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La Navidad, la política, Franco, la Iglesia… la corrupción

Imagen de Kevin Phillips en Pixabay
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La pulsión de la escritura me puede. Dados los mil problemas de hormonas, de próstata, de ansiedad ante la penetración, de emoción, de temblores de vida y muerte  – el eros y el tanatos freudianos siempre unidos-  ante una mujer con las bragas en la mano – o en el suelo, con perdón, no me vean grosero cuando solo soy realista-, he cogido el camino de la sublimación porque los setenta años no dan para otra cosa que sublimar por la literatura.

Incumplo mi promesa de último artículo y este es en verdad el último. Lo juro aunque mis juramentos puedan ser como el de Juan Carlos cuando juró ser fiel a las leyes del movimiento  – ¡menos mal!- o cuando Sánchez o los otros juraron ser fieles a la Constitución, que al entender de un vejestorio casi analfabeto, se saltaron reiteradamente. Solo hay que ver la amnistía a los amigos para que le sujeten el sillón, que no la encuentro por ningún sitio por más que la busco, auxiliado, incluso, por un catedrático de constitucional, sanchista por más datos.

Ando terminando  – la Parca toca los cojones y da avisos imposibles de disimular- mi último libro “Cuarenta años de cárcel. Sin redención”. Dando los últimos retoques, porque mi editora, Leticia, me apremia y las Ediciones del Quijote Negro e Histórico, lo quieren sacar a bombo y platillo el día de los enamorados, en honor a Dulcinea y a su amor, loco como una cabra y cuerdo como Aristóteles y Sócrates juntos. Después de la publicación de esos cuarenta años, no creo que dure mucho en la calle. Si no entro a la cárcel de inmediato, incondicionalmente y sin fianza, es porque en la cárcel  – he dirigido unas cuantas durante bastante tiempo- a los viejos tampoco nos quieren. Un viejo es un peligro y una fuente de problemas. Médico permanente, salidas al hospital, perreques sorpresivos con más salidas al hospital y joder las estadísticas que no gustan de anotar fallecimientos intramuros. A mi hay que añadirme  – porque ya no quedan etarras en la cárcel- que algún narco vengativo quiera cobrarse alguna deuda  – la banda de la Paca, no la Paqui de Cerdán que esa es otra y se ha hecho famosa ahora, el piloto de helicópteros, los peluos, los asesinos de la Parrala, alguna banda gallega de aquellos que se transmutaron en traficantes de coca cuando antes lo eran de tabaco. Un montón. Me tendrán que llevar a Ávila, al módulo de Urdangarín y allí habrá otro problema. Para distraerme mientras llega la Parca, me matricularé en Historia, que es lo que realmente me gusta y no el Derecho Penal y Penitenciario de los que he vivido los cuarenta años que cuento. Lo de matricularse en la Universidad sí, que gusta en las estadísticas carcelarias – siempre que el que se matricule no sea uno etiquetado como agresor sexual porque a ese, el lobby feminazi le niega el pan y la sal, por esa etiqueta. Estudiando Historia, me tienen que dejar ir al Módulo Sociocultural y con el primer café al que invite  – jubilado pensionista aunque no cotizara mis primeros cuatro años de trabajo en negro, porque en aquella fábrica más que trabajador era esclavo y no me dieron jamás de alta. Lean el libro porque no voy a contar más- después del primer café, recuerden Soldadito marinero de Fito y los Fitipadis, me van a llover las peticiones de vis a vis, que no podré cumplimentar por imposibilidad metafísica.

Escucho, mientras escribo, El Mesías de Häendel, donde el tenor y la soprano nos suben al paraiso: “Consolad a mi pueblo dice vuestro Dios. Hablad a Jerusalén con palabras tranquilizadoras…su lucha ha concluido, su culpa ha sido perdonada. Yo soy la voz que clama en el desierto”.  Con el daño que ha hecho la Iglesia  – todas las iglesias- destrozando el mensaje de Jesús de Nazaret, montando guerras de religión, persiguiendo el poder y la riqueza con alianzas inexplicables, reprimiéndonos de manera inclemente y creando neuróticos trastornados, que gran favor ha hecho a la humanidad financiando la música sacra. Porque  Häendel y Bach y Mozart y Beethoven… todos cobraron por sus geniales composiciones que pagaban los jerarcas de la época.

Este Mesías de Haëndel, lo escucho siempre por Navidad, como oigo el Requiem de Mozart por Semana Santa o releo El Quijote en verano. Manías de vejestorio.

Hoy me siento nostálgico. Hace cincuenta años que murió Franco. Nadie, ni la ley de memoria histórica, ni el sanchista De Manuel, me podrá discutir que con Franco… éramos todos más jóvenes. Yo estudiaba filosofía en Granada. La tele en blanco y negro andaba todo el día dando el coñazo con la tortura a que el yerno sometía al dictador: la flebitis, la insuficiencia renal y las heces con melenas. Sabíamos que si palmaba el general no habría clase. Solo uno, en aquel antro -secta tenía radio, un gordo feo buena persona pero siempre cabreado, al que todos llamábamos El tonel. Oye tonel – le dijo el rácano que tenía miedo a que no pudiésemos ni hacer borregadas ese año: cuando te despiertes pones la radio. Si hay música clásica es que ha pasado a la vera del Padre o a donde sea. Nos avisas para no levantarnos.

A las siete, yo que siempre he oído todo hasta que me quedé sordo en la mili, oí al tonel abrir su puerta y solo dijo. ¡Que se ha muerto, podéis seguir durmiendo! Ahora mismo donaba la mitad de mis espermatozoides a la ciencia  o a quien fuera con tal de volver a aquel día. No me gustaba Franco, pero tenía cincuenta años menos y no me había casado con quien jamás debí de hacerlo.   A  cura me metería ahora mismo para trabajar media hora al día y con vino.

No se crean que con Franco iba todo tan bien, como dicen los fachas y el De Manuel sanchista. También había corrupción.  Solo hay que recordar el “Caso Matesa”, un gran lío catalán de telares sin lanzadera y exportaciones sin vender ni una escoba. Vila Reyes a la cárcel y hasta el Banco de Crédito Industrial tuvo que cerrar. No se olviden del “Aceite de Redondela”. Se guardaban grandes cantidades de aceite, ante periodos de escasez y al ir a coger el que hacía falta, faltaban más o menos cuatro mil millones de kilos en Galicia. Lo de los hermanos no es de ahora porque en el gran follón sonó el nombre del hermanísimo del caudillo. Incluso apareció muerto, con su mujer y su hija, el que puso la denuncia. Se despachó como suicidio, otro de los grandes accionistas se resbaló en la ducha de la cárcel y también falleció. También un empresario de Vigo, un taxista y hasta el representante de los acreedores. Ante el peligro del aceite incluso los de Jaén y Granada empezamos a freír las cosas con mantequilla.  Nicolás Franco murió antes de ir a declarar porque el Juez no quiso. El sumario del aceite se perdió siendo Presidente de la Audiencia de Pontevedra el padre de Mariano Rajoy y Fiscal Cándido Conde Pumpido. El caso lo llevó Gil Robles y fracasó sonadamente como abogado que había dejado la política de la que vivió tantos años militando en Acción Popular  – del cardenal Herrera Oria- y en la CEDA.

Ya había corrupción con Franco y aunque todos creyéramos que la democracia sería la vacuna contra tanto chanchullo, nos equivocamos de lleno. Miren hoy mismo. Las derechas baten palmas porque la UCO ha encontrado el nido en el que – presuntamente- conseguían y guardaban la pasta los Cerdanes, os Ábalos y los Koldos, una constructora que no construyen nada pero cobra el dos por ciento – tampoco son tan malos, acuérdense cuando Pascual Maragall le dijo en el Parlamento catalán a Jordi Pujol que su problema era el tres por ciento. Un punto más que los Koldos-. Presuntamente que Don Jordi tampoco puede declarar.

Los del PP se congratulan de tanto chorizo en las izquierdas y les meten presos, perdón detenidos, al Presidente de la Diputación de Almería y a no sé cuentos más. También por porcentajes presuntamente.No hay que ser tonto, solo mirar la cuenta corriente o el nivel de vida y de gasto. La Paqui está todo el día en el Corte Inglés. Es como el Ico, el hijo de la Paca, en paro y analfabeto y conducía un Ferrari. La policía no es tonta.

Dice Feijoo, porque aun le dan la brasa por sus fotos en el yate con el narco Dorado, que los gallegos conocen bien el sentido de esas fotos. Las fotos en los barcos son muy peligrosas. Estaría bien que no lo supieran solo los gallegos. Yo también quiero saberlo

Juan Vilá Reyes, el de Matesa que he dicho, afirmó: “En España el camino de la libertad pasa por Carabanchel”. Hoy ha cambiado, ese camino pasa por Soto del Real. Yo fui a inaugurar esa cárcel en marzo del noventa y cinco con Juan Alberto Belloch, gran biministro y mejor persona. Durante toda la inauguración estuve tirándole del cinturón de la gabardina  porque los plumillas cabrones solo querían sacarle una foto dentro de una celda. La inauguración de la cárcel  -no sabían que iba a ser decisiva en la historia de España, ha tenido más presos ilustres que Meco y Carabanchel juntas- se la sudaba. Querían hacérsela porque él había gestionado – bien, porque Asunción tampoco tuvo que dimitir- la fuga y la vuelta de Roldán. Así pasa la gloria del mundo. Sic transit gloria mundo, que decían los escolásticos.

prisiones, putas y pistolas
Manuel Avilés, escritor y director de prisiones jubilado, columnista de h50 Digital

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