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Aquel abril del 1939 acabó la guerra civil española, un escueto bando daba por finalizada la contienda entre hermanos. Comenzó una dictadura que finalizó en diciembre de 1978 con la Constitución.

Son fechas del siglo pasado, curioso que lo veamos tan cerca cuando varias generaciones ya han nacido en democracia. Incluso quien suscribe, no conoció a ese personaje tan histórico llamado Francisco Franco como lo fueron Manuel Azaña, Juan Negrín, Alfonso XIII … o Isabel La Católica, coño¡¡¡.

Solo mi abuelo tenía derecho a hablar de dictadura y ya murió, ahora aparecen gilipollas recordándola y simulando su existencia. Manipuladores que han montado un negocio, basado en la creencia de lo inexistente.

Recuerdo a mi abuelo Juan en su vieja casa, limpiado las cholas con betún al calor de la lumbre de encina, “es la mejor leña hijo, resiste al fuego, aunque al final toda acaba quemándose”.

Algún día quemareis a la sociedad, harta de escuchar la palabra “fascismo” o “fascista”, como recurso al insulto de los que no han hecho nada por la democracia, se encontraron con ella. Cada vez que escucho ese término, suelo mirar la barriga de quien lo pronuncia; plena, oronda, caldeada por la calefacción y subida en zapatillas de andar por su cómoda casa.

Mi abuelo pasó hambre, vivió escondido en un pozo, mató para seguir vivo y nunca hablaba de fascismo.

Gedeón Pérez

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