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Equiparación salarial y dignidad profesional: una deuda pendiente con la Guardia Civil

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Por Ernesto Vilariño, secretario general de JUCIL

La reciente Cumbre de la ONU celebrada en Sevilla ha vuelto a poner de manifiesto una realidad tan injusta como persistente: la existencia de policías de primera y de segunda en nuestro país. Mientras los agentes de la Policía Local de Sevilla percibían dietas de hasta 720 euros diarios por su participación en el dispositivo de seguridad del evento, cada uno de los guardias civiles y policías nacionales de las unidades desplazadas de toda España a la ciudad apenas recibían 77 euros al día para alojamiento y manutención. Además, en muchos casos ni siquiera se les adelantó, obligándoles a cubrir de su bolsillo los gastos más básicos de alojamiento y manutención.

Esta diferencia no es solo un agravio económico. Es una humillación institucional. Es la constatación de que quienes garantizan la seguridad de todo el territorio nacional, quienes patrullan nuestras fronteras, quienes se despliegan en zonas rurales cada vez más despobladas y con menos efectivos, siguen siendo tratados como servidores públicos de segunda categoría.

Desde 2018 existe un acuerdo de equiparación salarial que, en teoría, debía igualar las retribuciones de la Guardia Civil y la Policía Nacional con las de los cuerpos autonómicos como los Mossos d’Esquadra o la Ertzaintza. Sin embargo, siete años después, esa equiparación sigue sin completarse. La diferencia salarial puede superar los 10.000 euros anuales. Si a eso le sumamos que seguimos siendo el cuerpo que más horas trabaja al año por el mismo sueldo, sin que se reconozca plenamente nuestra labor como profesión de riesgo, la situación se ve mucho más agravada.

Este problema es especialmente crítico en el ámbito rural. La Guardia Civil es el único cuerpo policial presente en miles de municipios donde ni siquiera hay policía local o autonómica. Y, sin embargo, cada año contamos con menos efectivos. Las ofertas de empleo público no cubren ni la mitad de las necesidades de reposición, lo que obliga a redoblar esfuerzos, asumir más turnos y cubrir más territorio con menos medios.

A esta precariedad durante la vida laboral en activo de un agente de la Benemérita se suma otra injusticia: nuestras jubilaciones. Mientras que los policías autonómicos pueden retirarse a los 59 años cobrando el 100 % de su pensión, un guardia civil debe esperar hasta los 65 y, aun así, sufre recortes de hasta 900 euros mensuales. La diferencia acumulada en la pensión de un guardia civil respecto a un mosso puede superar la inexplicable cifra de 68.000 euros a lo largo de su jubilación.

Volviendo al tema inicial, durante la Cumbre de la ONU, nuestros compañeros han tenido que soportar jornadas de más de 13 horas bajo temperaturas extremas, sin zonas de sombra, sin agua suficiente o con comida en mal estado, además de tener que alojarse en lugares donde no se cumplían las condiciones mínimas de higiene y salubridad, mientras que los representantes políticos disfrutaban de toda clase de comodidades en lujosos hoteles y banquetes en el Alcázar. ¿Es esta la imagen que queremos proyectar al mundo?

Desde JUCIL, la asociación profesional mayoritaria en la Guardia Civil, sólo pedimos que se trate a los agentes de la Benemérita con la misma dignidad que al resto cuerpos policiales, se lleve a cabo esa equiparación real que establece la ley con los cuerpos autonómicos; que se realice una actualización inmediata de las dietas, congeladas desde 2005; que el sistema de jubilación se dignifique y adapte al que tienen otros cuerpos policiales españoles; que los medios humanos y materiales se adecuen a las necesidad para ejercer nuestra profesión con la máxima eficacia y eficiencia y, por supuesto, que esta obtenga el reconocimiento del riesgo.

No pedimos privilegios. Pedimos justicia. Pedimos respeto. Pedimos que se valore el trabajo de quienes, con vocación y sacrificio, garantizan la seguridad de todos los españoles, sin importar el color político ni la comunidad autónoma.

Porque no hay seguridad de primera y de segunda. Solo hay una: la que se construye con compromiso, profesionalidad y dignidad.

 

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