
Carta anónima de una compañera de la Policía nacional:
Soy una policía cualquiera. Da igual si pertenezco a un Servicio Central, a una Brigada, a una Comisaría, a una Unidad Especial o estoy destinada en una Embajada. Es indiferente mi categoría profesional.
Sólo sé que amo a la Policía Nacional desde hace casi 30 años que ingresé en este Cuerpo. Aquí me han enseñado valores encomiables que procuro aplicar todos los días, como el compañerismo, la lealtad, la justicia, el honor, la valentía, el respeto, la humildad, la empatía…algunos de ellos ya los traía de serie y aquí los he consolidado, pero otros los he aprendido gracias al ejemplo de mis compañeros (mandos, subordinados e iguales), auténticos maestros de vida que me han guiado en el camino, a veces proceloso y otras veces sereno, recorrido a lo largo de mi trayectoria profesional.
Esta es una carta de agradecimiento a todos ellos, y al resto de los casi 74.000 policías que no conozco pero que sé que comparten conmigo la ilusión de pertenecer a esta Institución. Estoy convencida que todos ellos esperan y merecen una defensa a ultranza de sus principios y su buen hacer profesional, tras los últimos acontecimientos que han empañado el buen nombre y la imagen intachable de nuestra Corporación.
Sé que resultaría pretencioso erigirme en su portavoz, pero necesito hacer algo, lo que sea, para pedirles que no abandonen el barco. Que esta tormenta de agua pasada no eclipse su mirada y que continúen su travesía con dignidad y esperanza hasta arribar a un puerto seguro.
El desencanto y la frustración no pueden apoderarse de nuestros sueños, nos merecemos poder demostrar a nuestros ciudadanos todo aquello de lo que somos capaces. Recuperemos su confianza a base de esfuerzo y dedicación. Debemos aceptar nuestra condición humana para asumir y corregir errores pero con la certeza de que la inmensa mayoría somos personas íntegras con principios sólidos. Es cierto que la moral de nuestras tropas ha quedado diezmada y por eso ahora, con más empeño que nunca, debemos empoderar la esencia de la Policía Nacional. La excelencia de su trabajo, la valía indiscutible de sus integrantes, su vocación de servicio.
No podemos permitirnos desperdiciar todo ese talento y experiencia acumulados, sino focalizarlo en nuevos proyectos que nos ayuden a recuperar la magia de este gran equipo que conformamos todos.
Proyectemos nuestras miradas hacia un futuro esperanzador reinventando nuestro entusiasmo. Transformemos la realidad mediante una obra de ingeniería que restablezca nuestros cimientos desde el equilibrio y la serenidad. Como diría Antonio Machado en uno de sus poemas, “no todo se lo ha tragado la tierra”. Enarbolemos nuestra bandera con orgullo de pertenencia teniendo una fe acérrima en que volverán los tiempos de gloria. Porque somos guerreros y vamos a sacar a flote a nuestra Galaxia, convirtiendo esta crisis en una oportunidad de mejora.
Llevo más años como policía que como civil. Este Cuerpo me lo ha dado todo y por eso le debo todo. Mi vida ha transcurrido por su regazo, he crecido a través de su raigambre, he sido muy feliz involucrada por completo en conseguir sus objetivos, porque también eran (y siguen siendo) los míos.
Estas palabras son un canto a la esperanza de una Policía, sin categoría ni nombre conocidos, que se siente orgullosa de serlo. Un responso de agradecimiento a la Institución y a sus componentes, ese conjunto de mujeres y hombres, honorables y valientes, que deciden cada día seguir adelante, inasequibles al desaliento, para cumplir con la misión superior que les ha sido encomendada. Y lo hacen de forma anónima, sacrificando tiempo con sus familias, renunciando a muchas cosas aparentemente mejores y en ocasiones, arriesgando sus propias vidas para salvaguardar un interés superior.
Sé que mis palabras son sólo una gota en medio del océano, pero tenéis todo mi reconocimiento y admiración a vuestra destacada labor, y sé que hablo en nombre de la mayoría. Nada ni nadie va a conseguir enturbiar todo vuestro potencial, vuestra energía inagotable, vuestras ganas de cambiar el mundo.
Os invito a que, entre todos, sigamos avanzando con la generosidad que nos caracteriza, con la sensibilidad que nos mueve, hacia esa “tierra prometida” donde todos somos libres e iguales para servir a los demás con entrega, compromiso y la plena satisfacción del deber cumplido.
Os animo a validar nuestro esfuerzo personal y a construir un propósito compartido a través de una motivación que nos inspire a todos.
Buena suerte.






