Absuelven a tres etarras por considerar prescrito el asesinato del policía José Ignacio Pérez Álvarez

2
- Publicidad -
Comparte ese artículo
La Audiencia Nacional considera prescrito el asesinato del Policía Nacional cometido el 30 de enero de 1990
Absuelve de esta forma a la exjefa de ETA Guisasola y a los etarras Oscar Abad Palacios y José Ramón Martínez del atentado cometido en Galdácano (Vizcaya)

El tribunal de la Sección Segunda de la Sala Penal recuerda que no se investigaron los hechos del atentado, por lo que no se realizó ninguna actuación judicial, por lo que no se produjo ninguna interrupción de la prescripción, siendo para este caso de 20 años.

Por este motivo, “los hechos tuvieron lugar el 3 de enero de 1990 y se dirige el procedimiento contra ellos por auto de 30 de enero de 2013, habiendo por tanto prescrito el delito del cual eran acusados por el Ministerio Fiscal”.

La Fiscalía solicitaba para los tres etarras acusado de la muerte del policía nacional, 30 años de prisión por un delito de asesinato con finalidad terrorista.

Guisasola se encuentra actualmente en libertad tras la derogación de la doctrina Parot en 2014.

José Ignacio Pérez Álvarez

El 30 de enero de 1990 José Ignacio, policía nacional salía del bar Los Claveles de tomas unos vinos como solía hacer. En ese momento, tras dirigirse a su vehículo, cuando iba a abrir la puerta de este, hacía explosión una bicicleta bomba colocada cerca de su coche.

El artefacto explosivo estaba compuesto de 10 kilos de explosivo y metralla accionados a distancia.

La explosión le alcanzó de lleno, causándole la muerte en el acto, resultando heridas también otras dos personas.

Fue la primera vez que ETA realizaba un atentado con bicicleta bomba.

José Ignacio era natural de León, de la localidad de Villagatón, si bien residía en la localidad de Galdácano desde hacía ocho años.

Ingresó en el Cuerpo Nacional de Policía en 1978 y su destino estaba en la Comisaría de Basauri desde marzo de 1979. Pertenecía a la escala básica y su puesto era la sección de automoción.

José Ignacio podía, por antigüedad en el cuerpo, haber salido del País Vasco, pero estaba perfectamente integrado, formando ahí su familia.

En el momento de su asesinato tenía 39 años, estaba casado y dejo huérfanos a tres hijos, de 4, 10 y 14 años.

Ni olvido, ni perdón.

2 COMENTARIOS

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí