Inicio Opinión Columnas Esto no se sostiene ...

Esto no se sostiene

Manuel Avilés*

Comparte ese artículo

Manuel Avilés*

Yo estuve con una mujer  -nunca hablo de mujeres, hay que ser un señor y no parecer un Espartaco Santoni cualquiera- que me acusaba de ser homófobo. Tengo muchos amigos mariquitas   – maricones en el lenguaje antiguo, cuando aún no nos habían secuestrado el vocabulario de Cervantes, de Quevedo, de Camilo José Cela, con los que me llevo como Dios, aunque nunca me haya acostado con ellos ni me piense acostar. No me gustan los tíos, he pasado años y años con los curas claretianos y ninguno me ha metido mano, como ahora se acostumbran a denunciar no sé para qué, cuando todo ha prescrito. En el colegio nos amenazaban con las “amistades particulares”. Todo el día tocando los cojones con eso y ahora yo creo que se referían al mariconeo, pero nunca, a mi alrededor vi ese problema. Lo más que vi, fue algún cura que tenía “enchufados” y los escaqueaba del estudio y ellos sabrán que hacían en esas escapadas. Pregúntenles y que respondan si quieren.

¿Por qué cuento esto?  Tengo un gran amigo, homosexual total, casado con Ramón, el zapatero de los famosos, al que quiero como se puede querer a una persona amiga, con la que jamás has entrado en harina ni él tampoco   -Insisto: no soy homófobo pero no me gustan los tíos- , o sea, al modo Salazar, ni al modo Tomé ni a ningún modo de decirle ¡qué culo tienes!  Tengo un amigo, que tiene un programa en Onda Cero, a su bola, a su rollo, que el mío es de literatura y el suyo de varietés, de fiestas, de hogueras, de modelos y de todo lo que esponja el alma humana. Ese amigo, zapatero prodigioso, no se crean que es ningún politólogo, ni sociólogo, ni educador social ni leches, ha escrito un libro muy interesante. Resumo que no me gusta reventar los libros de nadie: un tipo va a la mili  – ya no quedan hombres que hayan hecho la mili, que se comieran varios miles de chuscos, que se pegaran noches enteras al relente de guardia, ni que se la pelaran en las garitas pensando en la novia   – o en el novio como es el caso-. Este Miguelito Noguera, zapatero de los famosos, entra en la mili y empieza su aventura militar-erótica- festiva. Su experiencia sé que va a despertar a más de uno y más de cuatro y no digo más porque no puedo sacar a la luz  – Luz Sigüenza, musa, pibonazo, chica galáctica, dicho sea sin ánimo de acosar, es la que mueve, no a Miguelito , pero sí a mi- todo lo que se cuece en “Cuando el uniforme se convierte en piel”. Sé que va a ser un éxito y yo lo voy a llevar al “Quijote negro e histórico” para que su triunfo literario – me asombra que este zapatero escriba tan bien- sea total.

Bueno que andaba yo mariconeando con Miguelito, perdón yo no, los soldados de su libro y de pronto me salta un mensaje en el móvil. Esto de los móviles es una mierda, una esclavitud porque te despistan de cualquier tarea. Estás concentrado, creando un Quijote del siglo XXI y te pita el cacharro, lo coges y es una sudamericana que te quiere vender una línea móvil con no sé cuantos gigas, un colombiano que te habla de una pomada para ser un superhombre en la cama a los setenta años o una mística virgen y mártir que te quiere salvar afiliándote  a un movimiento nuevo que te garantiza el paraíso en la tierra. No digo nada de los que te ofrecen audífonos porque esos no cuentan y son dos mil cada día. Veo que alguien se ha chivado de mi sordera por defender a la patria, o sea, mi condición de  mutilado de guerra como tirador de cañón antiaéreo. Un héroe no reconocido.

Me pita el móvil y leo: ”Detenidos la fontanera del PSOE Leire Díez y el expresidente de la Sepi por presuntas irregularidades  en contrataciones públicas”.

Cómo se la cogen con papel de fumar los plumillas. Hay que poner siempre presunto antes de algo con tono de sirvengonzonería. Presunto. Y disfrazarlo sin decir palabras gordas que salgan en el código penal hasta que hay sentencia. Esto es lo que llaman principio de presunción de inocencia, que es lo que Montero  – una mujer que me encantaba pero ya menos- decía que nunca se ponía poner delante de la palabra de una mujer. Cuando hablan de contrataciones públicas, algo que los no versados en derecho tampoco entendemos muy bien, se refieren a adjudicar una millonada en contratos por hacer algo, y hacerlo por la cara y a un amiguete que ha soltado la pasta de la comisión que le han pedido los advenedizos que se han colocado en el puente de mando. Yo que sé   – presuntamente-los Ábalos, los Cerdán, los Koldos, los fontaneros  y todo el “sursum corda”-.

El caso es que un nuevo casi de corrupción  – presunta- le ha saltado a la cara al Presidente del Gobierno, un caso más que añadir a los de los últimos días con el asunto del acoso. Un tal Salazar que salía del aseo con la bragueta abierta, uno en Torremolinos o en Monforte de Lemos que tiraba tejos a donde creía que podía y las señoras se han acabado cabreando.

¿Qué podemos hacer ante tanta situación esperpéntica que le salta a la cara al Gobierno si además no se sostiene en el Parlamento porque tiene presiones  – siempre pidiendo algo a cambio?  Los partidos no tienen  ninguna ética, ni práctica ni política que no sea mantenerse en el poder y, cuando huelen elecciones – léase Podemos, Sumar, PNV, Esquerra, Bildu, Junts o quien sea- empiezan a distanciarse para distnguirse y pedir el voto, argumentando que ellos no tienen nada que ver con quien está mandando y  que su proyecto es distinto. Por eso ha habido, hasta ahora, un grupo de socios total y absolutamente interesados, sacando provecho de sus votos   – vean el desguace de las competencias del Estado, De Manuel, míralo que está clarito- que en estos momentos, porque huelen elecciones se miran de reojo y se hacen los tontos, diciendo: Yo, con este  – o sea, Sánchez- no tengo nada que ver, vótenme a mi que soy distinto y voy a hacer otras cosas.

Ahí tenéis el juego de la política  – no hace falta ser polítólogo, solo leer un poco a Maquiavelo cuando habla en El Principe del acceso y el mantenimiento del poder- que no es otro, sino pillar sillones y convencer a la plebe  – todos somos plebe- de que con ellos vamos a estar mejor que con ningún otro. Vamos a estar mejor aunque los precios nos agobien  – vayan a Mercadona y fíjense, cojones-, aunque los niños no se vayan de casa ni echándolos con agua caliente, aunque a los abuelos nos manden a la mierda con nuestros tratamientos caros ante achaques que nunca antes tuvimos, ya saben: los seguros. Tú  pagas y ningún problema. El problema surge cuando exiges y lo que exiges vale un pastón, entonces viene un CEO guaperas, joven, sano,  al que aun la próstata no le da ruido y dice que lo que hay que mirar es la cuenta de resultados. #mecagoentoloquesemenea.

Manuel Avilés, escritor y director de prisiones jubilado, columnista de h50 Digital

 

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí