
Miles de agentes velarán por la seguridad durante la visita de Su Santidad mientras Policía Nacional, Guardia Civil y Vigilancia Aduanera siguen sin el reconocimiento que llevan décadas reclamando
La visita del Papa a España movilizará a miles de agentes de Policía Nacional, Guardia Civil y Vigilancia Aduanera en uno de los dispositivos de seguridad más amplios del año. Un despliegue de primer nivel, con alerta antiterrorista en nivel 4, amenazas globales y un historial reciente de tragedias que evidencia la dureza del trabajo policial.
Y, aun así, la profesión sigue sin ser considerada de riesgo.
En este contexto, muchos agentes comentan con ironía que, ya que el Gobierno no les concede la protección jurídica y laboral que reclaman desde hace décadas, quizá la bendición del Papa, tan cerca estos días, pueda obrar el milagro que la política no ha querido conceder.
Un dispositivo de máxima exigencia… para una profesión que oficialmente “no es de riesgo”
La presencia del Pontífice implica:
- Perímetros de seguridad reforzados
- Controles antiterroristas
- Protección de autoridades
- Gestión de multitudes
- Prevención de incidentes violentos
- Coordinación entre cuerpos policiales y servicios de emergencia
Todo ello en un país que mantiene el máximo nivel de alerta antiterrorista por riesgo de atentado islamista, un contexto que exige preparación, medios y una exposición constante al peligro.
Sin embargo, para la Administración, los agentes que estarán en primera línea estos días no ejercen una profesión de riesgo. Una paradoja que no pasa desapercibida entre los propios policías.
Guardias civiles, policías y Vigilancia Aduanera: décadas de servicio, sacrificio y olvido institucional
La reivindicación no es nueva. Policía Nacional, Guardia Civil y Vigilancia Aduanera llevan años reclamando un reconocimiento que sí tienen otros colectivos con menor exposición al peligro.
Y la historia reciente es contundente:
- Los años de plomo: cientos de policías y guardias civiles asesinados por la banda terrorista ETA, responsable de graves violaciones de derechos humanos y de una campaña de violencia que marcó a varias generaciones.
- Barbate: dos guardias civiles fallecidos tras ser arrollados por narcolanchas durante una operación contra el narcotráfico.
- Málaga: dos agentes muertos en una persecución policial hace apenas unos meses.
- Aumento de agresiones: las estadísticas muestran un incremento sostenido de ataques, embestidas, lesiones y amenazas contra policías y guardias civiles en actos de servicio.
Pese a ello, la profesión sigue sin recibir el reconocimiento que sindicatos y asociaciones consideran imprescindible para garantizar protección, jubilación adecuada y condiciones acordes al riesgo real.
Y en las prisiones, otro milagro pendiente: funcionarios frente a internos extremadamente peligrosos… sin reconocimiento alguno
A esta reivindicación histórica se suman también los funcionarios de Instituciones Penitenciarias, un colectivo que trabaja cada día en un entorno donde la violencia no es una posibilidad, sino una certeza estadística. Se enfrentan a internos de extrema peligrosidad, agresiones súbitas, motines, intentos de fuga y situaciones límite con medios humanos y materiales extremadamente limitados.
Pese a ello, tampoco están reconocidos como profesión de riesgo. La ironía es evidente: quienes conviven a diario con asesinos, radicalizados, agresores sexuales y miembros del crimen organizado siguen esperando que el Estado reconozca lo que su realidad laboral demuestra desde hace décadas. Quizá, con el Papa tan cerca, también ellos puedan recibir una bendición que compense el abandono institucional que arrastran gobierno tras gobierno.
Ironías del destino: si no llega desde el Congreso, quizá llegue desde el Vaticano
En tono entre resignado y sarcástico, muchos agentes comentan estos días que, ya que la política no atiende su reivindicación, quizá la bendición papal pueda desbloquear lo que años de informes, manifestaciones y negociaciones no han logrado.
La escena es casi simbólica:
- Miles de agentes desplegados
- Riesgo real y acreditado
- Amenazas terroristas vigentes
- Un operativo de máxima tensión
- Y un Papa que pasa a escasos metros de quienes llevan décadas esperando justicia laboral
“A ver si con un poco de ayuda divina…”, comentan algunos con humor amargo.
Una reivindicación que trasciende gobiernos y colores políticos
La falta de reconocimiento como profesión de riesgo no es responsabilidad de un solo Ejecutivo.
Han pasado gobiernos de distinto signo, legislaturas completas, promesas, compromisos y silencios.
El resultado es el mismo: ningún avance real.
Mientras tanto, los agentes continúan:
- Enfrentándose a delincuencia organizada
- Interviniendo en situaciones de violencia extrema
- Asumiendo riesgos diarios que no se reflejan en su marco laboral
- Sosteniendo la seguridad pública en un entorno cada vez más complejo
Entre la devoción y la reivindicación
La visita del Papa será un evento histórico, multitudinario y de enorme visibilidad internacional. Pero también será un recordatorio incómodo: miles de agentes garantizarán la seguridad de millones de ciudadanos mientras su propia seguridad jurídica y laboral sigue sin ser reconocida.
Quizá esta vez, con Su Santidad tan cerca, alguien en las instituciones escuche lo que llevan décadas diciendo:
Que proteger a quienes nos protegen no debería depender de un milagro.






