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Un importante dispositivo policial integrado por números mossos d’esquadra han sido necesarios para detener esta mañana al rapero Pablo Hasel, condenado a 9 meses de prisión por el Tribunal Supremo. El individuo se encontraba desde el pasado lunes encerrado en el interior de la Universidad de Lleida, junto a un numeroso grupo de simpatizantes radicales. Ya está en prisión.

Sobre las 7 horas de este martes, los Mossos hacían acto de presencia en la Universidad con el propósito de llevar a cabo la orden de detención dictada por la Audiencia Nacional. Todos recordarán que el polémico rapero fue condenado por el Alto Tribunal a 9 meses de prisión por sus duras manifestaciones públicas contra la Corona, las fuerzas de seguridad y por sus acusaciones al Estado de “negar la asistencia médica” a una exmilitante del Grapo que murió en la cárcel.

Varios vídeos que circulan por las redes sociales grabados desde el interior del rectorado, muestran cómo medio de centenar de activistas, que aguardan junto al rapero la llegada de las fuerzas policiales, formaron barricadas y rociaron con extintores a los miembros del dispositivo. 

A tenor de los sucedido, estos reprochables comportamientos se encontraban más cercanos a la búsqueda de notoriedad que a acometer una resistencia efectiva a la detención, lo que explica la ausencia de heridos y detenciones. Por contra, el centro presenta importante daños en su mobiliario, puertas y ventanas. 

Especialmente llamativa es la imagen del Hasel entrando engrillegado a un coche patrulla de los Mossos, momento en el que aprovechó el foco mediático para gritar: “Muerte al Estado fascista”. Acto seguido fue conducido, entre fuertes medidas de seguridad, a la prisión leridana de Ponent.

Críticas desde dentro del Gobierno 

El ministro de Consumo, Alberto Garzón, ha criticado duramente la decisión del Tribunal Supremo aludiendo a “déficits democráticos graves”, mientras que la cuenta oficial de Podemos en Twitter ha publicado: “Todos aquellos que presumen de esta “plena normalidad democrática” y se consideran progresistas, deberían sentir vergüenza. ¿Se taparán los ojos? No hay progreso si nos negamos a reconocer los déficits democráticos actuales”.

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