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Me asombra la Justicia y el Quijote Negro: el gato encerrado

Modificación ley enjuiciamiento criminal h50
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Manuel Avilés*

En el QUIJOTE NEGRO E HISTORICO,  festival literario internacional, estoy disfrutando – como decían en mi pueblo- como un marrano en un charco, rebozándome en belleza, en buen rollo y en buena literatura. Cuatro días sin ver televisión ni telediarios, guauuuuuuu. Duermo solo, a falta y a la espera de mejores tiempos y oportunidades, por eso necesito la radio para dormir como en mis buenos tiempos. Mi chica galáctica no ha venido y me ronda continuamente la canción en mi  cabeza anciana: ¡ayyyy amor, sin ti no entiendo el despertar! ¡ayyy, amor, sin ti mi cama es ancha!  Aquella que cantaba Serrat sobre un gitano que se pegó el piro cuando los tiros empezaron a sonar. Sin mi chica no termino de estar a gusto. Ni empiezo a estarlo. Ella es necesaria, imprescindible. Mucho más que el peine para desenredarme esos pelos de mocho de fregona que la naturaleza me ha dado.

Hablando de tiros, que alguno me han pegado y muchos más me han querido dar. Me tienen cabreado los algoritmos, como dice mi amor cartagenero. Todos los días me salen anuncios en el feisbu  recomendándome tanatorios, funerales, adornos de flores y hasta curas que cantan, ayudados por el sacristán barbateja, el dies irae  diez illa, solvet saeculum in favilla, con voz de oveja ronca, que es el canto más adecuado para espantar al diablo y que el muerto no entre en elinfierno. Le he dicho a mi amor cartagenero que tengo novia, aunque todavía no se la puedo presentar y que, sin ánimo de serle infiel, no quiero coronas de flores ni que me cante barbateja ningún adagio fúnebre para pasaportarme al averno. Le he dicho que tiene que estar ella allí, en la ceremonia civil, y ejercer como rapsoda, que le dida permiso a su consorte y que no tenga celos. Un cadáver es siempre inofensivo.

En el QUIJOTE NEGRO E HISTORICO, festival literario internacional, inaugurado en esta edición por el Teniente General, Jefe del Estado Mayor de la Defensa, Félix Sanz Roldán, también ex Director del CNI, un hombre pacífico, sereno, sabio  y elegante, ha estado a punto de tener lugar la tragedia. Hacemos un receso en las intervenciones y el Club de lectura de El Pedernoso, nos da café, zumos, galletitas y magdalenas. Cojo una magdalena y doy un inocente bocado. Veo que sale  la esposa del genio de la cirugía bariátrica, Carlos Ballesta y corro educada y precipitadamente a despedirla. Entre el bocado a la magdalena, la carrera de obstáculos entre el público que llenaba la Casa de la Cultura y el ansia por quedar bien con la señora, se me atasca la magdalena en el gaznate y cuando me doy cuenta veo que no puedo respirar. El sonido que emitía era el del ajusticiado por garrote vil en la película del Verdugo, de mi amigo  – que pena que seamos mortales- José Luis García Berlanga del que hablo largo y tendido en  “Cuarenta años de cárcel. Sin redención”. Me ha salvado una secretaría del Ayuntamiento con un vaso de agua y Begoña Valero, médico y escritora, premio de las Letras del Mediterráneo, que da un palmetazo en la espalda y deshace el atasco.

Tiene cojones que haya estado cuarenta años en la cárcel, me hay mordido y apuñalado  una negra cubana, que haya estado en Colombia con narcos y bandas armadas y paramilitares, que me hayan intentado matar los etarras y haya andado con la escolta no se cuanto tiempo y me venga a morir al Pedernoso ahogado por una magdalena. Cuando estaba a punto de dar con mis huesos en la tierra por la falta de aire, no he visto ese túnel blanco  que dicen quienes han estado cerca de la muerte, no me he arrepentido ni he hecho una confesión fulgurante, no he visto al Padre Claret  – Lean “Los confesores reales” –  acogiéndome como alumno suyo durante años.  Solo he pensado en mi chica, que iba a quedar tirada e incluso podía pensar que, ante la boda inminente,  me había matado a propósito para escurrir el bulto, cuando suspiro continuamente por sus huesos. Pensaba también en Casilda, la pobre abuelita que quedaría desvalida y pensando que su padre se habría fugado irresponsablemente. Dejemos las narraciones mortuorias. Dejen de mandarme al feisbu anuncios de tanatorios, funerales y enterramientos y no vuelvan, en mis eventos literarios, a darme nunca más una magdalena.  ¡A la mierda Marcel Proust con su magdalena,  que ha estado a punto de liquidarme!

Por la noche, superado el ahogamiento y con síndrome de abstinencia, no puedo evitar poner la radio y leer varios periódicos en el feisbu o como se llame ese sitio que te los pone a huevo en el teléfono. Acojonante. Y no entra a la cárcel ni dimite nadie.

Me ratifico. A la cárcel van los pringaos. A poco que tengas una agarradera, un enchufe de alto voltaje o una manta para tirar de ella y liarla bien liada, haces lo que te pasa por los cojones y te libras.

Salen audios, fotos. Videos, charlas de Ábalos y Koldo a porrón: Oye, tu que me traigas las chistorras. Tráete también unas cuantas lechugas. Dale doscientos a mi sobrina y cien a la otra sobrina que no tiene ni para comer. ¡La madre que me parió, qué familia tan necesitada  – presuntamente- para ser gente tan importante.

Dicen    – no me entero bien porque estoy en EL          QUIJOTE NEGRO – que han citado a los dos amantes de la chistorra y la lechuga   – tengo que probar ese plato porque yo creía que la lechuga iba más conforme con el cordero al horno- los han citado en el Supremo.

Aquí hay gato encerrado por la gloria de mi madre   – juramento andaluz que no tiene nada de gracioso como le adjudicada el gran Chiquito de la Calzada-, aquí hay Gato encerrado porque  Ábalos , demacrado y como puesto a dieta por el Doctor Ballesta   – no dejen de leer su obra   “El proscrito de Granada”-  Ábalos, repito, la esperanza y el liderazgo indiscutido del socialismo valenciano, intenta una estrategia más vieja que las cortinas de saco. Dos días antes de la comparecencia renuncia al abogado y, como no tiene, hay que retrasar el acto. El juez lo manda a paseo y a Ábalos le da igual. Llega al Supremo y no dice ni pío. No sabe, no contesta.

Su colega, maletero, sirviente, recadero, mamporrero, consejero…y todo lo que acabe en ero, sigue idéntico camino, llega al Supremo u guarda absoluto silencio aunque poco después da una entrevista a un periódico. Esta va para premio Planeta.

El magistrado los deja en la calle y a la vez deja claro que hay riesgo creciente de fuga porque se aproxima el juicio oral, el fiscal no pide ingreso en prisión, subraya el Sr. Puente los sólidos indicios de criminalidad  – refiriéndose a los de las chistorras- y habla de robustez y contundencia de los mismos. Manifiesta a la vez, pese al aluvión de indicios que apuntan a la comisión de delitos muy graves, su estupefacción porque Ábalos siga de diputado y padre de la patria y habla del viciado ejercicio de la función pública. Patxi López, portavoz que habla antes de enterarse, sale en tromba contra el juez como diciendo dedícate a lo tuyo que es cumplir la ley y no comentarla. Hace méritos para pasar de lehendakari a ministro de algo, aunque ese algo sea absolutamente inoperativo.

Los dos amantes de la lechuga, las chistorras y las sobrinas cariñosas   – todo presuntamente- se vuelven a su casa y yo me quedo insomne: aquí hay gato encerrado. Sigo escuchando la radio en sueños: me atasco con la magdalena, Ábalos sale con lechugas, Koldo trae una canasta con chistorras y Sánchez coloca en Enusa con doscientos cuarenta mil pavos de sueldo a un tal Mariano  Pavón, al parecer, investigado por ser el de los sobres socialistas con dinero en metálico. ¡La Virgen del Pincho, que dicen en Granada! Hay gato, por mi madre que hay gato. ¿Dónde estará encerrado?

Manuel Avilés, escritor y director de prisiones jubilado, columnista de h50 Digital

 

 

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