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Invasión de narcolanchas en la Axarquía: persecuciones al límite, una seguridad que agoniza y la necesidad de refuerzos urgentes

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La escena se repite con una frecuencia que ya no sorprende a los vecinos de la Axarquía, pero que debería encender todas las alarmas institucionales. En apenas tres días, hasta seis narcolanchas han sido avistadas en las inmediaciones del puerto de Caleta de Vélez (Málaga), un enclave que se ha convertido en punto estratégico para las organizaciones criminales que operan en el Estrecho y que ahora expanden su radio de acción hacia la costa oriental malagueña.

El último episodio, la persecución de tres narcolanchas por parte de patrullas de Vigilancia Aduanera del Ministerio de Hacienda, vuelve a evidenciar que el fenómeno ya no es una anomalía, sino una dinámica consolidada. Las embarcaciones, de gran potencia y maniobrabilidad, se movieron con total impunidad en un espacio portuario que debería ser seguro, controlado y disuasorio para cualquier actividad ilícita.

Un análisis desde la seguridad: el narco se desplaza donde detecta debilidad

La presión policial en el Campo de Gibraltar ha obligado a las redes criminales a diversificar rutas y puertos, buscando zonas donde la presencia policial es menor o donde la coordinación institucional no está plenamente adaptada a la nueva realidad delictiva. Caleta de Vélez, con un puerto pesquero y deportivo de dimensiones moderadas, se ha convertido en un objetivo atractivo.

La aparición recurrente de narcolanchas en esta zona no es casualidad. Responde a tres factores clave:

  • Menor densidad de patrullas marítimas y terrestres respecto a otros puntos calientes del narcotráfico.
  • Infraestructura portuaria vulnerable, con accesos y áreas de maniobra que permiten entradas rápidas.
  • Capacidad de reacción limitada, especialmente en horarios nocturnos o en condiciones de mar favorables para embarcaciones de alta velocidad.


Reforzar Policía Nacional y Guardia Civil: una necesidad urgente

La situación exige una respuesta proporcional al desafío. No basta con actuaciones puntuales o refuerzos temporales. La presencia de hasta seis narcolanchas en tres días demuestra que las organizaciones criminales están testando la zona y midiendo la capacidad de respuesta del Estado.

Desde una perspectiva profesional de la seguridad, es imprescindible:

  • Incrementar patrullas de Policía Nacional y Guardia Civil, tanto en tierra como en mar.
  • Reforzar la vigilancia en el propio puerto, con controles dinámicos y presencia visible.
  • Mejorar la coordinación entre unidades marítimas, aéreas y terrestres, evitando que las narcolanchas encuentren huecos operativos.

¿Y si la situación escala? El papel del Ejército

España cuenta con un marco legal que permite la participación de las Fuerzas Armadas en misiones de apoyo a la seguridad cuando la amenaza supera la capacidad de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. No se trata de militarizar la costa, sino de activar recursos extraordinarios cuando la presión criminal lo requiera.

La presencia del Ejército —en labores de vigilancia, apoyo logístico o control de infraestructuras críticas— podría ser un elemento disuasorio de primer nivel si la situación continúa deteriorándose.

el narco avanza donde el Estado retrocede

Lo ocurrido en Caleta de Vélez no es un incidente aislado, sino un aviso. Las organizaciones criminales están ampliando su mapa operativo y buscan puntos débiles en el litoral andaluz. La respuesta debe ser firme, coordinada y sostenida en el tiempo.

La seguridad marítima no puede depender de la suerte ni de la capacidad improvisada de unas patrullas que ya trabajan al límite. Refuerzo policial, vigilancia integral y, si es necesario, apoyo militar: esa es la ecuación para recuperar el control y evitar que la Axarquía se convierta en un nuevo corredor del narcotráfico

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