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La policía contra el bandolerismo

Autor: Martín Turrado Vidal

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Martín Turrado Vidal*

Este año fui invitado a participar en las X Jornadas de Alameda (Málaga) sobre bandolerismo en Andalucía. Era la segunda vez que me han invitado a estas Jornadas: las anteriores se desarrollaron en Jauja bajo el mismo título, hasta llegar a las X, en que cesaron por unos años y posteriormente se trasladaron a Alameda. A pesar de estar organizadas por las mismas personas y con el mismo título, cambiado únicamente el lugar de celebración, para mí el hecho de que los organizadores no fue lo mismo[1].

¿Cómo comenzó y se ha desarrollado mi interés por la actuación de la policía bonapartista contra el bandolerismo? En un viaje a Córdoba para dar una conferencia en los locales de Caja Sur con motivo del 175º aniversario de la fundación de la policía, invitado por Don José Antonio Linares, subdelegado del gobierno, tuve la ocasión de encontrar en el Archivo Municipal de Córdoba unos mil trescientos oficios del Comisario de su Prefectura a las diversas autoridades josefinas. Gracias a Dª Ana Verdú pude obtener una fotocopia de ellos y estudiar con mucho detenimiento. Fruto de ello fueron dos obras: “De malhechores a gente de orden. Los Agentes Montados de Policía de Córdoba”, en que pude reconstruir la vida y milagros de una partida josefina contra la guerrilla desde su nacimiento hasta su final. La otra se tituló “Las instituciones de seguridad en el reinado de José I Bonaparte. El caso de Córdoba”. Esta obra recibió la mayor subvención a una publicación el año 2011 por parte del Ministerio de Cultura, a quien se había presentado el proyecto por la editorial Dykinson.

Por todo lo que antecede, me hizo muchísima ilusión asistir a las jornadas. El título de mi intervención en ellas fue el de “La policía bonapartista y su lucha contra el bandolerismo. 1810-1812”. Este tema, el de participación de la policía en la lucha contra el bandolerismo, está completamente virgen en la historia de la policía. Pienso que merece mucha más atención. A esto ayudará, sin duda, el libro escrito por nuestro compañero Agustín Flores sobre la comisaría local de Antequera que narra muchos servicios prestados por ella en esa lucha. Deseamos que se publique pronto para poder disponer de un instrumento muy útil en este campo.

Por mi parte, había seguido los avatares tanto de la Partida de Agentes Montados de Córdoba como de la Comisaría prefectural en esa lucha contra el bandolerismo, a pesar de los numerosos obstáculos que encontró. En muchas ocasiones, no es fácil distinguir la actuación de los bandoleros de las de los guerrilleros, de los soldados desertores o de otras cuadrillas ocasionales de delincuentes. A pesar de todo, en ambos se han recogido un sinnúmero de actuaciones de la policía en esa lucha.

Por otra parte, al preparar una conferencia para el día de la Policía el año pasado para pronunciarla en Sevilla, me encontré que la Policía de Sevilla había intervenido en numerosas ocasiones en la detención de bandoleros bien en la misma capital bien en las afueras, incluso en Sierra Morena, obedeciendo mandatos del gobernador civil. Llovía esto sobre mojado porque tenía noticias de la intervención policial en la detención de Luis Candelas y en la de otro famoso bandolero en la Restauración: “el Tuerto del Pirón”.

La policía bonapartista participó en la detención de dos de los tres bandoleros más célebres con que les tocó lidiar en el período de tiempo que se mantuvo actuando. Dos de las actuaciones más sonadas de esta policía tuvieron lugar al enfrentarse con Francisco Moreno, “La Rata” y con José Garrido. Al primero por extorsionar a los labradores y al segundo por la interceptación de un correo venido desde Paris, de vital importancia para las tropas de ocupación francesas.

Francisco Moreno “La Rata”

Los personajes que intervienen, casi por orden de aparición son: el aperador del Cortijo de la Magdalena de Villafranca. Dentro de la organización del trabajo en los cortijos, este personaje era de los más mimados y el que mayor libertad de movimientos poseía. Nuestro héroe, el aperador, estuvo en la herrería y se vio con otros aperadores, como se puede comprobar siguiendo la más fiel reconstrucción de los hechos. Otro aperador, el del Cortijo del Redondo, había llevado a su cortijo un recado para el propietario de él: que tenía que enviar tres mil reales de vellón a Francisco Moreno, alias “la Rata” y a su compinche, para evitar que le quemaran el cortijo. Ese mismo recado había sido enviado a dos labradores más. Unas extorsiones en toda regla. Todo esto se comentó en una herrería de Villafranca, donde la Partida de Agentes Montados de Córdoba tuvo que llevar a herrar algunos de sus caballos. En ese mismo lugar, se enteraron los de la patrulla por dónde podrían estar merodeando ambos compinches, si es que no les dijeron claramente que su centro de operaciones estaba en el Cortijo de la Magdalena.

Tenemos, pues, que los aperadores lo mismo sirven de enlace que de transmisores de las amenazas y que de portadores a su destino del dinero. Por ello son los protagonistas en la sombra de esta historia.

El centinela del almiar es un secundario. Apostado en el almiar de la paja, su misión consistía en avisar a los dos personajes centrales, “La Rata” y Ramírez, de la presencia de extraños para que pudieran darse a la fuga, como así lo llevaron a efecto. Era un “zagal”, menor de dieciséis años, fácil de amedrentar y de manipular, como lo hicieron los de la Partida de Agentes Montados de Córdoba. Las amenazas de muerte y de otros males para él y para su familia fueron suficiente elemento de presión para hacerlo volver a buscar a los dos bandoleros y decirles que ya no había nadie en el Cortijo, para hacerles creer que estaban a salvo y regresaran a él.

Así lo hicieron y se produjo un enfrentamiento feroz, utilizando para ello incluso armas blancas. Estos enfrentamientos tenían lugar siempre con la finalidad de que, al menos, alguno de la partida pudiera ponerse a salvo. Fue lo que ocurrió en este caso: el feroz enfrentamiento de “La Rata” a la Partida facilitó la huida de su compinche, Ramírez, debido a la oscuridad y a los tarajes que había en el arroyo. Pero se salvó a la vez de la detención y seguramente de la horca.

La declaración de Francisco Moreno agonizante dejó claras varias cosas: la primera fue que actuaban por cuenta ajena. Ellos se habían limitado a recoger el dinero de la extorsión, se lo habían entregado, detalle muy importante, sin contar, al aperador del Cortijo de la Magdalena y este lo había llevado al pueblo. La segunda, se deduce, es que ellos solamente cobraban por hacer este trabajo, pues le habían enviado un aviso parecido al dueño del cortijo del Redondo. La tercera era que los personajes que movían toda la trama no estaban en el campo, sino en la ciudad, porque el dinero había sido llevado para entregarlo en Bujalance.

¿Era para tomarse en serio la amenaza de que si no les llevaban el dinero pegarían fuego a los cortijos? Que estas amenazas no se iban a quedar en agua de borrajas, lo sabían todos los moradores de los cortijos, como también que estaban completamente indefensos ante ellas. Los ejemplos de cómo se las gastaban estos extorsionadores se pueden multiplicar, por lo cual se van a poner solamente algunos.

José Garrido

Uno de los objetivos y de las obsesiones de la administración josefina era que el correo fluyese con normalidad en todas las partes de la prefectura. De ese flujo ininterrumpido solamente se derivaban ventajas: las órdenes que venían directamente desde París o desde Madrid llegarían a su destino; se sabría con prontitud todo lo que ocurriera en los pueblos más alejados de la capital; el ejército sería abastecido con regularidad y sin los grandes gastos que ocasionaba la protección de los convoyes y la población estaría adecuadamente surtida de mercancías básicas, aunque a ello ayudara de forma decisiva el contrabando.

Precisamente todos esos motivos convirtieron al correo en uno de los objetivos principales de la guerrilla y del bandolerismo. A pesar de que la interceptación del correo era una actividad preferente de la guerrilla, también participaron en esta actividad los bandoleros, porque junto con el correo podían apoderarse de ciertas cantidades de dinero o de valores que también se transportaban por correo. Hay muchos casos en que es imposible distinguir quién lo llevó a cabo. Sin embargo, en una de las más importantes de estas interceptaciones no fue la guerrilla quien la protagonizó sino una banda cuyo jefe era Josef Garrido.

El Comisario (Esteban Díaz Guijarro) informa sobre su gestión para recuperar las valijas del correo de París que habían sido robadas el 30 de agosto de 1811 por una cuadrilla de bandidos. La Operación: El 16 de septiembre, el Comisario salió con su Partida de Agentes Montados, auxiliado por 30 soldados del Regimiento Imperial n.º 48, para buscar las valijas en la Sierra, cerca de Villaviciosa.

El Negociador: Allí encontró una partida de bandidos liderada por el Capitán José Garrido, el «principal de todas las que infestaban estas comarcas». El Trato: El Capitán Garrido, como único conocedor del escondite de las valijas, se ofreció a revelarlo a cambio de que se le concediera el indulto a él y a todos sus compañeros. Garrido argumentó que esto beneficiaría al Estado, ya que su ejemplo motivaría a otros «Brigantes» a presentarse. El Éxito: El Comisario le dio su «palabra de honor» y Garrido lo condujo al sitio, recuperándose las valijas. Puso las valijas a disposición del General Gobernador y entregó a Garrido y su partida (con armas y caballos) al Mayor Comandante de la plaza. El Resultado: El General Gobernador concedió el indulto. Como consecuencia de este «feliz éxito», se presentaron en los dos días siguientes hasta sesenta «Briganes», incluidos sus cabecillas, con más de cincuenta caballos, armas y pertrechos.

El Comisario concluye gloriándose de haber sido el «primer móvil» de un asunto tan importante, confiando en que la rendición continuará entre el resto de partidas de la provincia[2].

José Garrido fue detenido el 22 de mayo de 1812.  El día anterior había intentado quitarle una escopeta a un cazador. Éste le disparó hiriéndole gravemente en un muslo. Tuvo que regresar a Córdoba para curarse, siendo delatado. El General Gobernador de la plaza mandó ahorcarle ese mismo día.

Conclusión

Muchas de estas detenciones tenían un denominador común, que hacía que los bandoleros fueran detenidos en las ciudades. Cuando tenían en sus manos productos abundantes de sus robos, extorsiones o cualquier otro acto delictivo, se iban a la ciudad a gastarse el dinero. Lo normal que cometieran actos que promovían escándalo: como en Sevilla por ejemplo, donde una banda de once bandoleros se peleó con otros clientes de una taberna en Triana. Avisada la policía por unos vecinos del barrio, los detuvo a todos. El mismo “Tuerto del Pirón” fue detenido en Madrid, porque su querida lo denunció a la policía porque lo encontró en la calle de brazos con otra mujer.

Había otra razón además de esta. La de obedecer las órdenes del gobernador civil, quien en muchas ocasiones les encargaba este tipo de servicios. El motivo de ello era bien simple. El gobernador administraba los fondos reservados, llamados “de policía secreta”. En muchas ocasiones, recibía información de la ubicación de los bandoleros en algún lugar de la sierra. La respuesta era encargar a algún comisario que partiera desde la capital con el auxilio de agentes del Cuerpo para detenerlos, si la información resultaba cierta. Un caso de estos ocurrió en Cazalla de la Sierra, donde gracias a una información de este tipo fueron detenidos unos diez miembros de una misma partida.

Este tema resulta fascinante. Hay otros ejemplos muy llamativos. Una diligencia que transportaba el dinero para pagar las nóminas de los mineros de Riotinto fue asaltada por seis hombres en los límites de las provincias de Sevilla y de Huelva. Tras muchas gestiones, según Antonio Guerola, gobernador civil de Sevilla, únicamente se pudo detener a uno de los que participaron en el asalto. La detención se produjo en la ciudad de Sevilla, porque el incauto comenzó a gastar por encima de sus posibilidades. Naturalmente, lo detuvo la policía. Pagar por información dio este resultado.

Es un texto bien construido y con un contenido interesante. Las correcciones se centran principalmente en pulir la sintaxis, mejorar la fluidez y ajustar la puntuación y el uso de mayúsculas para una mayor claridad y formalidad.

Aquí tienes la versión corregida, manteniendo el formato de listado para el cuerpo del texto:

📜 La policía contra el bandolerismo

Este año fui invitado a participar en las X Jornadas de Alameda (Málaga) sobre bandolerismo en Andalucía. Es la segunda vez que soy invitado a estas jornadas: las anteriores se desarrollaron en Jauja bajo el mismo título, hasta llegar a la décima edición, en la que cesaron por unos años. Posteriormente, se trasladaron a Alameda. A pesar de estar organizadas por las mismas personas y mantener el mismo título, y únicamente haber cambiado el lugar de celebración, para mí no fue lo mismo[1].

Esta vez fui con mayor conocimiento y experiencia. En un viaje a Córdoba para dar una conferencia en los locales de Caja Sur con motivo del aniversario de la fundación de la policía, invitado por Don José Antonio Linares, subdelegado del Gobierno, tuve la ocasión de encontrar en el Archivo Municipal de Córdoba unos mil trescientos oficios del Comisario de su Prefectura a las diversas autoridades josefinas. Gracias a D$^\text{a}$ Ana Verdú pude obtener una fotocopia de ellos y los pude estudiar con mucho detenimiento. Fruto de ello fueron dos obras: “De malhechores a gente de orden. Los Agentes Montados de Policía de Córdoba”, en la que pude reconstruir la vida y milagros de una partida josefina contra la guerrilla desde su nacimiento hasta su final. La otra se tituló “Las instituciones de seguridad en el reinado de José I Bonaparte. El caso de Córdoba”. Esta obra recibió la mayor subvención a una publicación en el año 2011 por parte del Ministerio de Cultura, a quien la editorial Dykinson había presentado el proyecto.

Esta vez me hizo muchísima ilusión asistir a las jornadas. El título de mi intervención en ellas fue: “La policía bonapartista y su lucha contra el bandolerismo. 1810-1812”. Este tema, el de la participación de la policía en la lucha contra el bandolerismo, está completamente virgen en la historia de la policía. Pienso que merece mucha más atención. A esto ayudará, sin duda, el libro escrito por nuestro compañero Agustín Flores sobre la Comisaría local de Antequera, que narra muchos servicios prestados por ella en esa lucha. Deseamos que se publique pronto para poder disponer de un instrumento muy útil en este campo.

Por mi parte, había seguido los avatares tanto de la Partida de Agentes Montados de Córdoba (PAMC) como de la Comisaría Prefectural en esa lucha contra el bandolerismo, a pesar de los numerosos obstáculos que encontraron. En muchas ocasiones, no es fácil distinguir la actuación de los bandoleros de las de los guerrilleros, la de los soldados desertores o la de otras cuadrillas ocasionales de delincuentes. A pesar de todo, en ambos casos se han recogido un sinnúmero de actuaciones de la policía en esa lucha.

Por otra parte, al preparar una conferencia para el Día de la Policía el año pasado para pronunciarla en Sevilla, me encontré con que la Policía de Sevilla había intervenido en numerosas ocasiones en la detención de bandoleros, bien en la misma capital, bien en las afueras, incluso en Sierra Morena, obedeciendo mandatos del Gobernador Civil. Esto llovía sobre mojado, porque ya tenía noticias de la intervención policial en la detención de Luis Candelas y en la de otro famoso bandolero en la Restauración: “el Tuerto del Pirón”.

La policía bonapartista participó en la detención de dos de los tres bandoleros más célebres con los que les tocó lidiar en el período de tiempo que se mantuvo activa. Dos de las actuaciones más sonadas de esta policía tuvieron lugar al enfrentarse con Francisco Moreno, “La Rata”, y con José Garrido. Al primero, por extorsionar a los labradores; y al segundo, por la interceptación de un correo venido desde París, de vital importancia para las tropas de ocupación francesas.

Francisco Moreno “La Rata”

Los personajes que intervienen, casi por orden de aparición, son: el aperador del Cortijo de la Magdalena de Villafranca. Dentro de la organización del trabajo en los cortijos, este personaje era de los más mimados y el que mayor libertad de movimientos poseía. Nuestro héroe, el aperador, estuvo en la herrería y se vio con otros aperadores, como se puede comprobar siguiendo la más fiel reconstrucción de los hechos. Otro aperador, el del Cortijo del Redondo, había llevado a su cortijo un recado para el propietario de él: que tenía que enviar tres mil reales de vellón a Francisco Moreno, alias “La Rata”, y a su compinche, para evitar que le quemaran el cortijo. Ese mismo recado había sido enviado a dos labradores más. Unas extorsiones en toda regla. Todo esto se comentó en una herrería de Villafranca, donde la PAMC tuvo que llevar a herrar algunos de sus caballos. En ese mismo lugar, los de la patrulla se enteraron por dónde podrían estar merodeando ambos compinches, si es que no les dijeron claramente que su centro de operaciones estaba en el Cortijo de la Magdalena.

Tenemos, pues, que los aperadores sirven lo mismo de enlace que de transmisores de las amenazas y de portadores del dinero a su destino. Por ello son los protagonistas en la sombra de esta historia.

El centinela del almiar es un secundario. Apostado en el almiar de la paja, su misión consistía en avisar a los dos personajes centrales, “La Rata” y Ramírez, de la presencia de extraños para que pudieran darse a la fuga, como así lo llevaron a efecto. Era un “zagal”, menor de dieciséis años, fácil de amedrentar y de manipular, como lo hicieron los de la PAMC. Las amenazas de muerte y de otros males para él y para su familia fueron suficiente elemento de presión para hacerlo volver a buscar a los dos bandoleros y decirles que ya no había nadie en el Cortijo, para hacerles creer que estaban a salvo y que regresaran a él.

Así lo hicieron y se produjo un enfrentamiento feroz, utilizando para ello incluso armas blancas. Estos enfrentamientos tenían lugar siempre con la finalidad de que, al menos, alguno de la partida pudiera ponerse a salvo. Fue lo que ocurrió en este caso: el feroz enfrentamiento de “La Rata” a la Partida facilitó la huida de su compinche, Ramírez, debido a la oscuridad y a los tarajes que había en el arroyo. Pero se salvó a la vez de la detención y seguramente de la horca.

La declaración de Francisco Moreno agonizante dejó claras varias cosas: la primera fue que actuaban por cuenta ajena. Ellos se habían limitado a recoger el dinero de la extorsión; se lo habían entregado, detalle muy importante, sin contar, al aperador del Cortijo de la Magdalena, y este lo había llevado al pueblo. La segunda, se deduce, es que ellos solamente cobraban por hacer este trabajo, pues le habían enviado un aviso parecido al dueño del Cortijo del Redondo. La tercera era que los personajes que movían toda la trama no estaban en el campo, sino en la ciudad, porque el dinero había sido llevado para entregarlo en Bujalance.

¿Era para tomarse en serio la amenaza de que si no les llevaban el dinero pegarían fuego a los cortijos? Que estas amenazas no se iban a quedar en agua de borrajas, lo sabían todos los moradores de los cortijos, como también que estaban completamente indefensos ante ellas. Los ejemplos de cómo se las gastaban estos extorsionadores se pueden multiplicar, por lo cual se van a poner solamente algunos.

José Garrido

Uno de los objetivos y de las obsesiones de la administración josefina era que el correo fluyese con normalidad en todas las partes de la Prefectura. De ese flujo ininterrumpido solamente se derivaban ventajas: las órdenes que venían directamente desde París o desde Madrid llegarían a su destino; se sabría con prontitud todo lo que ocurriera en los pueblos más alejados de la capital; el ejército sería abastecido con regularidad y sin los grandes gastos que ocasionaba la protección de los convoyes, y la población estaría adecuadamente surtida de mercancías básicas, aunque a ello ayudara de forma decisiva el contrabando.

Precisamente todos esos motivos convirtieron al correo en uno de los objetivos principales de la guerrilla y del bandolerismo. A pesar de que la interceptación del correo era una actividad preferente de la guerrilla, también participaron en esta actividad los bandoleros, porque junto con el correo podían apoderarse de ciertas cantidades de dinero o de valores que también se transportaban. Hay muchos casos en que es imposible distinguir quién lo llevó a cabo. Sin embargo, en una de las más importantes de estas interceptaciones no fue la guerrilla quien la protagonizó, sino una banda cuyo jefe era José Garrido.

El Comisario (Esteban Díaz Guijarro) informa sobre su gestión para recuperar las valijas del correo de París que habían sido robadas el 30 de agosto de 1811 por una cuadrilla de bandidos. La Operación: El 16 de septiembre, el Comisario salió con su Partida de Agentes Montados, auxiliado por 30 soldados del Regimiento Imperial n.º 48, para buscar las valijas en la Sierra, cerca de Villaviciosa. El Negociador: Allí encontró una partida de bandidos liderada por el Capitán José Garrido, el «principal de todas las que infestaban estas comarcas». El Trato: El Capitán Garrido, como único conocedor del escondite de las valijas, se ofreció a revelarlo a cambio de que se le concediera el indulto a él y a todos sus compañeros. Garrido argumentó que esto beneficiaría al Estado, ya que su ejemplo motivaría a otros «brigantes» a presentarse. El Éxito: El Comisario le dio su «palabra de honor» y Garrido lo condujo al sitio, recuperándose las valijas. Puso las valijas a disposición del General Gobernador y entregó a Garrido y su partida (con armas y caballos) al Mayor Comandante de la plaza. El Resultado: El General Gobernador concedió el indulto. Como consecuencia de este «feliz éxito», se presentaron en los dos días siguientes hasta sesenta «brigantes», incluidos sus cabecillas, con más de cincuenta caballos, armas y pertrechos.

El Comisario concluye gloriándose de haber sido el «primer móvil» de un asunto tan importante, confiando en que la rendición continuará entre el resto de partidas de la provincia[2].

José Garrido fue detenido el 22 de mayo de 1812. El día anterior había intentado quitarle una escopeta a un cazador. Este le disparó, hiriéndole gravemente en un muslo. Tuvo que regresar a Córdoba para curarse, siendo delatado. El General Gobernador de la plaza mandó ahorcarle ese mismo día.

Conclusión

Muchas de estas detenciones tenían un denominador común, que hacía que los bandoleros fueran detenidos en las ciudades. Cuando tenían en sus manos productos abundantes de sus robos, extorsiones o cualquier otro acto delictivo, se iban a la ciudad a gastarse el dinero. Lo normal era que cometieran actos que promovían escándalo: como en Sevilla, por ejemplo, donde una banda de once bandoleros se peleó con otros clientes de una taberna en Triana. Avisada la policía por unos vecinos del barrio, los detuvo a todos. El mismo Tuerto del Pirón fue detenido en Madrid, porque su querida lo denunció a la policía debido a que lo encontró en la calle de brazos con otra mujer.

Había otra razón además de esta: la de obedecer las órdenes del Gobernador Civil, quien en muchas ocasiones les encargaba este tipo de servicios. El motivo de ello era bien simple. El Gobernador administraba los fondos reservados, llamados “de policía secreta”. En muchas ocasiones, recibía información de la ubicación de los bandoleros en algún lugar de la Sierra. La respuesta era encargar a algún Comisario que partiera desde la capital con el auxilio de agentes del Cuerpo para detenerlos, si la información resultaba cierta. Un caso de estos ocurrió en Cazalla de la Sierra, donde gracias a una información de este tipo fueron detenidos unos diez miembros de una misma partida.

Este tema resulta fascinante. Hay otros ejemplos muy llamativos. Una diligencia que transportaba el dinero para pagar las nóminas de los mineros de Riotinto fue asaltada por seis hombres en los límites de las provincias de Sevilla y de Huelva. Tras muchas gestiones, según Antonio Guerola, Gobernador Civil de Sevilla, únicamente se pudo detener a uno de los que participaron en el asalto. La detención se produjo en la ciudad de Sevilla, porque el incauto comenzó a destacar en el gasto del botín. Naturalmente, lo detuvo la policía. Pagar por información dio este resultado.

[1] Aprovecho esta ocasión para agradecer públicamente a la Organización su invitación a participar en estas X Jornadas sobre el bandolerismo en Andalucía, celebradas en Alameda (Málaga). Han sido tres días magníficos, donde he conocido a gente estupenda y a unas intervenciones muy interesantes sobre este tema.

[2] AMCO. Órganos de gobierno. Autoridades supramunicipales. Prefectura francesa. Libro Copiador de Oficios del Comisario General de Policía, L. 3590. 22 de septiembre de 1811. Oficio a Excmo. Sr. Ministro de Policía General del Reino”, Oficio n.º 207.

Resumen de Cambios Principales:

  • Puntuación: Se han añadido y ajustado comas, especialmente en incisos, enumeraciones y oraciones subordinadas largas, para mejorar la lectura y la comprensión sintáctica (ej. «Esta vez fui con mayor conocimiento y experiencia**»** en lugar de «Esta vez fui con un mayor conocimiento y experiencia**»**).
  • Mayúsculas:
    • Se han usado mayúsculas en los nombres de instituciones o cargos cuando se refieren a una entidad específica o son títulos únicos (ej. Gobernador Civil, General Gobernador, Comisario, Estado, Restauración, Prefectura).
    • Se ha estandarizado el uso de mayúsculas en los nombres comunes de la partida («Partida de Agentes Montados de Córdoba» o PAMC).
  • Sintaxis y Estilo:
    • Se eliminó la repetición de la conjunción «en que» y se reemplazó por opciones más fluidas (ej. «hasta llegar a la décima edición, en la que cesaron…»).
    • Se hizo el texto más conciso (ej. «con mayor conocimiento y experiencia» en lugar de «con un mayor conocimiento y experiencia»).
    • Se mejoró la conexión en algunas frases (ej. «La otra se tituló… en la que pude reconstruir…»).
  • Ortografía: Se corrigió «sin número» a sinnúmero (sustantivo), y se usó la notación de ordinales correcta .
  • Nombres Propios: Se corrigió «Rio Tinto» a Riotinto (topónimo).

Si desea que revise o ajuste algún otro aspecto del texto, no dude en consultarme.

[1] Aprovecho esta ocasión para agradecer públicamente a la organización su invitación a participar en estas X Jornadas sobre el bandolerismo en Andalucía celebradas en Alameda (Málaga). Han sido tres días magníficos, donde he conocido a una gente estupenda y a unas intervenciones muy interesantes sobre este tema.

[2] AMCO. Órganos de gobierno. Autoridades supramunicipales. Prefectura francesa. Libro Copiador de Oficios del Comisario General de Policía, L. 3590.  22 de septiembre de 1811. Oficio a Excmo. Sr. Ministro de Policía General del Reino”, Oficio nº 207

Martín Turrado Vidal, historiador y escritor, columnista de h50 Digital

 

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