Rocían de pintura amarilla la casa del juez Llarena

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Dos encapuchados han rociado de pintura amarilla el portal de la casa del magistrado de la Audiencia Nacional, Pablo Llarena, en Sant Cugat (Barcelona).  La acción de vandálica ha sido reivindicada por la organización juvenil independentista de extrema izquierda “Arran”.

Fuente: Europa Press

Su portavoz, Nuria Martí, justifica los lamentables hechos alegando que: “la juventud se tiene que dotar de las herramientas que tenga a su alcance para atacar un sistema judicial heredero del franquismo”.  Y añade que se atacará “las veces que haga falta la justicia española y sus herramientas represivas”.

No se trata de un hecho aislado. El pasado 29 de julio, el instructor del <Procés > tuvo que abandonar, junto con su mujer, un restaurante de Palagrufell (Gerona) , ante los insultos y el acoso de un grupo de secesionistas al grito de “la calle es nuestra”.

En un Estado de Derecho  este tipo de acoso e intimidaciones contra los garantes de impartir justicia son inadmisibles.  Tratar de desvirtuar la independencia y libertad de conciencia de los jueces es un hecho lo suficientemente grave como  para que el Gobierno deje de mirar para otro lado.  Echamos de menos una intervención contundente y sin vacilaciones por parte de los mecanismos del Estado.

Polcía H50

 

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