Crimen sin fronteras en el estrecho de Gibraltar

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Columna de Ricardo Magaz (*). CRÓNICAS DEL NUEVE PARABELLUM
Crimen sin fronteras en el estrecho de Gibraltar

Creo que conozco de cerca la idiosincrasia del estrecho de Gibraltar, de Ceuta y de las franjas que separan ese segmento del norte de África con la Península Ibérica, que es tanto como decir dos universos a 14 kilómetros de distancia, donde el Mediterráneo y el Atlántico se arremolinan en una de las vías tradicionales de navegación más importantes y agitadas del mundo.

La lucha constante de los cuerpos policiales con los narcos en el estrecho viene de largo y no parece tener fin. Las bandas del hachís cargan sin aprietos los fardos en las costas de Marruecos y, apenas una hora después, multiplican por cien sus ganancias deplorables en litoral español. El dinero fácil, el paro endémico, la adrenalina y el hecho de que para un sector determinado de la población de la zona el “comercio” de este tipo de droga no esté mal visto, acomodan buena parte de la sociología del lugar.

Tumba histórica

Desde hace siglos el estrecho de Gibraltar es una tumba silenciosa para miles de personas y naves. Naufragios legendarios, pateras repletas de infortunados “sin papeles” que se van a pique o furtivos al margen de la ley descansan en el fondo del mar como un cruel impuesto a la osadía, ya sea legal o reprobable. El peso histórico del estrecho de Gibraltar queda acreditado como uno de los tránsitos marítimos más intensos del planeta y, por ende, con mayores probabilidades de transgresiones y criminalidad: contrabando de mercancías, narcotráfico o mafias de inmigración irregular son las más visibles pese a su clandestinidad.

El valor geopolítico del estrecho es otro elemento cardinal. Ceuta, y Melilla algo más lejanas, suponen sendas cabezas de puente entre dos continentes en un obligado esfuerzo de seguridad para nuestro país como frontera exterior del espacio Schengen de libre circulación. La inquietante situación del Magreb y del Sahel tampoco ayuda a dar estabilidad a la zona ante la amenaza yihadista que pende sobre Europa, y especialmente sobre la Península Ibérica, a la que los terroristas han rebautizado como Al-Ándalus con indudable propósito patibulario.

Es evidente que si aparecen hábitats y sinergias que el crimen organizado transnacional pueda aprovechar para asentarse y conquistar un territorio, lo hará tarde o temprano. La situación geoestratégica del estrecho y su entorno es de manual de cualquier academia policial o militar. Súmese además la trascendencia del peñón de Gibraltar como santuario fiscal y el consiguiente efecto llamada que los clanes explotan en su beneficio.

Tráfico de hachís, coca y pateras

De los estudios y la propia estadística se desprende que en la actualidad el tráfico de hachís, de cocaína y de pateras acarreando inmigrantes irregulares hacinados como ganado por los negreros son las actividades ilícitas que se llevan la palma en aguas del estrecho.

Marruecos es el primer país productor de cannabis cuyo consumo se concentra fundamentalmente en Europa. España, por razones de proximidad, es una de las principales puertas de acceso de la mercancía que luego se distribuye en el espacio Schengen sin fronteras interiores. Las narcomafias solo tienen que cruzar los 14 kilómetros del estrecho de Gibraltar para colocarla e iniciar su venta en el mercado demandante. Con todo, las fuerzas policiales españolas vienen incautando colosales alijos que entran con destino a la Unión Europea, lo que da una idea del volumen del negocio y de la operatividad de los agentes.

No menos importante es el tráfico de cocaína en contenedores de gran capacidad venidos desde Sudamérica. En abril de 2018 el CNP intervino en el puerto de Algeciras nueve toneladas de coca procedentes de Colombia que habían entrado en un contenedor. El valor en el mercado negro del alijo, el mayor aprehendido de momento en Europa con este modus operandi, superaría al menudeo los 3.000 millones de euros.

En cuanto al tráfico de personas, el Mediterráneo es el escenario de operaciones idóneo para que las redes criminales los muevan de continente sorteando la vigilancia ribereña o el patrullaje marítimo. Según el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados, más de 15.000 migrantes han perdido la vida en este mar desde 2012. Una gran parte de esa horrible cifra le toca directamente al área del estrecho de Gibraltar.

Fronteras vulnerables

El avance de la delincuencia internacional, ahora llamada crimen organizado transnacional, es una realidad consustancial a la globalización, pese al empeño de las autoridades por combatirla. El estrecho de Gibraltar nos ha supuesto históricamente una responsabilidad añadida que no poseen otros territorios de la Unión Europea. Merced a ello, si la UE quiere una franja segura con África, que acabe con la violencia, la percepción de cierta impunidad de los narcos y expulse el “crimen sin fronteras”, deberá volcarse sin pausa y sin ambigüedades retóricas asumiendo riesgos legítimos con un plan integral. No existen más posibilidades factibles de momento. Nunca un trance sin otro se ha vencido. Dentro del escrupuloso respeto a la ley y al Estado de Derecho, por supuesto. Así están las cosas en verdad.

(*) Ricardo Magaz es profesor de Fenomenología Criminal en la UNED, ensayista y miembro del Cuerpo Nacional de Policía (s/a)

 

 

 

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