
Hace apenas unos años, ETA dejó de asesinar. A los asesinos terroristas y a no le sale rentable hacerlo. Los tiempos han cambiado y su estrategia también.
Han dejado de asesinar por su interés estratégico, no por humanidad. Los asesinos aún viven y nunca se han arrepentido.
El verdugo de Tomás y Valiente fue Jon Bienzobas, conocido como ‘Karaka’, un joven de 25 años miembro del Comando Madrid de la organización terrorista, quien accedió al despacho del magistrado en la Universidad Autónoma de Madrid poco después de las 10.30 horas del 14 de febrero de 1996.
Antes del asesinato, el miembro de ETA estudió los movimientos del catedrático de Historia del Derecho. El día del asesinato, Jon Bienzobas se hizo pasar por un alumno para asestarle tres tiros que quedaron incrustados en la estantería que quedaba a la espalda de la víctima y que hoy en día se conserva en el sótano de la facultad.
El asesinato de Francisco Tomás y Valiente se produjo tan solo ocho días después de que ETA acabase con la vida del socialista vasco Fernando Múgica. El año 1996 estuvo enmarcado, además, en un recrudecimiento de la actividad del grupo terrorista: ETA secuestró al funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara; planeó atentar contra el entonces líder de la oposición, José María Aznar, e incluso tenía entre sus planes un atentado contra el propio rey Juan Carlos.





