La inteligencia en el trabajo policial

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Robert Dombrowski. Agente Especial retirado del U.S. Secret Service *

A veces doy charlas sobre la dificultad que existe en nuestra era de interconexiones, en distinguir entre inteligencia de seguridad nacional e inteligencia en investigaciones policiales. Suelo empezar con lo siguiente: “¿como hace el gobierno de un país políticamente aislado y sancionado internacionalmente por violaciones de controles de armas y de derechos humanos, para esquivar dichas sanciones? Fácil! Se hace “influencer” con millones de seguidores! “

Aunque suena gracioso y más un chiste que la realidad, lo cierto es que no difiere mucho de ella. La división entre la seguridad nacional (enfoque mayoritariamente de entidades de inteligencia) y criminalidad (enfoque mayoritariamente de entidades policiales) es cada día menos clara. ¿De que estamos hablando? Lo intento explicar:

Generalmente hablando, el término “inteligencia” puede tener distintas connotaciones según el usuario y el ámbito en el que se utiliza. Tradicionalmente, agencias gubernamentales suelen distinguir entre inteligencia de valor para la seguridad nacional, y aquella que es de valor para investigaciones policiales. La primera requiriendo de mayores controles, recursos, y discreción,  para su obtención, análisis, explotación, y mantenimiento (y grandes limitaciones frente a quienes pueden tener acceso a ella), y la segunda generalmente manejada en un ambiente menos restrictivo ya que de no ser así, se dificultaría bastante más la labor policial y posibles actuaciones por estos cuerpos.

La primera es obtenida en función de requerimientos que buscan el proteger los intereses del Estado, en todos los ámbitos a nivel nacional e internacional (terrorismo, intereses estratégicos, intereses políticos frente a los gobiernos de otros países, intereses geográficos, recursos naturales, etc.), y la segunda se obtiene con el fin de proteger a la ciudadanía frente a amenazas delincuenciales.

¿Pero qué ocurre si la inteligencia obtenida cruza ambos ámbitos? ¿Qué manejo se le debe dar entonces a la información? ¿Se debe priorizar una sobre la otra? ¿De ser así, se podría decir que son exclusivas la una de la otra? ¿Porqué o por qué no?  ¿Pueden trabajar los dos tipos de agencias en conjunto?. Este es un tema de gran debate en los países desarrollados desde hace ya algún tiempo. Y la mayoría tiene organismos y acuerdos (o mandatos) de enlace entre las distintas agencias para evitar que una actuación por una agencia cause daños a la investigación de otra, esta, quizás de mayor valor estratégico.

Pero en la era de interconectividad en la que vivimos, estos “arreglos” son insuficientes. La realidad de la delincuencia internacional organizada de hoy, es que esta presenta una amenaza mucho mayor a la que presentaba hace pocos años atrás.  Y como de costumbre, los gobiernos de los países desarrollados (blancos más frecuentes de estos grupos criminales) llevan bastante retraso en obtener soluciones viables. Por ejemplo, Estados Unidos acaba elevar la prioridad de algunas investigaciones sobre delitos informáticos, como el del Ransomware (modalidad delictiva por la cual un grupo criminal organizado se apodera de los sistemas informáticos de una empresa civil o una agencia gubernamental y extorsiona a dicha entidad demandando un rescate, muchas veces millonario, a cambio de devolverle a la entidad el acceso a sus sistemas), elevándolas al mismo nivel de investigaciones contra el terrorismo.

Ataques recientes como el sufrido por España afectando varias entidades gubernamentales (https://www.elmundo.es/tecnologia/2021/05/10/609912d321efa0bf1f8b4665.html) o el sufrido por la entidad operadora del oleoducto “Colonial” en EE.UU. (https://cnnespanol.cnn.com/2021/05/11/ciberataque-oleoducto-estados-unidos-trax/), o, a una magnitud menor, pero para los impactados, igual de devastador, son los miles de ataques llevados a cabo en contra de ciudadanos del común. Estos, o bien a través de estafas por mensajes, o amenazas, u otras modalidades, también se suman a el número de víctimas para el cual no hay remedios tradicionales y sin embargo si se añaden a la cantidad de denuncias que nunca se resolverán. Todos estos eventos han llevado a esta decisión.

Pero han tenido que darse varios ataques, con pérdidas millonarias y habiéndose puesto en peligro vidas humanas (se han producido varios ataques de Ransomware contra hospitales), para que esto ocurriese. Y aún después de tomar esta decisión, todavía queda el decidir qué agencia va a llevar la delantera en cada investigación (inteligencia o policía?) y como se van a llevar a cabo los intercambios de información (información de seguridad nacional frente a información policial, clasificada o no). Lo cierto es que este tipo de criminalidad está en aumento y poco se ha hecho para hacerle frente y darle claridad a estas preguntas.

Por otro lado, y aun si solventamos el problema de cómo trabajar este tipo de investigación, todavía nos falta buscar nuevas herramientas con las que equipar a los investigadores. Sabemos que muchos de estos grupos de delincuencia organizada están radicados en países sin acuerdos de extradición y muchas veces están amparados por los gobiernos de estos países. ¿Son adecuados los enlaces existentes entre las agencias policiales y los ministerios de relaciones exteriores (generalmente, las agencias de inteligencia tienen una relación más estrecha con estos ministerios ya que gran parte de su trabajo ocurre en el exterior)? ¿Con qué medidas cuentan las agencias policiales para fomentar la presión a estos países a través de la comunidad internacional? Lo cierto es que la ciudadanía a la que los distinto cuerpos policiales existen para proteger, tienen derecho a que esas protecciones se hagan tanto con respecto a amenazas internas, como externas. Las agencias policiales llevan varios años señalando el impacto de estos ataques sin respuesta y sin embargo, mientras estas tienen las herramientas y el apoyo (en términos generales) para hacerle frente a las amenazas criminales internas, no cuentan con el mismo apoyo para las externas. No por falta de interés o conocimientos policiales, sino por que como de costumbre, falta el apoyo político.

Robert Dombrowski es Agente Especial retirado del U.S. Secret Service con más de 22 años de experiencia en investigaciones policiales y protección a dirigentes de estado, e instructor con más de 20 años de experiencia en inteligencia táctica y estratégica.

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