
Llevo muchos días, por culpa de la depresión que me domina, viendo los telediarios porque el resto de programas, quitando las películas antiguas del oeste. Son aún más insoportables. Mi chica me ha dejado sin rechistar, ni un solo motivo me parece consistente porque soy yo el dejado. Ella no respira, no dice nada y yo sigo observando la conducta que recomiendan los clásicos: no seas paliza que es peor. Si eres paliza y preguntas y llamas y das la bronca y te pones pelmazo, y espías y reprochas y suplicas y lloras amenazas con meterte a cura y con suicidarte quemándote a lo bonzo en la plaza del pueblo, quedas aún peor. Quedas como un gilipollas total y en lugar de dejarte solamente, te desprecia para los restos de la vida.
He pedido en silencio a todos los dioses que conozco, los judeocristianos, los islámicos, los babilonios, los egipcios, los chinos, los japoneses, los mayas y los incas…. A todos, lo juro. Les he pedido que vuelva, que no quiero que bese a nadie, que solo quiero que duerma conmigo y que esté a mi lado hasta que emprenda solo el camino del crematorio. Pero los dioses son ciegos y sordos a mis peticiones, como han sido siempre a las peticiones de cualquiera, que ya lo de escrito documentadamente en algún artículo anterior.
Esta depresión intelectual, filosófica, reflexiva y ajena a cualquier elemento sensible, no responde al tratamiento. Me ha dicho mi psiquiatra. Que está mucho más deprimido que yo.
Me cuelgo como un muñeco mecánico, sin sentidos y sin sensibilidad, a la tele tonta para pasar el tiempo y veo – debe ser la depresión mismamente y este uno de sus efectos ineludibles- cómo el mundo anda metido en gilipolleces que los sumergen, cada día más, en un sinsentido absoluto.
Veo los telediarios, para pasar el tiempo, en espera del desenlace definitivo e inevitable e intentando no perder el “oremus”, porque mantener la cabeza en su sitio y el sentido de la realidad es el mejor regalo que un ser humano puede tener hasta el último segundo, antes de toparse con el can cerbero que te permita el paso , por la laguna Estigia, hasta el Hades profundo de donde no se vuelve – otro mito tan falso como poético-.
Veo los telediarios y veo a Vox, fascista como Trump, que parece el maestro de primaria, que ha dejado en ellos imp4reso de manera indeleble el código de pensamiento y de conducta, exigirle a la señora Guardiola varios privilegios para los españoles de pedigrí. Aparta a negros, moros, sudacas, gente del sudeste asiático y no dice nada de los esquimales porque esos no vienen. Se olvidan estos de Vox – Abascal estuvo a sueldo de la Aguirre varios años sin hacer nada- de que nosotros fuimos emigrantes y nos fuimos a Suiza y a Alemania cuando aquí venían mal dadas. Para sobrevivir, que es lo mismo que estos buscan. Vox, Trump, Orban – que en paz descanse- Le Pen y todo el ultra fascio mundial, no se dan cuenta en su ensimismamiento de que el hambre empuja mucho más. Hay que ir por las mafias que se enriquecen con el transporte de desgraciados y no por los desgraciados que pelean por sobrevivir.
Sánchez, inteligentísimo, gran manipulador que solo busca resistir en una permanente huida hacia adelante, se inventa un postureo vergonzante y hueco. Me uno a su no a la guerra, también a su postura anti Trump que no es sino un individuo de conducta patológica que se mantiene en el poder no sé cómo.
No entiendo, ni nadie lo entiende, cómo Nixon se tuvo que ir a su casa por grabar unas cintas en un hotel y este individuo, que dificultosamente se escaquea de las acusaciones de su compañero de juergas en la isla no sé cuántos, sigue en el cargo poniendo el mundo boca abajo y la economía manga por hombro. Destrozando el funcionamiento de las empresas y el de la gente de la calle, que no puede sobrevivir a los vendavales económicos que ha organizado con el petróleo.
Es evidente que no me gustan los ayatollahs. Eso de que unos señores se auto proclamen poseedores de la voluntad del Dios supremo y la impongan a todos, ahorcando a quien pille y no esté conforme – he oído que más de mil seiscientos han sido asesinados en los dos últimos años- me parece irracional y vomitivo. Pero Trump no ha atacado por eso a Irán sino por el petróleo. Trump se ha equivocado creyendo que los iraníes eran venezolanos y no se ha acordado, o no lo sabía dedicado al golf en Florida y a su enriquecimiento en el mundo entero,, que nadie nunca ha podido conquistar esa zona agreste, seca, árida, montañosa e inexpugnable del mundo. ¿Hay que recordarle cómo los rusos se estrellaron en Afganistán y cómo los americanos tuvieron que pedir ayuda a los fundamentalistas afganos y a los más fundamentalistas discípulos de Osama Bin Laden que, peleando no se sabe con quién, acabaron creando Al Qaeda?
Donald Trump usa su maquinaria de propaganda, engrasada con millones de dólares, no para buscar una solución para el mundo, sino una solución para él. Ahora cierro Ormuz, ahora abro Ormuz, ahora amenazo a Irán con más bombas y ahora me río de Europa y me burlo de su “inutilidad” en todos los terrenos, mientras las bolsas empobrecen a muchos y enriquecen a unos cuantos.
Sánchez, inteligentísimo manipulador, aprovecha la tormenta porque a aguas revueltas siempre hay ganancia de pescadores. Él ya ha pescado. Se propone como líder de un movimiento mundial, pobre y con países de los que Trump se ríe como se ríe de nosotros. Ya veremos cómo evoluciona.
Sánchez aprovecha esta gran movida para brillar, Trump lanza su enésima amenaza avisando de la destrucción de las centrales eléctricas, mientras la cesta de la compra y los mil y un movimientos económicos del resto del mundo tiemblan ante la inestabilidad. Todos sabemos que la libertad, eso que tanto proclamamos en todos los sitios no existe y que se imponen, como dirán los etarras a los que yo predicaba antaño, las pistolas, los misiles, los potentes ejércitos, los barcos de guerra y los aviones supersónicos cargados de proyectiles que descargan milimétricamente en los sitios que señores encorbatados escogen como ideales. Mi chica no respira, no dice ni esta boca es mía. Eso no carece de importancia. Para mi es lo esencial y por verla me volvería a enrolar en la artillería antiaérea en la que me quedé sordo. ¡Mierda de guerras!







