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P.S, M. Rajoy, el Papa y el narco Dorado

Manuel Avilés

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Soy un abuelo casi inimputable. Puedo escribir lo que me de la gana y casi hacer  lo que quiera porque, incluso en la cárcel, sería un estorbo y cualquier director  con el que me tocara, daría lo que pudiera, para ponerme en la calle, en una residencia de monjas con bigote, en algún aposento tercermundista de esos que comen rancho barato, que ahorran en aire acondicionado y calefacción para quitar viejos de en medio y en los que algun@s cuidador@s  funcionan como cabos furrieles, de aquellos de los campos de Mathaussen. Vamos a la faena, que estoy hasta los moños del Papa y su televisión despistadora: todo un bálsamo para fontaneros y otros urdidores de la política.

Nadie diría que somos un estado constitucionalmente aconfesional. Hemos tenido al Papa hasta en la sopa. Estoy de acuerdo: es un líder moral inapelable, su liderazgo es mundial, pero yo, justo el domingo antes de su visita he ido a tres misas en tres iglesias distintas y he notado una población feligresa con mi media de edad e incluso un poco más alta. He visto todos los confesonarios cerrados y un porcentaje mínimo de abuelas  – con todo el respeto que yo también soy abuelo- en las colas escasísimas para comulgar. Si a esto le unimos los viajes de colegios, las monjas de mil congregaciones   – ni el Papa sabe cuantas congregaciones de monjas hay-, los seminarios cerrados y convertidos muchos en residencias de abuelos, que esos sí que sobramos por todos los sitios. Si consideramos todo esto, dicho a bote pronto: el viaje del Papa y las multitudes en Madrid tienen bastante de postureo y de turismo beatífico, incluidos los kumbayas de las guitarras. Cosa que está  muy bien porque así la gente se cultiva, contactan con culturas diversas y se le da alegría al cuerpo- física, psíquica y espiritualmente- que falta le hace.

Tengamos una sola cosa en cuenta: el Papa este  – Prevost, creo que se llama- es un hombre equilibrado, con personalidad sensata y líder moral evidente por el puesto que ocupa. Aunque le escriban los discursos para cada caso y tenga un equipo que se informa de las características del auditorio, vamos a fijarnos por razones de economía en su discurso en las Cortes Generales, generado en su secretaría de estado de asuntos internacionales y que vale para España y para Trump incluso.

Ha criticado el Papa la polarización política, ha hablado de “desarmar” el lenguaje y de cómo la pluralidad política no debe conllevar la descalificación agresiva del contrario. No digo más porque para qué meterme en el gran berenjenal de la inmigración o del descuido  – casi y prácticamente un abandono de los enfermos mentales- tendría para escribir una enciclopedia y no es cuestión de abusar. A mi, que no soy nada creyente, que no pienso pedir un cura que me confiese cuando la esté palmando ni pienso pedir un funeral de primera, como los que hacía el cura de mi pueblo, con armónium, incienso, grandes velas, catafalco negro y Barbateja berreando como una cabra de la Sierra de Tramontana- a mi, que solo creo en el Dios de Baruch Espinoza, el Dios de la naturaleza, que no creo que Dios nos haya hablado y mucho menos haya inspirado a nadie ningún Corám ni ningún Génesis o Deuteronomio o Éxodo. Ningún evangelio de Marcos, de Mateo o de Juan y ninguna carta del fariseo Pablo.  A mí, me ha gustado la manera de hablar del Papa que tiene, no obstante, bastante tufillo demagógico y de brindis al sol. La Iglesia es sabia, sabe ponerse en el sitio adecuado en cada momento y como todas las ideologías – mutatis mutandi, o sea cambiando lo que haya que cambiar para subsistir- por eso lleva dos mil años sobreviviendo y puede estar con Franco, con la Inquisición o con los curas comunistas  con base en idénticos textos. Nombran el Evangelio y meten a Franco bajo palio, nombran el Evangelio y dicen que Pedro Casaldáliga es un santo aunque luego llegue Juan Pablo II y le meta un chorreo a Ernesto Cardenal de cojones. Idéntica doctrina se puede aplicar a todo, como aquel maestro de la pintura que empezaba un cuadro y decía: si sale con barba, San Antón. Y si no, la Purísima Concepción.

No ha terminado el Papa de irse  de Madrid   – cuando escribo esto anda por la Sagrada Familia de Barcelona- y los diputados que, solo veinticuatro horas antes lo habían aplaudido a rabiar, de acuerdo con su mensaje el Congreso  – más de siete minutos duraron los aplausos-, se han tirado al pescuezo como si el Papa no hubiera estado  allí. Se ve que el afán de poder tira, empuja y tiene mucha más fuerza que la palabra del Papa.

Dije, en mi artículo anterior, que el asunto de la Fontanera del Psoe, que ya aireaban los medios, parecía una aventura de Mortadelo y Filemón Agencia de Información. Encargar algo de la envergadura que se dice, es como encargar a Torrente la lucha contra el narcotráfico  en el Campo de Gibraltar, una ridiculez. Claro está, entiendo desde la humildad, la ignorancia y hasta el deterioro de un anciano  – no ha hablado el Papa de los viejos, que él lo es como yo, y que también andan abandonados-. Quienes suenan o parecen  – presuntamente, que hay que defender la presunción de inocencia- los urdidores de este gran jaleo, saben de seguridad del estado, de delitos, de juicios y de derecho en general  – Koldo, Cerdán, Ábalos y toda la caterva- lo mismo que yo de Física Nuclear.

Parece, según todos los medios que oigo y son muchos, que no hay nada de fachosfera, ni hay nada de bulos ni nada de operación oscura de un grupúsculo contra el gobierno.  Parece que hay tomate.

Hoy se han tirado a la yugular en el Congreso, perfecto. No han hecho caso al Papa que aplaudieron fervorosamente y la pluralidad política ha degenerado en descalificación de los adversarios. Señor P. S., ha dicho Feijoo dirigiéndose al Presidente del Gobierno. Si vamos de siglas, le ha contestado, que me hable el partido de Dorado  y el de M. Rajoy. Todo esto, más o menos que hay que leer la prensa mañana, y dicho con el cuchillo en la boca, como Rambo.

No entro en si Sánchez – aún no ha habido sentencia condenatoria que yo sepa- está con su gobierno pringado en la corrupción de las amigas que viajaban con el ministro como si fueran técnicos de la administración, ni en los mil y un chanchullos que leemos y hemos leído en todos los periódicos menos en los que son la voz de su amo o si no se ha enterado de nada. Muy mal hecho porque si nombras a alguien, delegas la función pero no la responsabilidad.

Sí entro en que la corrupción de que habla contra Feijoo  – y Feijoo no me gusta, Juan Carlos de Manuel que luego me dices facha-, ya fue juzgada en aquella moción de censura que perdió Rajoy y que defendió tan vigorosamente  Ábalos. Ese ministro, que era la esperanza socialista de la Comunidad Valenciana, defendió la honradez de los políticos, su trabajo por el bienestar del pueblo y su probidad moral contra los que hablaban de “los volquetes de putas”, como la habría defendido el mismísimo padre Prevost, agustino devenido Papa. Se presentó, el mismo y  a su partido, como la encarnación de la moral política y mirad en qué hemos quedado, con Koldo teniendo en su casa – como es normal y tenemos todos. Diez mil pavos para gastos sorpresa.

No se puede estar insistiendo permanentemente en algo que ya le costó el gobierno a Rajoy. Ahora estamos hablando de ahora, de la gente que gobierna y gestiona la pasta ahora, con perdón de las repeticiones. Feijoo no me parece el mejor candidato para el PP, porque la sombra del yate de Dorado le va a acompañar siempre y se la van a restregar en cada oportunidad. No entenderé nunca a los que se corrompen por un yate. No subo a él ni aunque me lo mande el médico porque antes de salir del puerto ya estoy echando la primera papilla. No he nacido para el mar ni para el aire, me gusta pisar el suelo.

Sánchez, intenta sacar pecho  – puro postureo defensivo- hablando de que estamos en el  mejor momento de la democracia, cuando tenemos a catalanes y vascos que no hacen otra cosa sino barrer para su interés, cobrar por cada voto afirmativo, sin mirar ni por casualidad el interés de andaluces, extremeños, gallegos, leoneses y tantos otros.

Ya podrían los tribunales darse un poquito de prisa en sentenciar, aunque comprendo el atasco de la Justicia y cómo se ha judicializado todo. Hay que trabajar un poquito más, porque veo gente de esos menesteres que desayunan una hora y cuarto, luego cigarro y café de máquina a media mañana, hacia la una y pico otro cafelito y a las dos a su casa. Los sindicatos de las gambas hablan y no paran   – no sé qué hacían el otro día chupando cámara con el Papa-. Trabajas menos que un liberado me decían a mí hace unos días, que un jubilado trabaja menos que el sobaco de un churrero, como el del foulard. Algunos, que los hay modélicos, de Justicia, del ejército, de la educación y del copón de la baraja se parecen bastante a aquel chiste de unos críos que hablaban sobre velocidad. Uno hablaba del sonido, otro de la luz y otro de los misiles Trumpistas. Llegó uno nuevo y dijo el más veloz es mi padre, sale de trabajar de la oficina  a las tres de la tarde y a las dos ya está  en casa comiendo.

Manuel Avilés, escritor y director de prisiones jubilado, columnista de h50

 

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