
Donald Trump – crítica política, que a mi el tipo me la suda- es un psicópata de libro, afanoso de poder, dinero y notoriedad. Se ha metido en un avispero importante y no sabía cómo deshacer el enredo montado. Los mercados fundamentalmente y las elecciones de mitad de mandato le han hecho recular y, como tiene soldados, aviones y misiles para aburrir, ha montado un alto el fuego que no sabemos cómo va a evolucionar. Cuando montó la guerra que acojonó al mundo, propugnaba que Irán no enriqueciera uranio para conseguir la bomba atómica y cambiar el régimen que malgobierna el país. Tras más de un mes de bombardeos, muertos, mercados deslavazados y el mundo entero en un ¡ay!, no sabemos si sigue lo del uranio enriquecido, sí que continúan mandando los abuelos con sotana y turbante, como Jomeini. Las mujeres siguen tapadas hasta las cejas sin que las feminazis irascibles en otros entornos digan nada y los que protestan, siguen yendo a la horca. El régimen dictatorial – dicen que es voluntad de Dios. No sé de qué Dios habla ni dónde ha hablado ni qué ha dicho. Trump ha creado un gran problema – ha creado miles, que les pregunten a los migrantes, por ejemplo- y ahora se presenta como el redentor. Ya avisó Julio Caro Baroja con un poema medieval: “El señor don Juan de Rodres, con caridad sin igual, hizo este gran hospital y también hizo los pobres”. Entonces los hospitales atendían pobres porque no había Muface ni la gestionaban flojos de pantalón
Esta mañana, mientras hacía de plañidera por el abandono radical de mi chica – Solo en mi cuarto y en un rincón, apurando un vaso y una ilusión, como canta el hortera Tony Ronald, el del Help, ayúdame- . Ha sido un espejismo maravilloso, por nada del mundo me perdería estos meses, ni su piel, ni sus besos, ni su mirada, ni el monumento de su cuerpo, recorrido como si cada vez fuese la primera, con el nerviosismo olvidado de adolescente. A mi edad. Pero ya saben, cuando te dicen: necesito reflexionar, tener calma, pensar, establecer un paréntesis… te están dando el pasaporte de manera suave, como empotrándote con vaselina. Hasta el último latido de mi corazón estará, con un punzón, grabada en el rabillo del ojo – y en el otro también. Nota poética debida a mi amigo Eslava Galán. Ha sido lo mejor de mi vida. Me ha dejado tirado y solo le deseo que no tropiece con un cenutrio de gimnasio, con bolas de clembuterol por las pechugas infladas y con la cabeza hueca y hortera. Aunque fuese así – que no creo, conociéndola- yo estaré en la residencia, con mi carrillo andador y protestando a la auxiliar porque se olvida de cambiarme los pañales, esperando por si un día se le ocurre regresar. Cada minuto me tropiezo con tu imagen en el pasillo y ya me han llevado al psiquiatra tres veces. Dice el galeno que no tiene arreglo. La querré siempre. Inevitablemente. En el último minuto – cuando me dio el pasaporte- me dijo que me iba a mandar una foto en lencería. La habría enmarcado y puesto en mi mesilla de noche para verla cada vez que quisiera, tapada con un velo porque esta residencia está plagada de cotillas, pero se arrepintió a última hora. También se arrepintió de estar cogiéndome la mano cuando me esté yendo directo al crematorio. Es la vida y yo un cenizo.
La idea – volvamos a Trump- no fue de él, aunque se alborozó con ella. Netanyahu le secó el cerebro. Como le pasó al Quijote, demente senil, que cuelga en las paredes de la iglesia de Argamasilla de Alba, idea primigenia de mi Quijote Negro e Histórico. El dictador judío amante de la guerra, sigue con la cantinela del Dios del Antiguo Testamento, empeñado en poner como alfombra de sus pies la cabeza de sus enemigos, que son todos los que le impiden nacer y crecer ampliando su territorio. La guerra dura cuarenta siglos, desde que el mítico Abraham llegó de Irak y se encontró con los filisteos – o sea palestinos- y, siglos más tarde desde que el también mítico Moisés, desde el monte Nebo, en Jordania, vio la tierra prometida y contrató a Rahab para que hiciera de espía, también contra los palestinos que ya estaban allí. Nota: Rahab trabajaba más para Moisés que Jésica para Ábalos, mera curiosidad.
Netanyahu, criminal de guerra reconocido, dice que las negociaciones de Irán y Trump, que tienen lugar en Islamabad, no tienen nada que ver con el Líbano y que ahí van a seguir bombardeando porque esos ya están acostumbrados. Ya iremos viendo cómo se desarrollan las negociaciones empujadas por los mercados. La pasta está en el fondo de todo, el petróleo, las bolsas, las empresas armamentísticas. Creo que nos vana a quitar hasta el vino peleón en la residencia y lo van a cambiar por agua del grifo por aquello del ahorro y la austeridad. Las bolsas son el termómetro y, como decía mi amigo Jaime el psiquiatra – no al que me mandan ahora los capitostes de la residencia por mi amor quijotesco, mi Dulcinea casi manchega, sino otro: Todo lo que sube, baja. Ya sea por la gravedad o por su propio peso. Las bolsas han bajado porque el petróleo ha subido. Ahora toca el movimiento contrario. Falta tiempo para la crisis de 1929. No os tiréis aun por el balcón.
Esta misma mañana, mientras lloraba por el abandono de que he sido objeto, veía en televisión a Ábalos con cara de circunstancias, serio como para dar un pésame y a Koldo escondido intentando ordenarse la calva. Una cosa seria, el Tribunal Supremo. La declaración del hijo no hay que tenerla en cuenta, mis hijos también declararían a mi favor. Mi madre también me quería. Dos cosas arrojan luz sobre aquel mosquetero que para tirar a Rajoy a la calle – Rajoy me cae como una patada en los mismísimos y Aznar también- para tirarlo predicaba en el Congreso, con una solemnidad apabullante y que parecía como mi declaración a la chica que me dejó. Clamaba contra la corrupción como el hombre más honesto del universo. Nosotros, él incluido, somos el paradigma de la honradez.
Todo quedó reducido a cenizas, como el amor fugaz, cuando Koldo empezó a buscar piso de lujo para Jesica y a algún pringao que, a cambio de algo, lo pagara. ¡Ayyyy señor, los problemas de bragueta mezclados con el mando y el poder! He ahí uno de los misterios del universo. Mucho más que el de la trinidad, la transustanciación y la ascensión de Muhammad al cielo desde la mezquita de Al Aksa juntos. Se aclaró todo mucho más cuando el hermano de Koldo afirmó haber ido a Ferraz a recoger dos sobres de pasta – no sé si citarán a aquella empresaria despeinada que había pasado por el mismo sitio a llevar bolsas con idéntico producto-. Y aún se aclaró mucho más cuando Jesica, contratada laboralmente, dijo que no sabía ni qué es Tragsa. Acojonante. La historia se repite. David Sánchez tampoco sabía donde estaba su despacho de la música pacense.







