
Yo soy poco religioso. Nada. La culpa es del cura de mi pueblo, que me echó de la iglesia por llevar la cabeza vendada – mi hermano me había hecho una avería importante con una pedrada más importante aún-. Los niños no teníamos teléfonos móviles, ni tablet, ni televisión. Los ricos tenían bicicletas y juegos reunidos geyper. Los pobres, cogíamos nidos en la chopera, hacíamos guerras con espadas de madera, nos bañábamos en el río y peleábamos a pedradas.
El cura – culpable de mi agnosticismo, como el rail de Adamuz, es culpable del trágico descarrilamiento-, cuando intentaba ser monaguillo, como le protestaba en el catecismo, al verme con la cabeza vendada por la pedrada, aprovechó la ocasión. Yo le llevé la contraria porque él afirmaba, que en el infierno se sufría eternamente. Le dije: Dios, ahí, se ha pasado varios pueblos. Afirmaba que en el cielo no había ni mujeres ni hombres – un aburrimiento- ni ricos ni pobres. Los ricos son muy listos, don Blas, ya buscarán ellos la forma de que en el cielo haya clases porque su pasta no la van a soltar por las buenas. Se cabreó y para echarme, con mi cabeza vendada y con diez o doce puntos, gritó colérico: ¡Fuera de la iglesia que aquí no admitimos moros! ¡Joder! Me confundió con Jomeini, que ya entonces debía tener cincuenta años, cuando yo solo tenía ocho.
El agnosticismo, un mecanismo de defensa, nada más, lo afianzaron otros curas posteriores, empeñados en que yo era un pecador e iba directo a la condenación eterna, empeñados en confesarme todos los martes por orden alfabético y en preguntarme – con nueve años que fue mi entrada en el colegio, fruto de la emigración- si yo me tocaba. Yo respondía, como si fuese gallego: ¿Qué me tengo que tocar, cuándo? Porque no había redes y no veíamos nada erótico. Lo más cerca al erotismo, en aquellos años, era un bocadillo de jamón que yo tampoco había probado. Cuando un pobre come jamón, o está malo el jamón o está malo el pobre. Si quieren más datos vayan a El Pedernoso, el veintiuno de febrero. Quijote negro e histórico. Cuarenta años de cárcel. Sin redención. Ahí está todo.
Pido disculpas por la brasa para explicar mi ser poco o nada religioso. A pesar de todo, como los viejos que se convierten al final por si acaso, me sorprendo por la avenida de Aguilera, camino de la estación de Renfe, rezando. Solo me acuerdo de aquel que me enseñó mi madre: cuatro esquinitas tiene mi cama, cuatro angelitos que me la guardan. Puede valer porque me han dicho que hasta han cambiado el padre nuestro y ya no es el mismo. ¡Mierda de aggiornamento!
Voy rezando porque voy al AVE. Preparado me he comprado una equipación completa de montañismo y llevo también mi casco de moto y mis guantes anti caídas. Les recuerdo que, por la literatura, que me da muchas satisfacciones, pero ni un duro, la última vez que, en AVE, fui a Santander, se cayó la catenaria y estuve tres horas, tirado en el páramo palentino, al sur de la cordillera cantábrica y al norte de la bella desconocida, esa catedral que ni dios conoce, por estar entre la de León y la de Burgos.
Da asco oír las y, si voy en el tren escuchando informativos, se me atragantan inevitablemente los bocadillos de plástico que se venden a precio de caviar Beluga, el del mar Caspio.
Llevamos – siento lo que les ha pasado a esos cuarenta y seis muertos y más de cien heridos, podíamos haber sido cualquiera- diez días con todas las teorías posibles sobre el descarrilamiento y posterior choque del Iryo contra el Alvia. Desde el primer segundo ya había gente excusándose. He oído las opiniones en radio y televisión de varias decenas de ingenieros. Hasta he oído en el más espantosos de los ridículos, al señor Puente, explicándonos lo que significa “integral” para escurrir el bulto. Al final, parece lo más probable que el descarrilamiento se deba a un rail mal soldado. Pues ahí hay que insistir: de cuando es la reforma, qué se iba a reformar, cuáles son los informes anteriores y posteriores, qué materiales se usaron y quien era el soldador. Yo, en mi terreno, he hecho centenares de informaciones. Si preguntas a uno y a otro, adecuadamente, se abre la luz como en el estadio del atleti cuando encienden los focos. Asuman responsabilidades y paguen. No busquen cabezas de turco para que los mismos sigan en el machito y vean también si esas ofertas de infraestructuras tenían algo que ver con los repartos que hacían Ábalos y Koldo, los grandes especialistas ferroviarios, que – abuelo jubilado e inoperante e inútil, como soy, acabo de leer, que la UCO añadió un informe en junio del año pasado sobre posibles, presuntas, presumibles, que a lo mejor existieron. Lo siento pero me la cojo con papel de fumar. Del señor Koldo interviniendo” reparto de obras con referencias explícitas a trabajos importantes de seguridad en Adif”. ¡La madre que me parió!
Más cosas para acabar de liarla. Sánchez fue profesor de Maquiavelo. El florentino no llegaba a la altura de la alpargata al madrileño. Mete el tío un decreto para subir las pensiones – ya sabemos que gobierna sin parlamento porque no le aprueban nada sin pagar sobradamente por todo, como por el sillón-. Esta noche quiero escuchar a Vicente Vallés – ando peleando para entrevistarlo sobre su último libro, La caza del ejecutor- porque sus comentarios y juicios me parecen de lo más ponderado en la actualidad informativa .Bueno, que Sánchez, profesor de Maquiavelo mete en un mismo decreto, para aprobarlo en manojo, la subida de pensiones, asuntos sobre prohibición de desahucios y de cortes de suministros básicos a vulnerables. O sea las pensiones de diez millones de jubilados, van en el mismo paquete que los desahucios, los okupas y los cortes de luz. Los peperos, los voxeros y los puigdemones, votan en contra y ganan porque tienen mayoría.
Error grave del Padre Feijoo. Si hubiera hecho lo que su antecesor, el benedictino ilustrado del siglo XVIII, se lo habría pensado dos veces. Ya sé que es el estilo de Sánchez y que es la segunda vez que lo hace, pero… a ver cómo el señor Feijoo le explica a los diez millones de pensionistas apesebrados y vagos – entre los cuales me cuento- que este año no les suben las pensiones. Vean ahora mismo a Montero y Alegría soltando sapos y culebras en sus respectivas campañas electorales. A ver cuando aprenden que Sánchez es muy listo.
Lo último. El fascista Trump, ultraderechista y que permite a sus ejecutores usar uniformes filo nazis, como ese que no merece el apellido Bovino, permiten ya los asesinatos televisados en directo. Sacan a los niños a rastras de los colegios y de los coches de sus padres, pegan diez tiros a un individuo rodeado de bovinos en el suelo y nos intentan vender que eran en defensa propia. Altera el equilibrio económico mundial con sus caprichosos aranceles y ejerce sin que nadie se lo haya pedido en policía del mundo, repartidor de soberanías y conquistador de islas ricas en minerales y estratégicamente situadas. ¿Los americanos echaron a Nixon por unas simples grabaciones de hotel? ¡Menuda mierda!







