
El antiguo cementerio de Rentería (Gipuzkoa) ha sido escenario de un acto vandálico que ha conmocionado a vecinos y autoridades. Según fuentes municipales, más de 180 nichos han sido saqueados durante las últimas semanas por individuos que, aprovechando la falta de vigilancia, se han dedicado a robar cruces, imágenes religiosas y elementos metálicos de las lápidas.
Los ladrones, conocidos popularmente como “amigos de lo ajeno”, habrían actuado con el objetivo de vender las piezas al peso, sin reparar en el daño emocional y simbólico causado a las familias.
Un cementerio abandonado y sin control
El camposanto, cerrado desde hace años y con escasa presencia policial, se ha convertido en un punto vulnerable. Los vecinos denuncian que el lugar presenta signos de abandono, lo que facilita el acceso nocturno y el saqueo sistemático de los elementos ornamentales.
Investigación abierta
La Ertzaintza ha iniciado una investigación para identificar a los responsables y determinar si existe una red organizada dedicada al robo de metales en cementerios y edificios históricos. Las autoridades locales estudian reforzar la seguridad y restaurar los daños, aunque el coste podría ser elevado.
El suceso reabre el debate sobre la protección del patrimonio funerario y el respeto a los espacios de memoria colectiva. Lo ocurrido en Rentería no solo es un delito contra la propiedad, sino también una ofensa al recuerdo y la dignidad de los difuntos.






