¿Tu navaja o mi pistola ?

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Múltiples intervenciones rutinarias terminan con enfrentamientos en los cuales se esgrimen armas blancas u objetos ofensivos contundentes y…

¿ Qué ocurre en esta situación ?

Esta circunstancia es cada vez más frecuente pero casi por lo inesperado y lo variopinto de la agresión a veces nos puede sorprender y esto eleva nuestro tiempo de respuesta y por lo tanto eficacia.

El perfil del agresor suele ser el de un delincuente sorprendido en la comisión de un ilícito, individuos bajo la influencia de tóxicos o perturbados mentales en estado de brote psicótico u otras alteraciones psiquiátricas.

Si a las instrucciones de deponer el arma no responde, el siguiente paso es la utilización de la fuerza por amenaza o por acción. Si este es el caso y la agresión se produce con arma blanca, estaremos casi seguro a menos de 6,4 metros de distancia del agresor y según la muy probada teoría-ley de Tueller, no perdamos de vista que nuestra arma corta enfundada y sin alimentar ya no valdrá para nada de lo deseado, salvo que se haya preparado una estrategia previa. Disparos no programados o fuera de control, desarmes del policía o lesiones en los agentes suelen ser el resultado.

Las extensibles o las defensas de gomas, son poco eficaces salvo contando con un profundo entrenamiento y a veces algo de suerte. No olvidemos que un cuchillo es la extensión del propio brazo (con la agilidad que esto le trasfiere al arma) y una defensa o bastón hay que “rearmarlo”  normalmente con un giro articulado del codo/hombro. Además la presencia de drogas en el agresor inhiben el dolor de los impactos.

En cualquier caso, no olvides nunca que el grado de la amenaza no viene determinado por el arma ofensiva, si no por la veracidad de la misma, la intención de herir o matar del agresor y el arma utilizada por mínima capacidad mortal que parezca tener.

No olvido el relato – yo lo he escuchado en persona- del Policía Local de Puerto Serrano, J.C. en el que con un trozo de cristal, un delincuente habitual y en su propia comisaría le atravesó el cuello hasta el paladar y le hizo perder un ojo. Afortunadamente habiendo sobrevivido, hoy tiene truncada su vida por las lesiones, interminables juicios y unos ingresos reducidos a poco más de la mitad.

La preparación física y técnica es fundamental, pero tiene que ir acompañada de una actitud de autoprotección, ser realistas con el incidente por encima de todo (las cosas “chungas” a veces si ocurren),  y sobre todo hay que visualizar los posibles escenarios previamente… ¿yo que haría en ese caso? 

Autor: Félix C Romero / Socio Fundador de AstEspaña.com (Antiterrorismo)

 

 

 

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