Asaltar la valla de Ceuta y Melilla: nuevo Muro de Adriano

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Columna de Ricardo Magaz en h50 Digital Policial. “CRÓNICAS DEL NUEVE PARABELLUM”.

El muro de Adriano fue una colosal obra de ingeniería civil de nuestra Era. El emperador Publio Elio Adriano, que nació en Itálica, al lado de la actual Sevilla, lo mandó construir entre los años 122-132 d.C. para delimitar a lo largo de 117 kilómetros la frontera del Imperio en la provincia romana de Britania. La muralla pretendía mantener la estabilidad económica del Estado y evitar que los bárbaros penetrasen en territorio “civilizado”. Al poco de levantarlo fue atravesado por la presión de la multitud del norte que quería participar de la bonanza de Roma. Se vino abajo definitivamente en el año 383.

¿Es tolerable que se tomen las fronteras al asalto?

Siglos después, ¿servirán de algo las vallas de Ceuta y Melilla? Depende. La necesidad extrema se caracteriza por no conocer límites divisorios ni banderas. Es un código natural.

Las migraciones se suelen juzgar fundamentalmente desde dos ópticas: la humana y la jurídica. En el primer caso, como revela el viejo cliché: nada de lo humano nos debe ser ajeno. Gran verdad que no admite objeción. Desde el punto de vista del ordenamiento jurídico, tanto del propio y como del Derecho internacional público, la cosa cambia. ¿Es tolerable que se tomen al asalto las fronteras de un país? No, evidentemente.

“A MENOS DE CIEN KILÓMETROS DE ESPAÑA NOS ENCONTRAMOS REALIDADES ATIBORRADDAS DE MISERIA HUMANA”

El fenómeno de los flujos migratorios resulta tan antiguo como la historia que va de las cuevas de cromañón a los rascacielos de Nueva York. Forma parte de la vida misma. Por las buenas o por las bravas, pero así es. Los desplazamientos de personas, voluntarios o forzados, se iniciaron hace cientos de miles de años y la querencia sigue presente en nuestros genes. Las migraciones en masa o a cuentagotas han originado la expansión de la humanidad y por consiguiente los movimientos culturales, económicos, geográficos, religiosos, políticos…

Miseria al lado de España

Desde los mullidos sofás de Occidente damos por hecho que cuando se abre un grifo sale agua. No hay que ir muy lejos para tropezar con otro escenario deprimente. En infinidad de lugares habitados del planeta ni hay tuberías ni agua potable. En regiones del Magreb y del Sahel, a menos de cien kilómetros de España, la distancia entre Madrid y Ávila, encontramos realidades atiborradas de miseria.

Teorizar acerca de esta materia resulta sencillo en el teclado del ordenador. Se trata, en fin, de darle vueltas al tema y primar el aspecto humano. Antes que ciudadanos de un determinado país somos individuos con necesidades vitales. Cualquiera firmaría este planteamiento. Ahora bien, cómo se hace compatible en el mundo globalizado del siglo XXI la obligación ancestral del hombre a vivir dignamente y sacar adelante a su familia, con la carga de los Estados para preservar su territorio y su ordenamiento jurídico.

Ceuta y Melilla

Ceuta y Melilla son por su ubicación geoestratégica un arquetipo del muro de Adriano en la Unión Europea. Miles de “sin papeles” (nadie merece ser llamado “ilegal”) llegan a España y al resto de la UE del espacio Schengen de libre circulación saltando las vallas de las dos ciudades españolas en África. Es cierto que bastante menos en estos meses de pandemia de la Covid-19, por razones fácil de entender; pero es un hecho que volveremos al desconcierto del año pasado tarde o temprano. Otros lo intentan atravesando en pateras, a lo Ulises, el estrecho de Gibraltar camino de la península, en cuyas aguas han perecido ahogados en las últimas décadas miles de subsaharianos.

¿”ES CONVENIENTE REGULAR HOMOGENEAMENTE LA INMIGRACIÓN ECONÓMICA EN TODA LA UNIÓN EUROPEA?”

Los cuerpos policiales aplican protocolos de prevención, rechazo y expulsión, pero las avalanchas hablan por sí mismas pese a los informes y avisos de inteligencia. Cuando los foráneos, asaltado el perímetro fronterizo, corren a entregarse en la comisaría para estar seguros y que les den techo, comida y atención médica en el CETI, pone de manifiesto la situación terrible que padecen al otro lado. Lo he palpado sobre el terreno.

De tal modo, hay que obrar en consecuencia. Un artículo, una columna periodística o un ensayo, como el papel en blanco con membrete oficial, lo admite todo. En un sentido o en el contrario. Las teorías en sí mismas están muy bien, pero son inútiles a menos que puedan ser puestas en práctica. El paso del tiempo sin tomar medidas no arregla los problemas. Al contrario. Es necesario armonizar el iusnaturalismo o derecho natural de todo hombre a tener futuro en el planeta del que es hijo, con el respeto al ordenamiento jurídico.

Inmigración regularizada

Un estudio de la ONU demuestra que las inmigraciones regularizadas evitan el síndrome del extranjero abatido, contribuyen al aumento de la demanda en el sector de bienes y servicios en el país de destino y ampara sus lugares de procedencia por el dinero que envían. A ello hay que unir el beneficio del mestizaje y el rejuvenecimiento de la población.

El muro de Adriano demostró que durante un periodo se podía delimitar el espacio jurídico de una civilización próspera, pero no logró parar el empeño de las personas que buscaban precisamente esa condición. Es la ley de innatismo atávico que está por encima de las legislaciones. El problema de los que viven en la miseria es que les ocupa todo el tiempo excepto cuando tocan fondo y huyen a la desesperada sin nada que perder porque nada poseen. Entonces el conflicto nos mira directamente a los ojos y comprendemos que formamos parte de él.

Regulación

Lucha contra los negreros y las mafias, acogimiento a los verdaderos refugiados políticos, regulación de la inmigración económica y una normativa homogénea en este sentido para toda la Unión Europea es, a mi juicio, lo sensato. Ahora bien, nada se conseguirá si no se revierte la situación de necesidad y por consiguiente de salida angustiada en origen… porque, no nos engañemos, ya quedó dicho unos párrafos más arriba, nada de lo humano nos es ajeno, lo queramos o no. Cerrar los párpados no salva el conflicto.

(*) Ricardo Magaz es profesor de Fenomenología Criminal en la UNED, ensayista y miembro de la Policía Nacional (s/a)

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