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Entre la estupefacción y la vergüenza ajena

Manuel Avilés

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No sé si, cuando publiquen este artículo, Zapatero habrá comparecido ya ante el Juez Calama. Ardo en deseos, porque hoy todo se filtra, ardo y me consumo, en deseos de conocer el contenido de sus comparecencias. Hoy se filtra todo. Lo dijo Jesús de Nazaret hace dos mil años advirtiendo sobre la hipocresía: “lo que habéis dicho en las tinieblas, se oirá a la luz. Lo que habéis dicho al oído en una habitación, se proclamará en las azoteas”.

Setecientas veces, por lo menos, he dicho y escrito  – lean “De prisiones, putas y pistolas y Cuarenta años de cárcel, sin redención”- que las grabaciones ilegales hechas por mi en Nanclares, que supusieron un golpe fundamental a ETA – treinta y tantos años en silencio hasta la prescripción del delito, con una gran diferencia: lo hice solo por mi cuenta y riesgo, no cobré ni una peseta, no me dieron ni media medalla de oro y pensionada, aunque el CSID de entonces afirmaba y proponía que tendrían que  darme un chalet en la República Dominicana y quinientas mil pesetas al mes hasta el resto de mi vida por ese logro. Ellos, el coronel Ugarte hasta me daba el pésame por adelantado, sabían que ese chalet y esa pensión suculenta iban a durar muy poco porque, a pesar de mis muchos escoltas. No iban a tardar mucho más de seis en limpiarme el forro.

Aquellas grabaciones   -Leire y sus colegas no lo sabían por eso les he dicho por escrito y con publicidad que son una especie de Mortadelo y Filemón entreverados con Torrente-  hoy no habrían podido hacerse, por mucho que al Estado le hicieran falta como el comer, porque el primer día que apareciera el equipo electrónico  a colocar los elementos imprescindibles, los habrían sacado en las redes, en los móviles, en Facebock y en todos los otros ingenios chivatos que desconozco, cosas de la vejez, Instagram y otros mil. No cobré una mierda  – salvo mi sueldo de funcionario con el IRPF descontado- y la única gratificación fue el abandono de mi novia – a la que mil  veces le he deseado toda la suerte del mundo en su recorrido-. Tan pronto veían el Nissan Patrol de la Guardia Civil en la puerta o el Citroën blindado de la policía, me dejaban todas. Tiene que ser mi sino, porque ahora no tengo escolta, y la mujer soñada, la encarnación del ideal de belleza, la de sonrisa contagiosa, aquella en la que, tener la cara y la cabeza entre sus piernas, era estar en el Paraíso terrenal. También me ha dejado, es lo que tiene ser viejo y feo.

Me reafirmo, el Paraíso Terrenal está entre sus piernas y no donde dicen los ayatollás, los pastores, los curas y hasta el Papa en sus arengas retransmitidas “Urbi et Orbi”. Yo sé donde está porque he estado en él y vosotros no. Imposible andar con ninguna otra, paraísos todos de tercera división, cuando el campeón mundial es ella. Lo sabes, amor: estoy durmiendo sin ti y contigo sueño, una noche detrás de otra, porque mi casa, sin ti es una emboscada, el pasillo de  un tren de madrugada… y no sigo que me amontono.

Voy a dejarme de batallas de abuelo cebolleta, enclaustrado en mi cenobio, cuando la diversión más desatada que tengo, en mi condición de cisterciense o de cartujo, es el rezo de maitines antes de comenzar a escribir cuando empieza a amanecer. De Manuel, sanchista. Lo tenéis muy mal   – y lo siento porque, hasta hoy, jamás he votado al PP-. He contado varias veces cómo conocía a Zapatero en León cuando él no era nadie. Siempre me pareció u hombre simple pero honrado. Me creí aquello de ”ser socialista es tener muy poco y estar dispuesto a dar mucho”. Ahora no me lo creo.

En mis muchos años de cárcel   – acordaos por ejemplo del caso Naseiro, De Manuel, que esto era del PP- siempre he visto que cuando uno está “pillado por los cojones”, se busca la vida y la salvación contratando a un abogado procesalista. El manual de Procesal de Moreno Catena lo estudiaba yo, sin ningún aprovechamiento, en la Universidad de Alicante, a finales de los ochenta.

Zapatero, que al principio del gran jaleo de sus joyas y sus manejos como asesor en el Caribe, salió a dar explicaciones en su jardín afirmando que daría cuenta puntual de todo. Nada más hacerse cargo un abogado sabio, desapareció del mapa.

En mi calidad de anciano desocupado, vago y ocioso, leo cada día todos los periódicos. Cuando termine el último libro que estoy escribiendo: “Yo soy el asesino”, solo haré eso en lo que me quede de vida, que es muy poco: leer periódicos, no escribir nada más y releer a los clásicos. De Cervantes a Cadalso. De Quevedo a Maurice Joly y de Cela a Voltaire. Parafraseando al gran García Márquez, ahora que no tengo que interrumpir mi educación para ir a ninguna escuela, podré disfrutar en otro paraíso menor, en un llano interminable, árido, solitario y luminoso, porque el Paraíso terrenal, de verdad, solo está y se vive intensamente cuando la cabeza se sitúa entre sus piernas.

Volvamos al argumento, que se me va la olla: leyendo mil periódicos, veo que Zapatero prepara esgrimir la prescripción del “asunto joyero”, de las joyas de los Romanov como parecen. A ver si ahora, también, busca la prescripción Santos Cerdán  de su orden al Psoe – que afirma la Udef- de pagar los viajes de la militante de base Leire. ¡Ayyy señor. Llévame pronto!

Desde mi analfabetismo jurídico – además de otros- me acuerdo otra vez de los etarras. A De Juana Chaos y a los abogados Zulueta y Gorostiza, los pillan en Meco planeando matarme. Vale, los he perdonado. Cuando van a la Audiencia Nacional, esgrimen la invalidez de las cintas, pero no entran al fondo del asunto que era la conversación mafiosa: “esto no se arregla con una cartita   – explosiva, se entiende- que desactivan en el patio”.

Si Zapatero  – jamás lo compararé con esta gentuza- porque me da pena que se le hayan ido los principios por el desagüe y hay entrado en joyas y billetes, presuntamente. Si Zapatero no entra al fondo del asunto y se queda en dificultades y argumentos procesales, esto me huele fatal. De ahí el pánico que hay en Ferraz y que se contagia a la Moncloa y hasta a las subdelegaciones del gobierno de provincias.

En la política, desde Naseiro hasta hoy, no vale decir que el delito ha prescrito, sino que hay que demostrar que no se cometió y mucho más cuando hay tanto dinero por en medio, cuando estamos hablando de delitos ligados al poder que son muestra de una clara corrupción que nace y pervive en el poder, que hacen buena y verifican la famosa frase de Montesquieu, el poder corrompe.

Evidentemente no digo  -me ha llamado el gran amor del que he hablado y me ha descuadrado, me ha saltado el corazón del pecho y no sé si seré capaz de hilar medio argumento-, no digo que los abogados defensores no se preocupen de ver si los volcados de conversaciones garantizan la verdad de las mismas sin interferencias, se preocupen de las cadenas de custodia. No entro en esas cuestiones jurídicas básicas. Entro en que las gentes que no robamos, que no entramos en componendas pseudomafiosas para enriquecernos, que no aprovechamos la estancia en el poder o la cercanía a él para hacernos millonarios. Las gentes que solo tenemos una vivienda, o que incluso no pueden acceder a ella, queremos estar seguros de que quienes nos dirigen, quienes nos mandan, no aprovechan esas situaciones para vivir como el maharajá de Kapurtala, mientras los demás vivimos contando y temiendo cada recibo, cada factura por avería del coche o cada proyecto educativo o académico del niño que andamos intentando sacarlo adelante. Un político, cualquiera, no puede ser un ser privilegiado en su existencia cuando, desde el primer día en que se “metió en la política” pregonaba que buscaba solo el bien de sus ciudadanos.

Manuel Avilés, escritor y director de prisiones jubilado, columnista de h50 Digital

 

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