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Un atragantamiento en silencio y la calma que salvó una vida

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Rafa Cádiz 

Moldavia, pasado el mediodía. Varios policías nacionales españoles desplazados a este país por razones de servicio, se encuentran comiendo sin imaginar lo que sucedería momentos después. Lo que comenzó como una reunión tranquila entre compañeros, tornó en segundos en una actuación de vida o muerte, ya que uno de los comensales comenzó a toser de manera insistente, y no era una tos común, más bien esta se percibía incompleta, forzada, como si algo impidiera el paso del aire

Como la tos no cesaba, la persona afectada se levantó de la silla, incapaz de comunicarse más allá de algunos gestos y sobre todo con la mirada, una mirada que dejaba claro que algo no iba bien. Quien más cerca se encontraba supo reconocer las señales clave: ojos llorosos, imposibilidad de articular palabra y un comportamiento inusual, marcado por la angustia silenciosa de quien no puede respirar. Era evidente que el compañero estaba sufriendo un OVACE (Obstrucción de la Vía Aérea por Cuerpo Extraño), coloquialmente conocido como atragantamiento, por lo que el interviniente conminó a este a que tosiera, y acto seguido, le realizó la maniobra de Heimlich expulsando un pequeño trozo de carne.

Pero no acabaría aquí la historia, ya que otro de los compañeros que se encontraba allí y gracias a su adiestramiento en el equipo Alertantes (@equipoalertantes) de SAMUR-Protección Civil, pudo detectar que el afectado aún no había recuperado la respiración y que sus intentos de toser eran infructuosos, por lo que se colocó detrás de él, realizó varios golpes interescapulares y al no tener éxito, comenzó nuevamente a aplicar la maniobra de Heimlich con decisión y buena técnica. Tras varias compresiones abdominales bastante enérgicas, el afectado logró toser con algo de alivio hasta expulsar un segundo trozo de carne, de unos 5 centímetros, recuperando la respiración normal e incluso hablar, lo cual no había podido hacer en estos interminables minutos de tensión; volviendo al poco tiempo su rostro a su tono habitual.

Es importante destacar que, pese a la gravedad del episodio, la víctima del atragantamiento mantuvo la calma en todo momento, así como los demás presentes, cuya serenidad facilitó una intervención rápida, eficaz y sin pánico colectivo. En esos segundos que se hacen eternos, una formación de calidad aporta la combinación de tranquilidad, observación adecuada y una actuación oportuna que en este caso marcó la diferencia entre la vida y la muerte para uno de los nuestros, y fue un recordatorio poderoso de que saber actuar y mantener la calma puede salvar una vida, a veces hasta de las personas que te rodean.

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