendas, la desconfianza hacia las fuerzas de seguridad, luego no renuncian a la escolta que les proporcionan esos mismos colectivos de los que dicen que hay tener miedo. De risa, o de tener mucha cara.

¿Algún organismo público va a proponer alguna iniciativa para devolver la dignidad manchada, y lavar la imagen de la policía en Cataluña durante ese 1-0? O, ¿van a ser los mismos que la quieren desalojar para convertir la comisaría de Vía Laietana en un memorial del franquismo? Aunque aquí tal parece, que se ha impuesto un poco el sentido común, y en esta última semana, un partido que había votado a favor, se ha echado atrás. Nunca es tarde para rectificar semejante barbaridad.

Sería de agradecer que para la fiesta del patrón del próximo año se pudiera celebrar que se han dejado de dar medallas rojas, a empleados de oficina policial que conocen lo que es un detenido por lo que han visto en alguna serie de televisión, y no tener que sufrir así el bochorno institucional de ver cómo es la justicia la que retira, por sentencia judicial, condecoraciones pensionadas impuestas de forma sonrojante; tras la denuncia presentada por un sindicato policial.

También sería de celebrar que se haya hecho público, de una vez, el necesario protocolo de suicidios, que acabe con esa lacra que se lleva a policías alarmantemente semana a semana, que no es mucho pedir y si se tuviera voluntad política, fácil de implantar; si se tuviera, claro.

Y hablando de sindicatos, nuevamente se ha demostrado, y muy recientemente que, siguen siendo necesarios; así que bien harían, a quienes corresponda, en analizar seriamente la causa por la que hace 25 años el 92% de todos los policías estaban afiliados en alguno de los sindicatos existentes, y ahora, se está a punto de bajar del alarmante poco porcentaje del 82,17% del colectivo, y con tendencia a la baja; desde luego que el poco gratificante patrón de querer permanecer ininterrumpidamente 25 años, la misma persona liberada sindical, y amarrada al sillón, ni da el ejemplo necesario, ni ayuda en absoluto a reconducir la situación.

Hace tan solo 2 años y 3 meses el colectivo policial habló muy claro en las últimas elecciones sindicales celebradas y exigió un cambio radical, en las personas, en el fondo, en las maneras y en las formas de representar sus intereses profesionales, parece que quedan todavía algunos reductos, pocos eso sí, que no han querido escuchar el claro mensaje.

Cuando se finalizan de escribir estas líneas llega la noticia de que un diputado del Congreso de los Diputados ha sido condenado por golpear a un policía con multa y la “escalofriante” cifra de 540 euros. No puede estar ahí representando a los ciudadanos, ni un segundo más, quien agrede a un agente de la autoridad siendo autoridad. Ya está tardando en dimitir, pedir perdón, devolver el dinero y desaparecer de la escena pública para siempre, nadie decente le echará de menos.

Autor: Javier Rodrigo Ordóñez

Inspector de Policía Nacional | Portavoz de h50 Twittee: @JaviRodrigo11

1 COMENTARIO

  1. Nuestra policía una de las mejores del mundo, vive su profesión con entrega y valor creciente cada día en beneficio de todos y cada uno de nosotros. Su valor y su mérito están más que demostrados. Y la defensa de la libertad y los valores del pueblo es una prioridad para cada policía, reciben la formación adecuada, y mantiene un trato con cada ciudadano, educado y esmerado al máximo respondiendo exactamente con lo que han sido formados y elegidos para su misión. Nada es perfecto pero nuestras fuerzas armadas merecen el máximo respeto y consideración del pueblo, pues siempre están a su lado y defendiendo , como les ha sido encomendado con energía y valor, hasta las misiones,
    más arriesgadas. VIVAN NUESTRAS FUERZAS ARMADAS QUE DEFIENDEN NUESTRO ESTADO Y NUESTRAS LIBERTADES,
    ES OBLIGACIÓN DE TODO CIUDADANOS COLABORAR CON ELLAS EN TODOS Y CADA UNO DE LOS CASOS SIN EXCEPCIÓN PUES EN ELLO ESTÁ NUESTRA SEGURIDAD JURÍDICA Y TERRITORIAL.

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