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La radicalización puede tener un gran impacto en distintos aspectos de la sociedad; desde la polarización y distanciamiento social hasta víctimas y pérdidas económicas resultantes de un ataque terrorista. Para minimizar el impacto de la radicalización en nuestra sociedad debemos prevenir y detectar la radicalización en la fase inicial, cuanto antes sea identificado, más fácil será su erradicación.

Imagínese que son las 7h de la mañana y se dirige a trabajar. Al abrir la puerta de su casa ve una fisura en el asfalto de la carretera de enfrente de su casa. La decisión de reportar o no el suceso a las autoridades competentes puede tener consecuencias económicas y humanas. Uno puede ver la identificación de estas irregularidades en la carretera como una responsabilidad del gobierno, y por tanto, que ninguna acción por parte de la ciudadanía es necesaria.

Asumamos que la fisura en el asfalto es ignorada, aumentando con el tiempo el riesgo de accidentes de peatones, vehículos o bicicletas. Con el tiempo, la fisura es probable que se haga más grande debido al desgaste y a la lluvia. El agua comienza a filtrarse a niveles más bajos, pudiendo convertirse en un socavón que puede causar una variedad de situaciones y consecuencias imprevisibles que pueden o no ser reparables.

Pese a recientes episodios como el ataque de Christchurch en Nueva Zelanda, aún hay mucha gente convencida de que la responsabilidad y deber de tratar con estos problemas sociales recae plenamente en el gobierno. Prima facie, esto puede parecer racional, pero al igual que ocurre con el ejemplo de las irregularidades en las carreteras, la mejor manera de abordar la radicalización es haciendo partícipe a la ciudadana. Se debe recordar a las personas que la prevención, la detección y la lucha contra la radicalización es un trabajo en equipo, la corresponsabilidad es esencial y no debe pensarse que es tarea exclusivamente de la policía. Todos somos responsables de la seguridad y del bienestar de nuestra comunidad.

¿POR QUÉ DETECTAR LA RADICALIZACIÓN EN UNA ETAPA TEMPRANA?

Si bien no todos los académicos y expertos están de acuerdo con una definición global de “radicalización”, el consenso general es que la radicalización es un “proceso” (no necesariamente lineal o pasando por cada una de las etapas ni tampoco de un tiempo determinado). Un proceso por definición es un conjunto de acciones que conducen a un cambio.

Es este mismo cambio el que da las primeras pistas para la detección. Un cambio en las creencias personales, un cambio en el grupo social, las preferencias en la música y la literatura, la retirada de las actividades normales, el cambio en la apariencia o el uso de símbolos radicales podrían ser algunos de los ejemplos.

De todas formas, uno necesita conocer el fenómeno y saber qué buscar exactamente y, naturalmente, cuanto antes se detecte el comportamiento problemático, menor será el riesgo de un incidente y daños posteriores.

En 2005, el profesor Moghaddam de la Universidad de Georgetown estudió por qué solo una minoría de un gran número de personas descontentas termina cometiendo actos de terrorismo. Basándose en sus observaciones, desarrolló el The Staircase to Terrorism, un modelo escalonado o piramidal para explicar el proceso hacia el terrorismo y explicar el fenómeno de la radicalización. Afirmaba que muy poca gente alcanza el último estadio y que éste último estadio corresponde a los individuos que son más optimistas acerca de la utilidad de la violencia y la comisión de actos de terrorismo, aquellos que menos alternativas ven a la violencia para la consecución de sus objetivos.

La primera y segunda etapa del modelo del Prof. Moghaddam tiene un alto impacto en la familia y las relaciones sociales cercanas. Con el tiempo, esta perturbación puede conducir al aislamiento social de un individuo, convirtiéndolo en una presa fácil para las organizaciones radicales. La falta de un apoyo social estable significa que las opiniones radicales del individuo no se cuestionan debido a la ausencia de una contra-narrativa.
Cuando se detectan signos de radicalización en esta etapa, pueden abordarse mediante una intervención de los servicios sociales (gubernamentales), ayudando a restablecer las interacciones sociales y reconduciéndolas a su estado inicial.

Desafortunadamente, el coste de establecer un programa sólido de prevención, detección o
desradicalización todavía se percibe como un gasto debido a la falta de resultados inmediatos y tangibles. Este pensamiento sigue muy arraigado en algunos decisores a pesar de que el coste de formar a profesionales en la detección de signos de radicalización nunca superará el impacto de un incidente terrorista mortal, como el atentado de Bruselas de 22 de marzo de 2016.

En la tercera etapa, el impacto se mueve a nivel meso. Durante esta fase de radicalización, el individuo que probablemente ha cortado la mayoría de los lazos con la familia y la red social busca una nueva estructura social para desarrollar aún más sus puntos de vista radicales y crear un “círculo familiar / social” de facto. Esta estrecha interacción con los grupos / organizaciones radicales alimentan la falsa narrativa y la creencia de que su grupo étnico / religioso está sujeto a la injusticia, la discriminación o el odio por parte de “un enemigo”.

Es en esta etapa que un individuo radicalizado y aislado puede convertirse en un peón y ser
influenciada, moldeada y armada por una estructura más grande. En el caso de grupos radicales como Shariah4Uk o Shariah4Belgium, los líderes convencieron con éxito a los miembros más jóvenes de una batalla mundial en curso contra el Islam por parte de todo el mundo occidental fomentando la mentalidad de “nosotros contra ellos”.

En este estadio, los programas de desradicalización y desvinculación para combatir este tipo de radicalización violenta son muy costosos y consumen mucho tiempo en comparación con los programas preventivos diseñados para estadios anteriores. Cualquier enfoque de este tipo requiere especialistas altamente capacitados y bien experimentados y, naturalmente, este tipo de profesionales formados son escasos. Además, la tasa de éxito no parece muy optimista cuando se suman otros factores como la falta de voluntad del individuo radicalizado y la presión de grupo de la organización radical.

En consecuencia, es necesario invertir parte de los recursos a la gestión y desradicalización de estos últimos grupos. Esto multiplica el esfuerzo y los recursos necesarios para la aplicación de la ley, servicios de inteligencia, trabajadores sociales, etc.

El impacto derivado de las acciones del último estadio del modelo del Prof. Moghaddam en la sociedad excede el impacto de todos los otros estadios combinados por muchos factores. Las consecuencias de un ataque terroristas pueden clasificarse en términos de pérdida de capital humano (muerte, discapacidad o lesiones), el impacto psicológico en las víctimas y la sociedad en general, y el daño económico directo e indirecto.

La gran mayoría de las personas que presencian o sufren un ataque terrorista cambia drásticamente su vida. El Sr. Olivier Cauberghs ha podido entrevistar a lo largo de su carrera profesional a víctimas que, tras sufrir o presenciar un ataque terrorista, han decidido no tener hijos, evitan el transporte público y las multitudes, etc.

Los sucesos traumáticos como los ataques terroristas pueden crear un miedo en las personas, una percepción de inseguridad no real pero que necesita de asistencia y que puede traducirse en otros costes psicológicos y médicos.

Finalmente, cabe destacar el enorme impacto económico que provoca, tanto en sectores como el turismo como en la confianza de los inversores. En el ataque de Bruselas, Bélgica solo alcanzó un PIB del 1,4% frente al pronóstico del 2%. Los ataques produjeron una notable disminución en la participación e ingresos de eventos públicos como festivales u otras actividades culturales o de entretenimiento.

Esto provocó un impacto económico negativo estimado en 322,7 millones de euros en 2016. El crecimiento del mercado laboral no alcanzó tampoco su objetivo de 9.000 puestos de trabajo para el año 2016. El daño económico combinado de los ataques de París y Bruselas de 2015/16 se estima en 2.400 millones de euros.

¿Y DESPUÉS DE LA DETECCIÓN DE SIGNOS DE RADICALIZACIÓN?
Una famosa cita de Desmond Tutu dice: “Tenemos que dejar de sacar a la gente del río, ir río arriba y descubrir por qué siguen cayendo”. En el caso de la radicalización no es distinto. Después de detectar un comportamiento radical, es importante encontrar la causa para establecer un plan de acción personalizado dirigido a la raíz del problema. Es la causa y no los síntomas los que deben priorizarse. De igual modo, debe destacarse que ser radical no desemboca necesariamente al extremismo, a la práctica de la violencia o a ser un terrorista. El foco de atención debe ser la violencia, no tanto la ideología en sí como el hecho de desvincular esa ideología de la legitimación, apoyo y convicción del uso de la violencia para conseguir los objetivos (Sedgwick, 2010).

En 2014, el Sr. Olivier Cauberghs presenció un caso en el que un adolescente crecía siendo el miembro familiar responsable de una familia de cinco miembros después de que su padre los abandonara años antes. Toda la presión de ser el pilar familiar y la figura paterna de la casa fue demasiado para él, más aún estando en su etapa escolar. Como un grito de ayuda y una forma de llamar la atención comenzó a mostrar un comportamiento radical y provocador. Afortunadamente, los maestros señalaron e identificaron el cambio alarmante y rápido en su comportamiento, por lo que la policía y los servicios sociales pudieron intervenir a tiempo.

Con la gran ayuda de los trabajadores sociales de la ciudad, se identificó la enorme presión que estaba experimentando el adolescente, causa del comportamiento radical, comenzando un enfoque holístico para restablecer el equilibrio en la familia. Una vez que la presión se normalizó, el comportamiento radical se detuvo. Si no se hubiese abordado el comportamiento radical de este joven (de manera oportuna), podría haber sido captado por organizaciones radicales y probablemente se hubiese interrumpido su educación, reduciendo las posibilidades de tener una vida exitosa.

Este joven en particular se encuentra actualmente en la universidad estudiando ingeniería y no ha exhibido ningún comportamiento problemático desde entonces. Este desenlace feliz es fruto del excelente trabajo del director de su escuela y los maestros capacitados que pudieron identificar y señalar la desviación en su comportamiento para derivarlo y trabajar conjuntamente con el organismo gubernamental apropiado que pudo brindarle al adolescente el apoyo adecuado.

CONCLUSIÓN
Abordar la radicalización, al igual que curar cualquier enfermedad, es bastante sensible al tiempo. En este sentido, cuanto más tarde detectemos y señalemos un comportamiento radical, más difícil será resocializar a la persona y que reanude de forma normal su vida en sociedad. Cuando somos capaces de identificar y abordar el comportamiento radical en una etapa temprana, también evitamos indirectamente la polarización de la sociedad al eliminar el terreno de cultivo de las organizaciones radicales.

Es imperativo que consideremos el tiempo y los recursos dedicados a los programas de detección y prevención como una inversión en lugar de un coste. Si bien la existencia de estos programas nunca es garantía frente a incidentes futuros, sin duda su ausencia será bastante más costosa.

Autores: Oliver CAUBERGHS, Instructor especializado en prevención y detección de signos de radicalización y detección de comportamientos terroristas de la Policía Federal de Bélgica; Daniel MILLAGASCÓN, Criminólogo en la Sub-Direcció General de
Coordinació de la Policia de Catalunya y profesor asociado en la Facultad de Derecho en la Universitat de Barcelona

Artículo extraído de la revista Al-Ghurabá, nº 36, edición agosto 2020, ISSN 2565-2222

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